Tiempo de espera

Ya no nos gusta esperar por nada. Todo tiene que ser de inmediato como si algo estuviése detrás de nosotros azuzándonos con una vara. Pero el tiempo necesita de su tiempo para poder existir y por mucho que nos pongamos a la tarea jamás se rendirá frente a nosotros. Es tiempo de espera porque la madeja de los dos últimos años vividos está enmarañada y no es posible avanzar en su camino hacia el resultado final del trabajo. Queremos saber más de todo y nos precipitamos por los conductos más oscuros e inseguros de la vida y además nos enorgullecemos de ser así. ¿Dónde queremos llegar con esa velocidad efímera que lo único que nos hace frenar un poco son las arrugas del rostro? Y además también buscamos esa eterna juventud cuando ya se ha quedado a años luz de nuestra actual realidad. Tiempo, el enemigo del hombre para todo y en todas las eras de la humanidad que nos cuestiona una y mil veces la nula capicidad que tenemos para frenarlo. Vivimos un tiempo de espera en un mundo de agitación constante contra el mismo hombre y su entorno. Ojalá todo fuese tan sencillo como apagar una vela o intentar que la curiosidad de un niño mirase hacia otro lado para no caer en las garras de lamentables y dañínos experiencias.

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