N de narices

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Olfateando el suelo.

Ya nos cuesta creer todos esos conceptos y palabras reinventadas y manoseadas para convencernos de una realidad que ya no existe. Nada se escapa al ojo del hombre y menos aún cuando las necesidades acucian y las ilusiones se deshacen. Lejos de la realidad no hay nada porque el futuro es hoy y la realidad que intentan vendernos es otra muy diferente. De que nos sirven las tiritas para remendar el tremendo agujero. Narices y muchas otras cosas habrían de adquirirse si lo que realmente deseamos es hacer las cosas bien para todos.  Bajar del entresuelo a la dura calle es difícil cuando se ha conseguido un nivel de comodidad envidioso. Meter la cabeza bajo el agua o bajo el ala no solucionan los hechos mal construidos sino que los agranda mucho más. No es el momento de convencer sino de esperar que dirán de nosotros. Las palabras cuentan, los papeles describen, las faltas salen a la luz mientras los líderes se secan y la utopías se pudren. No busquemos más donde todo está rascado. Donde no existen razones para creerse lo que ya no es. Dicen que el tiempo lo cura todo, esperemos que sea así. El cambio continúa y las nuevas ideas fluyen. Las cabras deben vivir en libertad y felices, cometiendo sus propios errores y aprendiendo de ellos. Pero hay que tener narices para todo esto y decir “no puedo más” y no desgastar esa línea de continuidad que hace emerger a una nación por el simple hecho de proclamarnos “quijotes”.

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