
Hoy el fuego se ha convertido en el protagonista de nuestra vida y sin embargo no somos capaces de entender lo mal que lo estamos haciendo con nuestro entorno. Echamos la culpa a ese tan manido «cambio climático» por referirnos a algo y llegar a salir airosos de nuestro laberinto de confusión. Nada más absurdo que contemplar como algunos se proclaman hacedores de sus sabias palabras mientras no tienen ni un ápice de idea de lo que está ocurriendo. Hoy el bosque vive su agonía frente a nuestros ojos pero apenas nos damos cuenta de que es el hombre el que lo está matando. Esa reacción del campo contra su maltrato, desprecio y falta de cuidado nos avisa y nos advierte. Su soledad es enorme porque apenas tiene animales que lo conserven. Parece que todo sobra en esa limpieza política que los gobiernos ensalzan, pero que ninguno es capaz de reflexionar sobre ello. Hoy coger una flor en el campo es un delito. ¿Dónde estamos? Apenas tenemos noción de ello y cada vez nos van cercando las vallas de esa contención absurda que lo único que pretende es arrebatarnos nuestra herencia natural ¿Con qué fin? Elucubraciones y remedios caseros nos invitan a pensar y nos llegamos a estremecer de las conclusiones a las que podríamos llegar. En un mundo donde la comunicación se ha perdido, donde nuestros representante no son capaces de responder a nada procurando en cada actuación la prohibición de preguntas es alarmante. Las antorchas que hoy deambulan por nuestros campos, montes y pueblos nos lo están diciendo claramente que España se quema y no hay respuesta para ello. Quizás muchos celebren todo esto a pesar de que todos pisamos el mismo suelo.