
¿Qué está sucediendo? Lo que acontece hoy en el mundo no encuentra horma ni desafío porque hemos perdido el alma. Sí el alma. Con todos sus momentos, sus colores y su profunda diversificación hacia lo normal, lo exacto, lo justo. Acontecen tantos despropósitos en ese encierro irrefutable al que todos vamos encaminados sin remisión. ¿Y qué hemos hecho? Nada, tristemente nada. La envidia, los celos, los intereses se han incrustado en esa parte del hombre que jamás vemos y sin embargo existe, el alma. Rubricamos cada espacio con la intención de menospreciar, hundir y poner en entredicho lo que otros dicen sin apenas asimilarlo ni reflexionarlo. Esa sabiduría sin dueño al que todos tenemos acceso pero siempre olvidamos de darle el valor que se merece. Punto cero para el hombre que apenas gatea por sus propios pies porque se ha entretenido haciendo el mal a los que nunca ha visto y a los que nunca cuestionaron nuestro nombre. Acontecen ahora demasiadas frases prefabricadas, pensamientos robados de quienes hablaban con conocimiento de causa y las hacemos nuestras sin el menor esfuerzo. ¡Como ha podido la humanidad hacerse tanto daño! Diversificar actitudes es lo que hacemos para que nuestra toma de decisiones no resulten tan fraudulentas a la hora de encumbrar nuestros propósitos maltrechos y quedar como los héroes de sus batallas. Acontecer de días extraños, de pactos sucios y de miradas avariciosas para llegar ¿adónde? A estirar la agonía de los pueblos. De experimentar con las armas más asesinas y de perderse en un océano sin color que no nos deje ver el horizonte. Quizás si la humanidad no hubiese perdido el alma todavía podríamos encarar nuevas fronteras y desmontar la maldita silueta del fracaso.



















