Urgencia social

Quizás mucho de nosotros hayamos pensado ¿cuándo podremos gozar de esa libertad que no se compra ni se cuestiona? La noria que mueve hoy nuestro mundo sigue sin dejar de subir y bajar hanciendo en nuestra sociedad una mella casi irrecuperable. La tristeza viajará hoy gratis por las ciudades que, a día de hoy se convertían en bulliciosas reuniones entre familias y amigos pero solo escuchamos silencio e incertitumbre. Algunos intentan engañarse frente a la realidad que supura por todos los lados desazón, ansiedad y desconfianza porque ya se nos antoja gris la visión de un tiempo «irrecuperable» al que hemos ido dando muy poco valor. Correr por la playa respirando esa libertad que hoy es concertada con una serie de restricciones haciéndonos cada vez más vulnerables frente a las ilusiones, los proyectos y todo aquello que hasta hace escasamente dos años era nuestra razón de vida. La urgencia social no depara en clases ni tampoco en proyectos de ley. No está vinculada a ningún partido político ni tampoco a ninguna lengua. Mientras el mundo convulsiona frente a los contagios de esta pandemia otros buscarán una razón para seguir adelante ante la falta de implicación de los gobiernos. ¿Es ésta la verdadera humanidad? No, tal vez estemos frente a una emergencia sin precedentes y a la que muchos le están volviendo la cara.

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