Verano de 1971

  «El verdadero maestro es el que provoca en ti tu propia visión  de las cosas, de los descubrimientos, no la copia de los suyos. Que te haga percibir por ti mismo lo que él no percibirá nunca»
Verano de 1971

Lagunas de Ruidera, Mazarrón./FERNANDO VALENTÍN

tellinetes en el grao de castellon

Tallinetes de la playa de Castellón./F.V.

Con los sones de la canción de Karina «En un mundo nuevo» vivíamos aquel verano de 1971 una nueva etapa en nuestra vida. Pablo Neruda se coronaba en los Nobel con su obra literaria » Veinte poemas de amor y una canción desesperada» e iniciábamos la andanza de un viaje que marcaría mi vida.  A pesar de que el mundo se encontraba inmerso en una crisis global y económica, no por eso nuestro proyecto de pasar el verano juntos se vio enturbiado. Entre el calor, el agua fría y un chapuzón de vez en cuando conquisté paisajes, conocí gentes y descubrí rincones dormidos en mi que a la larga me demostrarían que a vida es eso, vivencias compartidas, miradas hacia un mismo destino y sabores que permanecen cautivos en nuestras memorias. Y nos hicimos mejores, más tolerantes a la vez que más responsables porque de eso se trataba, de crear lazos de unión en los años sucesivos. Algeciras, Mazarrón, Málaga, Alicante, Castellón, recorrer el mediterráneo con más de 35º fue toda una hazaña. Lo demás quedó escrito en la historia de nuestro tiempo. El abanico de aquel verano de 1971 es quizás mi homenaje a ese maestro de la vida que, sin darnos cuenta está a nuestro lado.

Pentagrama por la libertad

Radio Tris/Juan Mezquita

Radio Tris./JUAN MEZQUITA ALMER

Ayer, domingo 11 de enero de 2015, el mundo trazó un pentagrama por la libertad. La palabra es el bien más preciado que poseemos los seres humanos, el tesoro más valioso que nada ni nadie puede arrebatarnos Sin voz el mundo sería como un umbrío y triste cementerio, ya que en éstos el recuerdo sobrevive al silencio de sus ausentes.  Dicen que la música es lo que más se asemeja a la poesía, a la lírica, y en ella está  el sentimiento mas bello de la persona. La voz del mundo se fundió en las calles y al unísono se pespunteaba una partitura unánime al grito de «NO» al terrorismo. Bajo una estela de rojo y negro que subyacía en la memoria de todos, donde no caben perdones ni lamentos. Donde no hay escusas para estos comportamientos porque la vida está unida a la palabra y ésta, a su vez, al mundo. Por muy ancestrales que sean las creencias y los dogmas el peso de la humanidad cayó implacable ayer sobre una barbarie entristecida y gris que apenas saben ni lo que son ni a donde van. ¡Bravo por la música! ¡Bravo por la palabra! y ¡Bravo por la Humanidad.