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Acerca de HANAH VALENTÍN

Escritora.

Un instante encantador

Que sólo se queda el hombre cuando intentamos sumergirnos en esos reductos tecnológicos que más que abrazar separan. Separan nuestra manera de ser de la que hemos tenido siempre. Separan a las personas que ya no sienten la compañía de un rato de charla por un mensaje frío desde el otro lado de una calle. Una calle poblada de muchas personas como nosotros. El diálogo, la pregunta directa o simplemente un gesto de alegría o asombro que podría arrancar hasta una sonrisa en la persona que tenemos delante. Ese momento, ese instante tan especial que se ha diluido de toda relación humana. Por desgracia muchos animales llegan a relacionarse más que nosotros. Hoy mientras la calles se visten de color y música por las carnestolendas quizás se produzca algún contacto más natural entre los partícipes pero como flores de un día quedarán solo en el recuerdo. Ese instante tan especial es que podemos procurar que sea algo que nos incite al comienzo del cambio. Al valor de la palabra y al contacto cálido entre las personas.

«TIEP», estar en contacto

«Camina como si estuvieses besando la tierra con los pies» . Es bueno hacerse esta reflexión de vez en cuando. ¿Cuántas veces hemos ido por el mundo sin apenas percibir que todo el peso de la naturaleza está bajo nosotros. La Madre Tierra es la mayor muestra de ejemplaridad que nos ha regalando la vida. Esa cualidad de ser ejemplo para todos. Manifiesta su conducta sabia y elocuente frente al comportamiento de las personas. Influye en nosotros como el docente que influye positivamente en sus alumnos sacando de ellos lo mejor. Esa virtud natural de crear los cimientos que toda persona necesita transformando los malos hábitos en lecciones de prosperidad. Porque como dicen «la naturaleza es sabia«. Y qué poco sabemos . Solamente nos asusta cuando convulsiona contra nuestros malos hábitos y nuestro poco respeto hacia ella. El cambio climático se abandera hoy como algo de lo que muchos se enriquecen mientras que otros no son capaces de sentir la propia tierra bajo los pies. El libro de la naturaleza está abierto día y noche y la tierra procura hacer bueno lo que ya está destrozado. Una tarea difícil porque el hombre no admite lecciones. El saber no se compra, solamente se aprende. Desde lo más remoto e inaccesible hasta aquello que jamás nos hemos parado a contemplar. Como bien dijo Sócrates; «No puedo enseñar nada. Sólo puedo hacerles pensar» Y de eso estamos a años luz de la verdad y el compromiso.

Hace tiempo leí algo que me inspiró a pensar en la ejemplaridad de la Madre Tierra. «Un día me fui al bosque porque quería vivir deliberadamente, enfrentarme a los hechos esenciales de la vida y aprender lo que ésta tenía que enseñarme para no descubrir, al morir, que no había vivido» . Henry David Thoureau.

Caperucita Roja

¿Cuántos de nosotros disfrutamos en su momento con la tierna historia de Caperucita Roja? El escritor Charles Perrault nos versionó dicha historia que incluyó en un volumen de cuentos dedicados a niños- Pero su narración fue muy desgarradora y fuerte. Más tarde apareció otra versión escrita por los hermanos Grimm en la que se dulcificó dicho contenido dando una ejemplar enseñanza frente a los peligros que podemos encontrarnos en nuestras decisiones, en nuestras aventuras. Dichas narraciones me hacen hoy recordar lo cerca que nos encontramos de dichos escritores a pesar de los años transcurridos. ¿Existe Caperucita Roja en nuestra sociedad? A modo de comentario yo diría que sí, solamente que de otra manera. Las redes sociales vuelven a ser como la cestita que portaba Caperucita Roja y llevaba a su abuela que estaba enferma. Todo lo que un joven o un niño desearía tener. Disfrazada de promesas y de sueños realizables se abren frente a nuestras pantallas creando un mundo maravilloso para aquellos que buscan llenar su existencia, conseguir su sueño y viajar a mundos pocos conocidos. ¡Ahí está el lobo!. En esos mundos conocidos al que se accede sin que tus padres lo sepan. Sin que tu experiencia de la vida te sirva de coraza y tu frágil situación frente a lo desconocido te haga caer. Muchos de los que fueron víctimas de estas «Caperucitas» se sienten arrepentidas. Otros por desgracia no llegan a tanto porque se perdieron en el camino a la casa de su abuelita. Muchos de los que dicen que no creen en los cuantos se convierten en los mayores analfabetos. ¿Por qué no dejar que la experiencia de la vida nos enseñe lo que es realmente la mayor experiencia sin pantallas ni redes sociales?

El movimiento del mar.

La libertad es como el movimiento del mar. Consiste en hacer todo lo que no perjudique a los demás. Vivimos entre los sórdidos canales de políticas dictatoriales donde el liderazgo está agazapado por el miedo y la confusión y donde las democracias se disfrazan para engañar como arma arrojadiza la que nadie tira pero todos empuñan. Libertad que tienen los hombres de obrar de una manera o de no obrar por lo que será responsables de sus actos. En los sistemas democráticos es el derecho del valor superior a la libre determinación de las personas. Aquellos que juegan a ser emperadores solapando sus impulsos de enriquecimiento y haciéndose con el dominio de las personas mediante el miedo y el engaño. «El mar es perfecto, no importa la estación del año que sea»

Lo vivido

Hoy miramos atrás lo vivido y nos convencemos una vez más de que en la mayoría de las veces hemos estado perdiendo el tiempo. Un tiempo que comenzamos ahora precisamente hace un año y que a estas horas da sus últimos coletazos. Pero no por ello hemos de mirar lo vivido como algo que ya no sirve. Esa enseñanza que apenas tuvimos el afán de aprender está ahí mientras seamos conscientes de que lo pasado nos ha condicionado para lo que somos hoy.

Otros se quejan de que el tiempo no da tregua para nada y hoy corre mucho más deprisa. Esa sensación de desespero por llegar antes que nadie es como la barrera que hemos de pasar y no volver a hacernos propósitos inimaginables que jamás lograremos. Las imitaciones nos hacen vulnerables porque nadie puede llegar a ser como tú. Con tus sueños y también con tus pesadillas. Con tus logros y también con tus caídas. Con tus esperanzas y con tus deseos, todos ellos forman un mosaico único que nos define y, a su vez, nos conecta con los demás.

Compramos el lujo por la falta de ser venerado, envidiado y no somos capaces de llenar lo que realmente somos. «Seres capaces y con esencia propia». Esta búsqueda incesante de validación externa nos aleja de lo esencial: el amor propio y la autocompasión. Buscamos donde no hay, aún a sabiendas de que tenemos en nuestras manos la mayor de las enciclopedias, «la vida», pero no nos dejamos aconsejar de quienes procuran el bien en nosotros y se alegran de nuestros logros.

El 2026 ya limpia sus zapatos para presentarse al mundo. Con cada nuevo año, hay una nueva oportunidad de renacer, de reorganizar nuestros propósitos y de comprometernos a una existencia más auténtica. Sin embargo, desde hace tiempo el barro de la ingratitud, la codicia y el enfrentamiento de las naciones viene enturbiando los meses de su estancia en nuestra vida. En medio de este caos, es fundamental encontrar momentos de paz y reflexión. Dejar que el futuro se estrene dignamente, sin las cadenas del resentimiento ni la carga de rencores pasados.

Démosle un voto de confianza para demostrarnos a nosotros mismos que seremos capaces de no amontonar basura ni tampoco luchas innecesarias por el poder. La lucha por el poder a menudo es una distracción de lo que realmente importa, que son las conexiones humanas y la posibilidad de construir un mundo mejor. Poseemos un don maravilloso que se denomina «palabra» y no lo sabemos casi utilizar. Nuestras palabras tienen el poder de sanar, de unir y de transformar. Nos hemos vuelto mudos y solitarios en una humanidad repleta de seres vivos ansiosos de compañía y de amor.

Este año nuevo, hagamos un esfuerzo consciente por fomentar el diálogo, la comprensión y la empatía. No dejemos que la soledad nos envuelva, sino que utilicemos nuestras voces para crear comunidad y ofrecer apoyo. Feliz Año 2026 del gigantesilencioso. Que sea un año de reaprendizaje, de amor desinteresado y de una búsqueda genuina por lo que realmente nos llena.

Nueva Era

Estamos bordeando los últimos días del año y todavía no nos damos cuenta de lo rápido que ha paso este tiempo. Nuestro tiempo. Un tiempo y del que apenas hemos disfrutado porque siempre hemos estado en varios momentos a la vez ya vivimos en el ahora mismo. Hemos creado esta fractura global que está haciendo tanto daño y que apenas nos sentimos culpables de ello. Como máquinas de hacer números y de crear memorias adversas nos contagiamos los unos de los otros sin pararnos a pensar que esa Nueva Era que ya se gesta desde hace tiempo se va abriendo como ese futuro incierto sin dar opción al rescate, al entendimiento, al contacto y sobre todo al que apenas pertenecemos ya. Se avecinan nuevos retos y muchas más revoluciones porque el hombre no es, no ha sido capaz nunca de creerse a si mismo. Queremos siempre ser más sobre a lo que nos enfrentamos y sin lugar a dudas de dicho enfrentamiento caemos en esa red que nos atrapa y nos condiciona. Una nueva Era debería ser el comienzo y no la continuidad de un comportamiento irracional y convulsivo que nos hace creernos infalibles e invencibles. Una nueva Era seria la concebida por el hombre y no por las máquinas, porque el hombre es mucho más que su entorno, es estar en contacto consigo mismo. Ser su propio Yo.

Invierno

El invierno trajo la nieve para hacer que aquel gigante silencioso cubriese sus espaldas ante los ojos que le miran, que le respetan y también que le temen. Pero ante su figura majestuosa se esparce la calidez de la isla y el misterio de sus entrañas.

Aún así las pisadas del hombre aventurero intentan imitarle sin resultado satisfactorio porque a un volcán no se le provoca, solamente se le respeta. A pesar de que parece dormido vive y su corazón late bajo tierra. Esa tierra repleta de canales y de agua. De vertientes punzantes con sus aristas ennegrecidas de lava de tantos años y que aún siguen ahí. A aquellos que vienen a la conquista de un gigante no les queda más que darse la vuelta y contemplar su majestuosa figura estampada contra el cielo azul del invierno. No olvidarán nunca su estampa inigualable y si lo hacen es que nunca lograron atravesar la barrera de la maravilla. Sintamos respeto por esos lugares que un día nuestros ojos descubrieron y que sin darnos cuenta llegaron a marcar nuestra vida. Feliz invierno. Feliz Navidad.

Felicidades

Espero que todavía llegue a tiempo para enviar esta carta. He estado muchos días intentando recopilar todo aquello que me está desilusionando al ver lo lejos que estamos de ti. Las fiestas me aturden porque solamente están estructuradas para saciar inquietudes, crear comodines de compañía y hacerse con el regalo de marca que más llame la atención. Pero al pasear por las calles solamente veo en las caras de las personas ansiedad, soledad y derrota. La derrota que tantos jóvenes ven pasar frente a sus ventanas porque la sociedad los ha ido excluyendo de un futuro. Los amigos no se reúnen ni las familias tampoco, únicamente para lo establecido por esta sociedad. Amarrar las costumbres a los tiempos que corren. ¡Vaya camelo! Y todo por no salirse de los cánones y no quedar mal ante aquellos que ni nos importan y mucho menos ellos a nosotros. Frente a las luminarias exageradas que hoy imperan haciendo la guerra entre los pueblos están los que aún buscan ese resquicio de lo que fue porque no son capaces de comprender lo que es ahora mismo. En este va y ven de mensajes y sin hacer uso de la palabra hablada, de la mano estrechada o del abrazo inesperado no nos queda otra que seguir la conga establecida para no desmarcarnos. Antes, hace ya bastantes años esta carta tendría otra presentación. Pero como todavía tengo algo de tiempo quisiera aprovechar este espacio para pedirte a ti «ilusión» que si no tienes demasiados encargos dediques un poco de tu tiempo a aquellos que aún creemos en los sueños, en la esperanza de vida de las naciones, Del poder que todavía queda dentro de algunos para que den un volantazo y cambie el destino de muchos. Que no hagan sangrar a los que menos tienen y propicie nuevas ilusiones para los jóvenes de ahora porque a este mundo se le acaba el tiempo. Felices Fiestas a todos»

Cigarras y hormigas

La peor enfermedad que puede sufrir un ser humano es la envidia. Creemos que podemos hacer todo lo que nos plazca pero cuando observamos que existen otros mejores no podemos soportarlo. Dicen que a pesar de que el desierto es el lugar donde la vida no puede existir, donde las flores no se abren a la vida, donde el agua está tan lejana que ni un simple riachuelo es capaz de atravesar una de sus dunas, el poder de lo inenarrable se encuentra por encima de todo. En el desierto la vida existe, solamente que no somos capaces de verla. El hombre ha querido aplastar a aquellos que sí la han visto. Aquellos que son envidiados por todos con la simple definición de «no ser como los demás». Y ¿porqué no son como los demás?, porque se encuentran abrazados por la fuerza de saber quienes son, donde están y para quien caminan. Sin estos valores todos los demás carecen de sentido y la humanidad hoy está atrapada en ello. Por muchos años que pasen, por muchas guerras y genocidios se inventen jamás podrán borrar lo que es imborrable. Sustituir lo que es insustituible y conquistar lo que es inconquistable. Por encima de todo está la verdad de las naciones. Por muy insignificante que esta sea, pues muchas son las veces que por ser distintos son odiados. Por saber más que nosotros intentamos callarles y por estar mucho más adelantados procuramos borrarlos de la faz de la tierra. ¡Pobre el hombre que se cree superior a todo aquello que es imposible de dominar! Igual que las hormigas van paso a paso creando su hábitat los que dicen llamarse civilizados no encuentran sino piedras en el camino, a pesar de estar envueltos en riquezas y poder. Lo singular es innato por mucho que lo intentemos borrar.

Mentiras y obsesión

Cuando el mentir se convierte en obsesión el camino se estrecha. Las luces se apagan y el destino se convierte en el mayor de los enemigos. Mediante la mentira se intenta alcanzar lo que sea y a costa de lo que sea. Se está dispuesto a todo porque la obsesión se ha apoderado de nuestra mente y pretendemos salir airosos de esa cloaca. Pero la verdad acecha. La verdad escucha y sobre todo asiente de que nuestra equivocación se está aferrando a nuestro poder. ¿Cuántas mentiras hacen falta para que un hombre se crea todo aquello por lo cual miente? La verdad no necesita ser defendida porque es una sola sobre todo lo demás. Mientras que las mentiras necesitan de maquillajes para no ser percibidas. Estamos saturados de mentiras porque no somos capaces de llegar donde queremos solos. De conseguir proyectos y de crear leyes que se ajusten a la libertad, a los derechos. Necesitamos mentir para que se nos crea pero no creemos que un día esa mentira será la cadena que nos hará caer al suelo. Una mentira no retrasa los hechos solo retrasa las consecuencias. Quien vive de mentiras vive en su propio laberinto sin salida. «En una época de engaño universal, decir la verdad se convierte en un acto revolucionario» George Orwuell. ¿Hacia dónde caminamos que estamos tan ciegos de ver la verdad?

Mirando al mar

Estaba la gaviota aquella tarde de noviembre. Miraba al mar y me hizo entender que el mundo no se acaba ahí. Que el horizonte solamente nos limita hasta donde nosotros queramos, porque el horizonte es infinito. Tras de él se esconde esa realidad que no entendemos hoy, ahora, pero mañana se nos hará visible siempre y cuando nuestra ilusión no sucumba ante las piedras del camino. Y permanecía ensimismada en aquella tarde de un sol brillante a la vez que frío. Un poniente que escribe sobre las arenas de la playa los recuerdos de una apacible tarde de otoño.

Un pozo lleno de historia

Silencio y paisaje. Plenitud e historia que permanece adosada a sus paredes. El monasterio Jerónimo de Murtra te sorprende a la vez que te intriga. Este antiguo cenobio de la orden Jerónima de estilo gótico de principios del siglo XV permanece anclado en el tiempo. Fundado por San Pedro de Ribas, en la comarca catalana del Garraf fue lugar de encuentro de los Reyes Católicos con Cristóbal Colón en su primer viaje a América. Sólo hace falta despejar las hojas del tiempo para encontrar en España lugares de tal interés que apenas somos capaces de memorizar. Viajar y descubrir es la más bella de las lecciones que el ser humano puede aprender.

Cerrar la puerta

Todos nos hemos enfrentado alguna vez a una situación de tener que romper una etapa de nuestra vida para salir adelante. La decisión no es fácil y existen muchos motivos por los que en algún momento de nuestra vida se nos presente. Cuando detrás de esa puerta quedan almacenados los malos acontecimientos que han dibujado nuestra vida, la recompensa es muy alentadora y agradable. Muchos no son capaces de hacer frente a ese instante con lo cual dilatan la decisión durante mucho tiempo. Se hacen daño a ellos mismos y a cuantos nos rodean. Sólo se trata de voluntad y si la vida, por la circunstancias que sea nos indica que hay que ser fuertes, no lo dudemos. Muchas veces el grueso de esa puerta nos impide ver cuantas posibilidades tenemos de sobrellevar pesares, de reiniciar nuestros proyectos de vida o algo tan simple como crecer.

El perdón

Estamos asistiendo a una obra de teatro interminable en la cual la palabra perdón se ha ido haciendo viral entre los humanos. Esa sabia palabra en la que debe reconocerse el fracaso de alguien que ha cometido un error pero que no se siente como tal. Estamos menospreciando la palabra perdón ya que en su interior están las verdaderas causas de una conducta (mala o buena) pero que ha llegado a hacer daño. ¿Cómo se puede restituir la autoestima de una persona a la cual se le ha privado del derecho de la confidencialidad? Estamos viviendo esta obra teatral como si no pasara nada y sí que pasa. Estamos vendiendo nuestra privacidad en cada momento en las redes sociales y nadie se siente afectado con ello. No somos conscientes del daño que nos hacemos a nosotros mismos y a nuestras familias vendiendo nuestra vida privada al mejor postor. ¿Y si lo hace un fiscal? ¿Pedirle perdón a un fiscal? Estamos todo locos. Si la justicia no es justa para qué hay justicia. Cada uno va por donde quiere, y si hay que borrar al vecino para que no cante, se borra. Si hay que malversar el dinero público para hacernos más ricos, tener vacaciones pagadas y de lujo o crear empresas para lucrar nuestros asientos, se hace. Para que sirve la justicia. La mentira se ha instalado en aquellos que llegan a negarte que la tierra es redonda y todavía dicen que tenemos que pedir perdón. No es cuestión alfabetización es cuestión de dignidad y de justicia. Por lo demás habrá que esperar a que maduren las manzanas y caigan por si solas del árbol que les aguanta. No esperemos reacción alguna de esta sociedad que se ha acostumbrado a lo que está viviendo.

Costa Brava

Aún encandilada por el sol de la tarde la Costa Brava trata de mostrarme su austera pero impresionante belleza. Lejos quedan recuerdos junto al Mar Mediterráneo que a pesar del tiempo son capaces de despertar en nosotros la luz de su playa, sus pinos junto al mar y alguna que otra gaviota que se acerca a nosotros. Paz, quietud y luz, mucha luz, de la que tantos poetas y pintores han sabido sacar la verdadera esencia de esas tierras. Pero ¿separarse de qué? si aún así la humanidad está aislada por completo. No sería mejor reconocer lo que es nuestro y procurar que en cada una de nuestras provincias seamos siempre los primero, los únicos, los verdaderos. Y no pensar siempre en ese aislamiento geográfico que nada tiene que ver con el amor a una tierra. Quizás tengan razón o tal vez ni tan siquiera saben lo que quieren. Una pena que al final tendremos que pagar por la cerrazón de quienes buscan la fragmentación de España.

Noviembre. La estación oscura

Duermen ya los bosque en su ritual diario aunque muchas partes del mundo vean que el «cambio climático» está haciendo pedazos lo que la naturaleza creó. Pero quizás sea el momento de pararnos a pensar junto al árbol mucho de lo que hacemos o dejamos de hacer por nuestro planeta. Se avecina la vorágine de fiestas que pasará un año más por nuestras vidas sin dejarnos nada a cambio, salvo el deterioro de la cuenta corriente. Estamos programados para divertirnos aunque no queramos. Mientras, el bosque llora por nuestra incapaz forma de hacernos adultos y creer en nuestro yo sin hacer caso de lo que los demás quieren que creamos. ¡Qué lástima! Somos tan insignificantes que no somos ni tan siquiera capaces de observar al monte en su sabia presencia o simplemente hacer que nuestras decisiones circulen más rápidas que los manipuladores creen para vendernos la felicidad a cambio de nuestra total destrucción. Ya se escucha el sonido del viento, y también el olor a tierra mojada, pero sobre todo escuchemos el susurrar de noviembre en su infinita paz.

Memoria sensorial

La memoria sensorial es la memoria que proviene de todos los sentidos. Nuestro cerebro guarda información de la memoria sensorial durante menos de un minuto. Funciona como una fotografía instantánea. Justo después de ser capturada es destruida y sustituida por otra. Tocar una taza de té y sentir su aroma. Oler una flor. recuperar esos recuerdos destruidos en nuestra memoria y que nos hacen vivir otra vez esos instantes. «Las mejores y más bellas cosas de este mundo no pueden ser solo vistas o escuchadas. También deben ser sentidas con el corazón». (Helen Keller). Los sentidos cutáneos forman lo que se conoce como memoria háptica (poder de las yemas de los dedos) La memoria sensorial ecoica es más breve que la anterior. Retiene los estímulos auditivos durante poco más de 100 milisegundos. El suficiente para realizar la fotografía sensorial y lograr que nuestro cerebro la elija, si la guarda a largo plaza o no. Si lo que escuchan nuestros oídos son palabras la memoria sensorial es mucho más afinada y guarda dichos estímulos durante 2 segundos. La memoria sensorial icónica es la más estudiada. Un ojo es capaz de retener esa memoria entre 7 y 12 minutos y los almacenamientos durante apenas 250 milisegundos.

Reencuentros

Estamos viviendo una época de reencuentros porque el mundo se ha ido descolocando paulatinamente echándole la culpa al cambio climático, a las guerras y a toda una serie de excusas que van haciendo mella en la capacidad del hombre para avanzar, para ser humano. Para descubrir y como no para abrirse a los demás sin ningún motivo aparente. Solamente porque no desea estar solo. Existen imperios de la negación hacia lo humano, hacia lo sensible y hacia todo aquello que, porque no nos gusta intentamos eliminarlo. El odio y la sinrazón han tomado el mundo y hacen de él su vasallo. No tenemos derecho a nada pero sin nosotros la vida es imposible. Todos necesitamos de todos para ser aquello por lo que luchamos, creemos y sobre todo valoramos. Se habla mal del que toma decisiones drásticas frente a conflictos adversos, pero no somos capaces de hacerlo por nuestra propia cuenta. Reencuentros que a diario se convierte en el hilo conductor del fin de una separación dura y penosa a la que llegamos de la mano del miedo. ¿Porqué somos así? No tenemos respuesta porque no la buscamos. Es más fácil romper al destino que crear superficies para caminar. Es más divertido doblegar al que nada tiene que procurarle un bienestar. Los bancos de los parques están a diario ocupados de personas tristes, solas y confundidas. Encontrar a alguien que de verdad haga algo por nosotros no tiene precio. Y así se escribirán miles de historias en estos días de otoño. Mientras los parques se desnuden frente a nosotros quizás podamos escuchar a algún cisne negro que se deslice por el agua con su nostálgico sonido.

Luces y sombras. La vida

«Disfruta de la vida. Esto no es un ensayo», dijo Nietzsche. Disfrutar el momento porque cada instante es una oportunidad irrepetible en la vida. Yo suelo disfrutar de la vida con amigos y un buen vino. La vida se compone de muchos cambios naturales. Muchas luces y muchas sombras. No te resistas, eso solo provoca sufrimiento. Deja que la realidad sea realidad. La vita es tan corta como para detenerse demasiado en las dudas. Las luces y las sombras forman parte de ella, de lo que somos. «No es posible despertar la conciencia sin dolor. La gente es capaz de hacer cualquier cosa por absurda que ésta sea para evitar enfrentarse a su propia alma. Nadie se ilumina fantaseando figuras de luz haciendo consciente su oscuridad». (Carl Jung) El arte más grande es el arte de vivir, más grande que todas las cosas. La vida es lo que está sucediendo en este instante. No en algún momento imaginario, ni en algo que el pensamiento ha concebido. Por eso el primer paso que demos ahora es el más importante del resto de nuestra vida.