
Los estados mentales dan color a la conciencia, y el reconcimiento es el principio de la transformación. Cuando la imposición se hace amiga de la sinrazón el color de la conciencia se torna tremendamente peligroso. Nadie tiene el derecho de imponer nada que no sea legal y menos todavía injusto. Soportar y aceptar es sinónimo de miedo, de desidia y sobre todo de sumisión. Hoy las puertas de dos caras se visten de maldad para hacer caer siempre a los más vulnerables. No estamos vistiendo a España sino que vamos poco a poco destruyento su memoria, su legado y sobre todo su respeto frente al mundo. Estamos anclados en un corredor sin fin que no sabemos hacia donde nos lleva. Procuramos entender una realidad que se ha hecho gris y sin apenas contenido por quienes nos aseguran estar en el camino correcto y la realidad es bien distinta. Ya no creemos porque nos engañan y hacen de nosotros peleles y marionetas hasta el punto de nacionalizar a todos los que vienen a nuestras fronteras sin apenas garantías de supervivencia o de seguridad. Nos abrimos al mundo y sin embargos estamos más cerrados que nunca a esa transparecia que nos oculta la verdad de un diseño malévolo y preocupante. El color de la conciencia ya no se asocia a nada bueno porque nada sabemos qué nos espera en el otro lado de esa puerta de doble cara. El despertar del hombre es nuestra única esperanza. El propósito de la vida debería ser lo que nos empuje para salir de esta rutina que ya es muerte para los individuos que miran hacia otro lado de un futuro empobrecido. Debemos comprender cada uno de nosotros la sociedad en la que vivimos. Como un teatro de máscaras ya nadie conoce a nadie. La sociedad soy yo y como tal debo reconocer a esta sociedad a la que pertenezco. Mientras las puertas de dos caras existan tendremos que conseguir desenmascarar a todos los que viven de la imposición, de la mentira y del placer por ser los amos de un territorio de lodo y malversación. Decir la verdad es el acto de honestidad que fortalece la confianza, la interidad personal y las relaciones humanas, aunque requiere mucha sensibilidad y en eso van un poco cortos. El veneno de esas organizaciones separatistas que frente a una cámara de televisión se colocan la capa de caballero y apenas saben andar. Como bien decía Kant «La buena vida solo es posible si eres fiel a tus ideas».