Horizonte

DSC00606No podemos vivir para nosotros mismos. Miles de fibras nos conectan con otros semejantes y en esas fibras, como hilas ruinas son a menudo las que abren las ventanas para ver el cielo. los compasivos, nuestras acciones generan causas y regresan a nosotros como efectos. Las ruinas son a menudo las que abren las ventanas para ver el cielo ya que la vida sin sentido es como una muerte prematura. Cada día descubrir lados oscuros en nuestra convivencia con los demás pero no por eso debemos de dejar de asomarnos a contemplar el paisaje que se extiende frente a nosotros. Siempre encontraremos una pincela de luz en medio de la desolación. Atravesar fronteras es hacerse a sí mismo cada día y por mucho que se interponga en nuestra búsqueda al fina hallamos lo que buscamos. Hacer oídos sordos y mirar hacia otro lado no nos dará más fortaleza, solamente que irá pudriendo nuestro interior donde al final no seremos reconocidos ni por nosotros mismos. Horizontes abiertos a todos porque cada uno de nosotros tenemos por derecho el nuestro y nadie ni nada nos lo puede arrebatar. El aislamiento no hará que se nos destruya, todo lo contrario. Donde exista una ventana a la luz siempre se gozará de esa compañía que emerge de la conexión con otros y nuestro afán de llegar donde ese horizonte nos indique. No hay necesidad de templos, no hay necesidad de filosofías complicadas. Nuestro propio cerebro es nuestro templo.

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