En busca del Gran Azul

Apenas los almendros comenzaban a florecer en los senderos del Teide Lolo preparaba su último viaje en busca del Gran Azul para encontrarse con ese lugar maravilloso que había estado observando desde el patio de su casa. Sabía que tenía que marchar y esperó a que su querido amigo Pedro le tomara entre sus manos una vez más y le dejara ir más allá de la distancia pero no más lejos de su corazón. Iba a estar siempre con él igual que lo había hecho todos estos años cuando más lo necesitaba, dándole su compañía y ese piar fuerte que a todos llamaba la atención. Arropado por su inmenso cariño se entregó a su nuevo despertar ofreciédole el mayor de sus regalos, su último aliento. Y viajó con sus alas de colores sobre las montañas de Tenerife en busca del mar y encontró al cielo sobre sobre su cabeza que le envolvió con ternura. Cuando observemos el paisaje siempre veremos a Lolo en nuestro recuerdo. Estará ahí, en cada flor de almendro y también en cada gota de lluvia porque el despertar a esa nueva vida ya es suyo para siempre. ¡Felíz viaje compañero!

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