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Acerca de HANAH VALENTÍN

Escritora.

Acontecer

¿Qué está sucediendo? Lo que acontece hoy en el mundo no encuentra horma ni desafío porque hemos perdido el alma. Sí el alma. Con todos sus momentos, sus colores y su profunda diversificación hacia lo normal, lo exacto, lo justo. Acontecen tantos despropósitos en ese encierro irrefutable al que todos vamos encaminados sin remisión. ¿Y qué hemos hecho? Nada, tristemente nada. La envidia, los celos, los intereses se han incrustado en esa parte del hombre que jamás vemos y sin embargo existe, el alma. Rubricamos cada espacio con la intención de menospreciar, hundir y poner en entredicho lo que otros dicen sin apenas asimilarlo ni reflexionarlo. Esa sabiduría sin dueño al que todos tenemos acceso pero siempre olvidamos de darle el valor que se merece. Punto cero para el hombre que apenas gatea por sus propios pies porque se ha entretenido haciendo el mal a los que nunca ha visto y a los que nunca cuestionaron nuestro nombre. Acontecen ahora demasiadas frases prefabricadas, pensamientos robados de quienes hablaban con conocimiento de causa y las hacemos nuestras sin el menor esfuerzo. ¡Como ha podido la humanidad hacerse tanto daño! Diversificar actitudes es lo que hacemos para que nuestra toma de decisiones no resulten tan fraudulentas a la hora de encumbrar nuestros propósitos maltrechos y quedar como los héroes de sus batallas. Acontecer de días extraños, de pactos sucios y de miradas avariciosas para llegar ¿adónde? A estirar la agonía de los pueblos. De experimentar con las armas más asesinas y de perderse en un océano sin color que no nos deje ver el horizonte. Quizás si la humanidad no hubiese perdido el alma todavía podríamos encarar nuevas fronteras y desmontar la maldita silueta del fracaso.

Otoño

Como si la página de un libro pasara y nos descubriera otro color. Nueva sensación acompañada de un lujurioso enjambre de matices que al mirarlo nos atrae cada momento más. Otoño. Mi otoño y el de tantas personas que conozco y que conocí, pero que el mismo me arrebató. Sensaciones únicas que nos hacen pensar y repasar muchas de las cosas que hicimos bien y otras por el contrario no fueron acertadas. Pero estamos contemplando un nuevo otoño y como iremos viendo se irá despojando de sus vestimentas para quedar limpio. Renacer y luego volver a florecer en esa esperanza que jamás termina mientras observamos el ciclo de la vida. Lo viejo no es viejo, solamente transitorio ya que si no hay renovación nunca podrá haber vida.

España «for sale»

Ya da lo mismo ocho que ochenta porque todo está bien. Cuando los despropósitos imperan y los juegos de mesa y de pacto sazonan a diario nuestro futuro no podemos hacer balance de la famosa frase: «España va como una moto» porque ya las piezas no encajan y las cuentas no cuadran. España está en venta aunque no lo veamos o no queramos verlo a nuestra manera y nuestro pensamiento. Como una subasta al aire libre para que se lleve la pieza el más listo como es natural. Vivir al máximo es como hacer puénting teniendo los pies bien atados a la soga, pero hay sogas que no se aguantan por el descrédito, el deterioro y una falta imperiosa de hacer bien las cosas. Cuidado presidente que los kamikazes también se estrellan y la diversión puede salir muy cara. España es un puzle para Europa y también para el mundo que ya ve el normal encuadre de sus fichas.

Mis adorables vecinos

No hay nada como unos buenos vecinos. Una lotería de la que nadie escapa y por la que todos nos jugamos las cartas y también los cuartos. Vivir tranquilo es algo fundamente y acertar con el lugar perfecto para establecer nuestra residencia es tarea algo complicada. Hoy en día esto se ha hecho viral porque el respeto de los vecinos deja bastante que desear. Los hay muy escandalosos que nos hacen partícipes de sus disputas a todas horas. Limpios, educados y respetuosos es algo que cuesta mucho encontrar. Cuando conocí a mis vecinos ya intuí que íbamos a ser muy buenos amigos. Pendientes de mis salidas y mis entradas pero siempre procurando pasar inadvertidos. Aprovechando el cálido sol de otoño se pasan largas horas contemplando al mundo. Un mundo que nada tiene que ver con ellos y sin embargo ellos forman parte de nuestro entorno.

El óptimo de Pareto

«Mejorar la situación de un individuo sin empeorar la del otro». Romper España no es bajar impuestos sino cometer un delito de sedición independentista. Subvertir el orden constitucional para favorecer intereses personales o políticos. Ser insolidarios con el que menos tiene. Malversar fondos públicos con la finalidad de favorecer proyectos dañinos para otros. Demonizar al justo y premiar al que busca enriquecer al que más poder tiene y a costa de lo que sea. Confundir estrategia fiscal con ataque erosionando a la cultura democrática de un país. Conocido como eficiencia de Pareto fue desarrollado por el conocido licenciado Pareto y desarrollado por el economista italiano a finales del siglo XIX. Resumiendo: el principio al que hacemos referencia » la asignación de recursos para que una persona esté mejor sin hacer daño a otra. Qué lejos de la realidad está hoy el mundo y que poco entendemos lo que otros nos mostraron. Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos.

Esa manera de mirar al mundo

Volver la mirada atrás muchas veces es necesario porque se nos brinda la oportunidad de resarcirnos de muchos momentos vividos y otros tantos que nunca debimos de olvidar. Las abuelas, ese mástil que sostiene a una generación y aquellos que tuvimos la suerte de compartir con ellas muchos de esos momentos nos hace ver la vida de distinta manera. Ellas ven el mundo de diferente forma por que es el mundo el que se refleja en cada uno de esos instantes juntos a los nietos. Ven al mundo tal y como es, pero desde la experiencia adquirida durante muchos años. No se valora suficientemente la figura de esa abuela que lo da todo y que por diferentes circunstancias los padres no pueden hacerse cargo. No están para ser explotadas sino para ser compartidas en esa relación familiar que tanto cuesta a veces conseguir y que no apreciamos el valor que tiene en la educación del ser humano. En esa manera de mirar al mundo que las distingue de todos los demás miembros de una misma familia. En esa forma de creer en cada uno de nosotros porque a ellas jamás podemos engañar. La cuestión es bien sencilla. Valoramos realmente su presencia entre nosotros? Me gustaría pensar que sí.

Lo que el corazón no ve

España arde y no solo por los incendios que han devorado más de medio rostro de nuestra maravillosa geografía. Arde de dolor y de rabia frente a la incompetencia de los gobiernos autonómicos que no han sido capaces de ordenar y de responder frente a la tragedia. La burla constante de un gobierno nefasto que se ha saciado como las pirañas con la vida, el campo y todo ese mundo rural que ya no tiene quien le respalde. No hay color porque ha desaparecido el valor humano y comprometido de sus gobernantes. Mientras España ardía otros pasaban sus vacaciones juntos al mar. ¿Cómo van a mirar a la cara a quienes han hecho de su tierra un desierto? No caben palabras ni perdones. Tampoco promesas enlatadas que lo único que promueven es más rabia y menos confianza. Si hay lugar para el desprecio a las instituciones que no ven con el corazón, sino con las listas electorales. Negar el auxilio es un delito muy grave y aquellos que se vanaglorian con frases como «puto despilfarro» a la hora de mantener esos servicios insustituibles frente a tragedias como estas no merece la pena ni ser nombrados. Estamos asistiendo a una tragedia programada, donde los débiles van cayendo y la ceguera de muchos nos hace ver el nivel humano de quienes dicen ser «presidentes». Lástima, miedo y preocupación.

Nerón

El emperador romano Nerón que se convirtió en célebre, no por sus obras, sino por haberse convertido en un hombre despreciable. Perseguir a sus adversarios políticos llegó a provocar una crisis económica allá por el año 64 d.c. debido a sus decisiones, De personalidad compleja y contradictoria al principio de su gobierno fue un hombre ejemplar, sin embargo su soberbia le llevó a convertirse en un hombre cruel, narcisista y megalómano. Su mejor obra, el gran incendio de Roma en el mes de julio del año 64 d.c. que duró seis largos días. Tras un primer intento provocaría un segundo y más devastador todavía dejando a la ciudad de Roma convertida en cenizas. Desde su atalaya o palacete contempló todo aquel terrorífico paisaje elucubrando sus intenciones en hacer responsables a los cristianos. Y observando su obra la sonrisa de su cara y la expresión de su mirada no tuvieron que hacerse esperar. Las llamas le sirvieron de inspiración para un nuevo poema. Julio y agosto del 2025, existen otros miradores donde contemplar la tragedia que asola nuestro país. Con el avión a la puerta de casa y la foto de rigor se firmarán nuevos acuerdos, se venderán muchas ilusiones y se crearan grandes negocios con el trabajo de quienes luchan por salvar su futuro. No hay palabras para medir tanta indignación. No hay mentiras que no lleguen algún día a ser descubiertas.

Un mundo sin alma

La humanidad hace tiempo que va perdiendo su alma y lo más triste de todo es que no se da cuenta de ello. Estamos tan precintados a todo que apenas sentimos. Ya nada nos hace saltar de rabia y maldecir en que se ha convertido la relación del hombre con el hombre. De las personas con la naturaleza. De los valores humanos que se ven erradicados a diario de nuestra vista y de la falta de empatía hacia aquellos que nos reclaman. No sentimos y no nos importa porque vamos de sobraos por el mundo. Apenas somos capaces de entablar un diálogo sobre temas tan duros como el hambre, la guerra, la persecución de quienes no son bienvenidos por su raza, lengua o religión manteniendo esa distancia comprometida de la que somos, por desgracia, algo culpables al no mostrarnos tal y como somos sino tal y como otros quieren que seamos. Pero el mundo seguirá perdiendo su alma sin remedio. No como el árbol que pierde sus hojas, el niño que pierde su infancia o el día que pierde su luz. La renovación no está con nosotros hasta que veamos el mundo con los ojos del alma.

Pasajes

Que lejos está la humanidad de ella misma. A veces no logro entender esas tendencias manipuladoras a las que nos sujetan las normas preestablecidas por unos que dicen saber más que nosotros y que han invertido su tiempo en crearse leyendas de sus méritos y en creerse los que nunca van a caer. Sí, estamos muy lejos de nosotros mismos porque no somos capaces de encuadernar los pasajes de nuestra vida e ir enriqueciéndola de progreso, cultura, sentimiento y sobre todo conciencia de las cosas. Desde la infancia no ponemos trazar esos caminos pero sí intentar caminar por ellos para enderezar nuestra personalidad. Queremos pasar por encima de las cosas y romper el mundo a nuestro paso. Nada nos satisface y tampoco nada nos llama la atención de tal manera que sintamos ese impulso para descubrir nuevos pasajes que nos llevarán a nuestra edad adulta. Hoy la humanidad está más sola que nunca. Ya no se retiene a ese amigo fiel que en la niñez conquistó con nosotros mundos de fantasía y que nos unían cada vez más. Hemos perdido la comunicación verbal y directa. Ya todo lo hacemos mediante signos estructurados en un un ordenador y que por desgracia nos ha comido el alma. Frío, mucho frío se cierne entorno a nuestra existencia cada día, cada año. Al final terminamos olvidándonos de nosotros mismos y aquella muñeca o aquel peluche de nuestra infancia se deshace entre las tinieblas de aquellos pasajes que conformaron nuestra forma de ser y que hoy son para nosotros otra manera de ver el mundo.

Cielo y tierra

Asomarse al mar desde la bahía de Santander en abrazar ese rincón único y acogedor que la costa cántabra nos brinda. Quizás ese velero se siente atraído como yo por sus aguas, sus gentes, sus reductos culturales, y esa ventana al mundo de navegantes, escritores y cómo no, pintores que han sabido dibujar lo que el ojo no ve pero sí lo que se siente ante un lienzo lleno de contrastes. Me asomé una vez más a su bahía y escuché al Cantábrico decir que hay que volver siempre con el alma dispuesta para sentir ese instante mágico entre el cielo y la tierra.

Hacer camino

Cuando de verdad deseamos hacer camino nada nos lo impide. Unos nacen y otros mueren y lo importante es vivir. Muchos marcan con sus huellas mientras que otros aprovechan las huellas de los que marcharon para enaltecer sus miserias. A nadie engañan y solamente a ellos de que no es verdad. Y esa verdad le hace curvar la espalda, demacrar el rostro y decir estupideces cada vez que abren la boca. Pero eso no es hacer camino, eso es ser miserables. La vanidad envuelve los malos propósitos y les hace tropezar, cuando esa verdad justiciera se les coloca frente a su cara. Hacer camino como tantos que dedican sus ratos de ocio a caminar por sendas de tierra y comunidad. Los que realmente saben saborear el placer de sentir y hacer sentir sus emociones a quienes les acompañan o a la soledad placentera del que tiene conciencia de vivir.

La fugacidad de la vida

Encontrarse con un lienzo de esta categoría nos haría replantearnos la frágil visión que se tiene del valor de la vida. Años ha necesitado la tierra para llegar a formar tal bello paisaje y sin embargo la humanidad hace todo lo contrario. Construyen armas para destruir. ¿Destruir el qué? Si atacamos a la otra mitad nuestro espacio desaparecerá con todos. Las barrancas son los despeñaderos que nos dirigen al precipicio pero hay tantos que no entienden algo tan sencillo. Remotos sueños que circulan por sus cabezas y que a costa de lo que sea están dispuestos a hacer caer la otra mitad del mundo. Una sola mitad no se sostiene. Igual que una mesa con dos patas y hay que estar muy tocado para que eso sea creíble. La fugacidad de la vida no nos da margen para llegar a donde muchos quieren llegar. Aún no hemos dado el primer paso y ya estamos desesperados por alcanzar el segundo. El tiempo no es nuestro, es de nuestras obras y por medio de ellas podremos seguir o pararnos en seco sin capacidad de reacción. Somos nuestra memoria. Somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos que nos muestras la atrocidad del mundo para con el mundo. De la vida contra la vida y de los valores contra nosotros mismos.

La Voz de su amo

La Voz de su amo está considerada una de las mejores y más influyentes e imaginativas novelas de Stanislaw Lem. Un futuro que se esfuma entre las palabras, las mentiras y luchas de rencor mientras el tiempo corre. Crisis ecológicas, demográficas, morales o económicas para mitigar o frenar el paso del tiempo cuando se tiene todo menos razón y lealtad. Estando en la cima y donde todo se calcula, se disfraza y se destruye al antojo de unos. El ser humano está fracasando en su única misión principal; SOBREVIVIR. A costa de lo que sea la Voz del amo reclama siempre la atención de quienes han de doblegarse ante él. Llenándose la boca de la tan manida frase «regeneración democrática» y consiguiendo que ese incumplimiento universal de la leyes y la desigualdad jurídica se conviertan en el arma perfecta para prolongarse en el poder. «El éxito de un manipulador depende del grado de ignorancia de sus seguidores«

Respeto

Ese valor perdido en la sociedad. Cualidad positiva. La actitud negativa genera conflictos y violencia. No se trata solo de tolerar sino también de aceptar. Hay que aprender a vivir porque la educación es clave para promover la cultura de la paz. A través de la enseñanza. de los valores como es el respeto, la igualdad de la que tanto presumimos y que poco practicamos. La comprensión de entender al mundo tal y como es y no tal y como queremos hacerlo. Todo esto es un aprendizaje progresivo, transversal. El respeto ni se pide ni se gana, se exige actuando de tal modo que tratemos a la humanidad siempre al mismo tiempo como un fin, nunca meramente como un medio. Respeto a las personas, a los animales y al planeta. «Ser uno, ser único, es una gran cosa, pero aceptar el derecho a ser diferente es quizás más grande» (Bono, grupo musical U2)

Altos de Garajonay

Existen lugares tan poco conocidos como los altos de Garajonay. Desde allí tenemos a nuestro alcance una panorámica única a la vez que envidiable. El monte de Garajonay es un reducto de belleza contenida don muchos intentan perderse entre sus senderos y colocarse frente a la mejor fotografía de los tan ansiados selfis. Pero la isla de la Gomera va mucho más allá de tradición, paisaje o descubrir. Una isla que reúne condiciones únicas en paisaje perfectos y que a veces nos pasan desapercibidos. En este lugar se encuentra la historia y la tradición porque al remontar tiempo atrás, con el silencio de los silbos y fluir de sus arroyos, encontramos esos altares de piedra en los que antaño se escribieron muchas de las páginas ancestrales de la historia de las islas canarias. Al fondo como siempre el vigía que todo lo ve. Pongámonos donde queramos, allí está.

Grandeza

La grandeza es la condición o cualidad que puede tener que ver con el tamaño o la condición de ser. La tierra y las estrellas son dos objetos diferentes del sistema astronómico. La tierra es un planeta mientras que una estrella es una esfera de plasma masiva y luminosa que se mantiene unida por su fuerza gravitatoria. El universo es tan inmenso que la tierra navega en él como una diminuta cáscara de nuez. El universo tiene múltiples historias y cada una de ellas determinada por múltiples puntos de luz. Dicha grandeza está encerrada en ese diminuto espacio y sentirse el rey en ese infinito.

La ayudita

Hoy todo se compra con la ayudita. Nos convencen y caemos en la trampa una y otra vez. La ayuda se da al completo y no a medias como lo hacen muchos. «quiéreme y te ofrezco una ayudita». Todo se convierte en un trueque de intenciones, algunas veces malévolas, otras sin embargo razonables. Tapadas casi siempre por el maquillaje nos sorprenden a la hora de solapar defectos o engañosas promesas que hoy en día se han puesto muy de moda. Todos quieren esa «ayudita», aunque no la necesiten, sin pensar en los demás porque siempre se consideren ejemplares únicos con derecho a todo. Esa ayudita puede ser el comienzo de un gran fraude en toda regla. ¡Y lo peor de todos es que se lo creen! Así estamos.

Un mundo sin sol

Un mundo sin sol. Un mundo lleno de vida al que desconocemos y al que maltratamos inconscientes o intencionadamente. Sólo depende del valor que queramos darle. Cuando en las entrañas del ser humano ya no se alberga nada carecemos de sentido común. Solo el deslumbre por abrazar mucho más allá de lo permitido hacen a la persona cómplice de eso que hoy se ha puesto de moda denominado «el cambio climático», que no es otra cosa que el engorde desmedido de la avaricia y del poder. Pero aquí también, en nuestras islas, se escucha el lamento del mar. Amantes del mar y sus profundidades quedan atrapados en esas imágenes dantescas de lo que se hace en nuestras costas sin importancia ni respeto poniendo voz a esos mundos marinos que, en su silencio y su oscuridad, se sienten amenazados. El feudalismo sigue existiendo y la razón apenas se conoce. Solamente se busca destrucción y escaños. Lugares desde los que observar siempre desde arriba porque abajo apenas tienen éxito. En el filo de esa navaja no existe la reflexión hacia algo que está mal hecho. El sur de la isla de Tenerife sufre de las mordidas de esos proyectos asesinos que no dejan que la vida se renueve porque impera más la ley del cemento y el hormigón. De los sobres por debajo de las mesas y de las mañas torticeras de algunos gobernantes.

Serpientes con corbata

Rojo, azul, morado y verde se entrelazan en un grotesco mundo de rencillas, donde solamente impera el odio, la traición y la mentira disfrazada de siglas que propicia largos días de enfrentamiento y muchas horas de preocupación. Muchos adoran ese engranaje de burdas conjeturas y a día de hoy todavía se desmarcan en favor de esos movimientos de serpiente que llevan su veneno como mochilas a donde quiera que vayan. El nadie conoce a nadie y poner la mano en el fuego por quienes nos han alimentado los bolsillos se ha convertido en una doctrina fantasmal de la que todos beben ungidos por un deseo irrefrenable que les carcome y les delata. La serpiente se coloca su corbata a diario y culebrea al son de quienes le obligan a hacerlo para escalar montañas y crear conflictos. Los cicerones de las tramas están en la sombra pero el cascabeleo de las fauces de las serpientes con corbata se escuchan en la distancia. Una pena que ya no existan cazadores como los que inundaban nuestras tardes de verano en esas selvas imaginarias de los grandes del cine y que en un plis-plus reconducían la historia. Existen muchos comendadores hoy en nuestro país y también muchos problemas. Una cartografía anunciada en la que el cascabeleo de las serpientes profetiza demasiados secretos confinados.