
La vida es como un pentagrama donde las notas suben y bajan con nuestros estados de ánimo. Siempre de la mano de los recuerdos intentamos crear una sinfona con nuestros momentos más dulces y también con nuestros fracasos. No hay realidad sin tiempo ni tiempo sin recuerdos. Todo se guarda y todo se conserva en el perfecto rincón, en la alhacena escondida que tiene la llave de esa privacidad innata que hace al ser único y auténtico. «Ser auténtico tiene un coste, pero también una recompensa». (Herman Hesse)