Noche de blanco satén

brilla la luna

Brilla la luna.

El blanco invierno se ruboriza en las montañas. Aún es temprano para deslizar su cabellera sobre los cauces de los ríos y los tejados de pizarra de las casas. Entrar en el bucle de escarcha de las nubes o sincronizar las sintonías de la lluvia al caer. Todo bajo la mirada atenta de la luna en medio de ese lienzo de satén sobre el cual duermen las estrellas. Noches blancas y mañanas aún soleadas en  de  un otoño que se escurre por las grietas de los troncos de los árboles y sucumbe ante la mirada ocre de unos campos casi aletargados. A lo lejos se escucha el cascabeleo de algún rebaño y en los bordes de los caminos se desmayan las florecillas con la escarcha de los amaneceres. Todo es creación. Y la luna se complace en mostrarse con su mejor textura para fijar esos instantes en el tiempo que irán marcando los ciclos de nuestra vida.

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