LUMINARIAS

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Entramos en la semana de las luces, de los adornos y sobre todo de las ilusiones. Muchos son los que se acercan a esos mercadillos de artesanía y otros por el contrario prefieren la sofisticación de las cenas de empresa y la vorágine de los centros comerciales. Todo es lo mismo cada año con la particularidad de que ya cada años no somos los mismos pero tratamos de inventar  el brebaje que nos mantenga siempre igual. El calor de estas fiestas es un calor a plazos, porque el hilo conductor de su esencia se ve alterado por las circunstancias. Hubo un tiempo en que había un aroma distinto en las calles y tras los cristales de las tiendas se vivía en una  magia que bullía y las sensaciones se sentían con mayor intensidad. Todo se prepara para contemplar la luz de esas luminarias que nos proporcionen un pedacito de suerte entre las bolas de la Lotería. Un encuentro con los seres queridos y un recuerdo para aquellos que no están, pero que siguen siendo los protagonistas de nuestra historia como los cipreses traídos desde las montañas y que con solo mirarlos les sentimos cercanos a nosotros. Nubes de algodón  empapadas de estrellas y abrazos de lana sumergidos en buenos deseos. Y es que todo ocurre cuando las luminarias se encienden y las sonrisas de los niños conquistan parques y avenidas. Foto cedida por Josefina Fernández en su reciente viaje a la ciudad de Perpignan, sur de Francia.

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