
No podemos tapar al sol con un dedo ni tampoco ocultarnos de él. La transparencia es un nombre muy manido en los últimos tiempos cuando nos desborda el oscurantismo de muchos y las chapucerías de otros tantos. Mercadillos de pueblo y corralas de ciudad que van de boca en boca por los pasillos de las instituciones sin el menor recato y menos aún sin el mayor respeto a la ciudadanía. Cochambrosos discursos y pura rutina de quienes se creen invencibles teniendo ya un pie por debajo del andén. Héroes a la fuerza que nos imponen sus superiores y que en realidad carecen de ese punto hasta donde un político es capaz de convencer aun a sabiendas de que él mismo no se lo cree. Dejémonos de historias, de avatares y de sinfonías que suenan bien. ¿España tiene un problema? Si. Estamos frente a una verdad como un día de fiesta, pero quienes son capaces de llegar y de llenar ese vacío institucional, político y sobre todo humano deben dar un paso adelante. De los que están bien pocos llegarían al aprobado. Nada se esconde bajo el sol señores y la respuesta está ahí. Que se descubran los que de verdad aman a su país o de lo contario ya no podremos caminar sobre los pasos andados porque será demasiado tarde. Tal vez sea el momento de dejar al pueblo que elija, en listas abiertas a aquellos que deberían representarnos.