
Las personas que eluden los comportamientos morales que deben a la sociedad y más aun a aquellos que más cerca están de ellos. No aceptan el verse comprometidos a subsanar sus errores. Porque los errores los cometemos todos y existen innumerables formas de dejar esos comportamientos hacinados en nuestra memoria y que por supuesto nos hacen mucho daño. Somos los dueños de nuestros actos y también de nuestras decisiones pero parece que todo lo sabemos y de todo lo que no nos gusta podemos escapar llevándonos por el medio mucho dolor y frustración. Un compromiso moral no solamente es un lazo que nos une a alguien, es el valor que concedemos a quienes están a nuestro lado y que por nada nos harían daño. Es como andar por las extensas praderas y encontrarnos de repente una puerta cerrada sin justificación. Sin identidad. Dejando tras de ella todo lo que había y ya no hay. Todo lo que era muy importante y, sin motivo aparente frustra toda la relación entre ambas personas. Puede ser que dicho impedimento sea por una amenaza, aislamiento o imposición de algo que no garantiza una felicidad o un compañerismo. Somos víctimas de esa «moralidad» relativa donde no existe nada y desde donde jamás podremos volver por el camino. La puerta está cerrada.