«TIEP», estar en contacto

«Camina como si estuvieses besando la tierra con los pies» . Es bueno hacerse esta reflexión de vez en cuando. ¿Cuántas veces hemos ido por el mundo sin apenas percibir que todo el peso de la naturaleza está bajo nosotros. La Madre Tierra es la mayor muestra de ejemplaridad que nos ha regalando la vida. Esa cualidad de ser ejemplo para todos. Manifiesta su conducta sabia y elocuente frente al comportamiento de las personas. Influye en nosotros como el docente que influye positivamente en sus alumnos sacando de ellos lo mejor. Esa virtud natural de crear los cimientos que toda persona necesita transformando los malos hábitos en lecciones de prosperidad. Porque como dicen «la naturaleza es sabia«. Y qué poco sabemos . Solamente nos asusta cuando convulsiona contra nuestros malos hábitos y nuestro poco respeto hacia ella. El cambio climático se abandera hoy como algo de lo que muchos se enriquecen mientras que otros no son capaces de sentir la propia tierra bajo los pies. El libro de la naturaleza está abierto día y noche y la tierra procura hacer bueno lo que ya está destrozado. Una tarea difícil porque el hombre no admite lecciones. El saber no se compra, solamente se aprende. Desde lo más remoto e inaccesible hasta aquello que jamás nos hemos parado a contemplar. Como bien dijo Sócrates; «No puedo enseñar nada. Sólo puedo hacerles pensar» Y de eso estamos a años luz de la verdad y el compromiso.

Hace tiempo leí algo que me inspiró a pensar en la ejemplaridad de la Madre Tierra. «Un día me fui al bosque porque quería vivir deliberadamente, enfrentarme a los hechos esenciales de la vida y aprender lo que ésta tenía que enseñarme para no descubrir, al morir, que no había vivido» . Henry David Thoureau.

Caperucita Roja

¿Cuántos de nosotros disfrutamos en su momento con la tierna historia de Caperucita Roja? El escritor Charles Perrault nos versionó dicha historia que incluyó en un volumen de cuentos dedicados a niños- Pero su narración fue muy desgarradora y fuerte. Más tarde apareció otra versión escrita por los hermanos Grimm en la que se dulcificó dicho contenido dando una ejemplar enseñanza frente a los peligros que podemos encontrarnos en nuestras decisiones, en nuestras aventuras. Dichas narraciones me hacen hoy recordar lo cerca que nos encontramos de dichos escritores a pesar de los años transcurridos. ¿Existe Caperucita Roja en nuestra sociedad? A modo de comentario yo diría que sí, solamente que de otra manera. Las redes sociales vuelven a ser como la cestita que portaba Caperucita Roja y llevaba a su abuela que estaba enferma. Todo lo que un joven o un niño desearía tener. Disfrazada de promesas y de sueños realizables se abren frente a nuestras pantallas creando un mundo maravilloso para aquellos que buscan llenar su existencia, conseguir su sueño y viajar a mundos pocos conocidos. ¡Ahí está el lobo!. En esos mundos conocidos al que se accede sin que tus padres lo sepan. Sin que tu experiencia de la vida te sirva de coraza y tu frágil situación frente a lo desconocido te haga caer. Muchos de los que fueron víctimas de estas «Caperucitas» se sienten arrepentidas. Otros por desgracia no llegan a tanto porque se perdieron en el camino a la casa de su abuelita. Muchos de los que dicen que no creen en los cuantos se convierten en los mayores analfabetos. ¿Por qué no dejar que la experiencia de la vida nos enseñe lo que es realmente la mayor experiencia sin pantallas ni redes sociales?

El movimiento del mar.

La libertad es como el movimiento del mar. Consiste en hacer todo lo que no perjudique a los demás. Vivimos entre los sórdidos canales de políticas dictatoriales donde el liderazgo está agazapado por el miedo y la confusión y donde las democracias se disfrazan para engañar como arma arrojadiza la que nadie tira pero todos empuñan. Libertad que tienen los hombres de obrar de una manera o de no obrar por lo que será responsables de sus actos. En los sistemas democráticos es el derecho del valor superior a la libre determinación de las personas. Aquellos que juegan a ser emperadores solapando sus impulsos de enriquecimiento y haciéndose con el dominio de las personas mediante el miedo y el engaño. «El mar es perfecto, no importa la estación del año que sea»