Bengalas rojas

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«Escribir leyes es fácil, pero gobernar es difícil». No somos dueños de las naciones ni tampoco de quienes habitan en ellas. Querer dominar a las naciones es el punto cero de aquel que ya lo ha perdido todo, y aún insiste. Hoy mundo mira al cielo y sin embargo se contiene porque es más valiosa la vida que todo aquello que un día nos prometieron. La vida es una bengala roja de sueños que vuela de oriente a occidente y trata de crear una tela de araña para hermanar y proteger a los pueblos. Pero existen las arañas venenosas que se introducen en ella y van minando el poder y la decisión. No obstante la tela es fuerte y resiste porque en su convicción lleva la energía de todos aquellos que están tensando su eficacia para así llegar a proteger a muchos más. Hoy la conciencia del mundo está más abierta que nunca frente al miedo y la guerra. Ante el naufragio de civilizaciones, de culturas y de generaciones enteras a las que muchos han tapado la boca y han atado sus manos. ¿Quizás estemos hoy frente a una de esas arañas venenosas, pero tal vez con los días contados? Después podremos decir que allí por donde el miedo pasó ya no queda nada, solamente nosotros. Las crisis se producen cuando lo viejo no acaba de morir y cuando lo nuevo no acaba de nacer. La no violencia conduce a la ética más alta que es la meta de la evolución. Hasta que no dejemos de hacer daño a los demás seguiremos siendo salvajes. Ciencia y humanismo han de ser un sólo brazo y no un muro que separe corazón y sentimiento. Existen las derrotas pero nadie está a salvo de ellas. Por eso es mejor perder algunos combates en la lucha por nuestros sueños que ser derrotados sin ni siquiera saber porqué estamos luchando.

Razonamiento nocivo

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¿Cuántas veces nos hemos preguntado porqué el hombre recurre a esos razonamientos nocivos para saciar su hambre de poder y su eterna existencia? Las democracias se romperán si mantenemos las riendas tensas. Solamente pude existir apoyada en la confianza y la cooperación. ¿Y qué soledad es más solitaria que la desconfianza? Muchos si no casi todos los grandes mandatarios del mundo están tremendamente sólos y tratan de llenar su vacío existencial destruyendo y amenazando. Haciéndose creer que lo tienen todo y sin embargo no es así. Las posesiones son la armadura para engañar la nefasta calidad de sus vidas y a medida que van consiguiendo avanzar como lenguas de fuego hacia sus objetivos, más cegados están. Los razonamientos nocivos que lastran a la Humanidad en su progreso y libertad se evidencian en sus acciones y en las decisiones tomadas siempre con el ego en la mano y la autoridad vestida de amenaza. La historia de la Humanidad es el segundo que transcurre entre los pasos de un caminante dónde el instante decisivo de la evolución humana es perpétuo. El hombre no atrae aquello que quiere sino aquello que es y por muy armando que se encuentre jamás podrá doblegar a quienes están sufriendo las consecuencias de esos razonamientos destructores. Querer llenar el vacío con posesiones y metas marcadas pueden conducir a perder el rumbo definitivamente. ¿Está Europa preparada para ésta odisea? Tal vez hemos perdido el tiempo en banalidades y otros fueros. Quizás nos creíamos protegidos formando parte de esta unión que muy poco unida ha estado siempre pero resultaba llamativo ese título que ahora se nos está quedando corto. No hay defensa, no hay organización horizontal entre los paises integrantes y lo más penoso de todo es que apenas entendemos su misión y sus reponsabilidades. ¿Qué hemos construído? Una burbuja en la que los mejores sitios siempre los manipulan los mismos, dándonos a entender lo contrario. Paseo va y paseo viene es todo lo que se nos despeja y el cielo europeo se encuentra cada vez más lleno de nubarrones. Sabemos que la vida es una sucesión de incertidumbres y la inseguridad es inherente a todas ellas, por tanto la labor no es la adecuada y los fines no son los vendidos. La utopía es el principio de todo progreso y el diseño de un futuro mejor.

Convicción

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Estar seguros es algo que no todos experimentamos de igual manera. Nos sentimos bien de estar donde tenemos que estar y adoptar las decisiones que hemos de adptar pero ¿llegamos en muchas ocasiones a estar convencido de ello?. Una vez atravesamos el límite ente lo que nos han dicho y repetido haciendo de ello algo verdaderamente cierto pero que sin lugar a dudas no estamos convencidos. Estar convencido de algo es estar seguro de ese algo. Sin adornos ni metáforas, sin dilaciones y sin interrogantes. Se está no no, lo demás es pura fantasía en la que los primero engañados somos nosotros. Largos son los conductos que muchas veces nos han custodiado para hacernos llegar donde no tenemos la intención de llegar porque sabemos a ciencia cierta de que aquello no es más que un espejismo involuntario de nuestra manera de sentir lo que verdaderamente nos da la razón en nuestro convencimiento. Las personas cambian su manera de pensar constantemente y aún así siguen el propósito de creer que están en total convicción con ellos mismos. Nada más alejado de la realidad porque si estamos plenamente convencidos siempre estaremos seguros internamente del valor innato que cada uno es capaz de albergar. Por encima de todo sobresale la verdad y con ella la sombra se disipa.

Los duendes del mar

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La bravura del mar enamora pero es su duende el que pone las directrices de su sabia presencia. A veces nos obligamos a pensar y a sentir lo que supuestamente deberíamos pensar y sentir obturando de esta manera nuestras verdaderas emociones. No cabe duda de que pararse frente a esa colcha de encaje blanco, con su vaivén y su susurro nos llena de satisfacción aunque sabemos que entraña su verdadero mensaje. La vida que vale la pena vivir implica correr riesgos, unos por necesidad y otros por el deseo de aventura, ante la imperiosa decisión de buscar emociones fuertes o encontrar un futuro diferente. Salir de la segura cárcel de lo que siempre fué así y saltarse el guión que otros escribieron para nosotros. Nacemos para cambiar. Los seres humanos somos proyectos inacabados que se reescriben constantemente. Lo mismo que aquellos que buscan la realización de su proyecto escalando las más altas montañas del mundo. La vida es un intento constante de regulación. Sólo quienes se arriesgan a ir más lejos podrán saber lo lejos que pueden llegar. Existir es un hecho, vivir es un arte y cada uno lo crea según sus ambiciones y también su valor a ir más allá de lo que ven sus ojos.

Singulares

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La vida nos presente a diario numerosas muestras de singular belleza que, aunque nos parezcan un tanto normal, no lo son desde el mismo instante en el cual tenemos la posibilidad de hacernos con la singularidad de sus obras. Pero eso no ocurre únicamente con el arte, la naturaleza o sencillamente con algún pasaje de nuestra vida. En ello términos diré que muchos de los pasajes de nuestra vida nos han dado la oportunidad de conocer a esas personas singulares que nos han regalado mucho de sus experiencias y de sus alegrías. Y todo ésto sucede en un mundo que a veces no somos ni capaces de entender pero sí de disgregar ese regalo encontrar en ellas lo auténtico, lo transparente y sobre todo lo humano. Pasar desapercibido frente a muchos es un don, ya que no necesitamos hacer alarde de lo que somos ni de lo que tenemos. La verdadera singularidad se expone sin palabras, solo con hechos y también con la infinita sabiduría de dar sin esperar nada a cambio. Todos hemos tenido por suerte seres especiales y únicos que se cruzaron en nuestra vida sin buscarlos pero que nos dieron tanto como lo que ahora sentimos al perderlos. No son ídolos ni tampoco campeones, lo único que compartimos fué amistad verdadera. Y hoy encontré entre mis últimas conversaciones con ella la espectacular puesta de sol que le regalaba hace unos días. Reconocer nuestras limitaciones y valorar todo aquello que los demás tienen para ofrecernos es el punto de partida del camino del crecimiento personal, pues sin humildad no es posible el verdadero aprendizaje.

Leyendas urbanas

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Ponemos fecha a todo aquello que nos resulta novedoso, atractivo y también a los acontecimientos que hacen tambalear nuestra convivencia. ¿Pero sabemos realmente que es lo què en realidad pretendemos? Dejarnos enganchados de por vida a muchos de los símbolos que han ido abriéndose paso entre nuestras costumbres. Hoy en día ya vienen impresos en los almanaques y que sin duda alguna ya nos harán un guiño para que se convierta en una celebración más. San Valentín, Halloween, Papá Nöel y muchísimas más que protagonizan la cultura de los lugares haciendo un reclamo hacia el consumo. Estas leyendas urbanas crean costumbres a la vez que contribuyen a fomentar las relaciones familiares y de amistad en todos los ámbitos. Son sin lugar a dudas esas pinceladas que sin proponérselo dibujan otra manera de comunicar y de intercambiar. Hoy es un día especial si no tuviéramos que recordar a tantas mujeres que ya no lo celebrarán porque ésta leyenda urbana de «el día de los enamorados» se les truncó en el camino. Pero ¿qué sería nuestra vida si no tuviéramos el valor de intentar algo? Se convertiría en un absurdo porque el hastío se iría comiendo todas nuestras ilusiones.

Por el camino verde

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La liviana semblanza que ofrece el camino al caminante en cada uno de sus pasos. Con esa estrecha amistad que las piedras nos deleitan en cada uno de sus surcos haciéndonos partícipes de la belleza innta del camino. Todos los caminos tienen su mensaje y desde todos los caminos podemos adentrarnos en la aventura del aprendizaje. Ya nadie echa en falta esos caminos verdes que pespuntan las esquinas de esos pueblos o de esas aldeas. Ahora ya se discurren más por el hombre que busca esa paz natural, ese ejercicio calmado y sutil que ofrece el paseo a solas o en compañía. Descubrir, el verdadero sentido de la vida y de sus andanzas dónde cada esquina nos revela lo maravilloso de cada lugar. Por el camino verde que hoy despliega su bondad bajo nuestros pies ya se escuchan sonidos de otro tiempo en el que estuve ahí pero que no me lleve conmigo todo lo grandioso de su compañía y su mensaje.

Quizás mañana

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Quizás mañana el color del arco iris se instale definitivamente en nuestra vida y no solamente cuando recordamos que el cambio climático es el causante del deterioro de la Tierra. Tal vez aún no sintamos esa predisposición por creer y no hacer siempre lo que otros quieren que hagamos. Seamos los jueces de nuestras decisiones y no los esclavos de quienes solamente nos manipulan en beneficio propio. Hoy ya a penas conocemos al ser humano como ese ser pensante y dispuesto a todo por luchar frente a las injusticias haciendo de la humanidad un mundo apto para vivir. Quizás aún no sepamos qué es exactamente lo que la propia naturaleza nos demanda a diario y seguimos actuando como zombis sin rumbo por no ser capaces de dar volantazo y hacernos oír. La sinfonía de la naturaleza grita frente al hombre y éste mira para otro lado. Con las manos atadas y extasiados por los sermones de aquellos que dicen que todo va bien y que lo que hacen es por nuestro beneficio me pregunto; ¿no será el de ellos?. Me abruma el silencio complaciente de tantos que parece que no habitan en nuestra misma ciudad y no tienen nuestros mismos problemas. La palabra es el arma más eficaz que posee el hombre y el diálogo su mayor potencial pero apenas se utiliza. Escuchamos tantas cosas que a diario enturbian esa calidad de vida en la que estamos inmersos y apenas le prestamos la mayor importancia. Todo eso queda lejos de nuestro castillo personal y que otros se hagan cargo de los problemas. Quizás mañana el sol de nuestras vidas aparezca por el lado contrario al que estamos acostumbrados y nos preguntaremos ¿dónde está? y percibiremos con nostalgia el devenir de un tiempo de oportunidades que no supimos aprovechar.

A la altura

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¿Estamos muchas veces a la altura? Se dice que no es demasiado fácil porque siempre solemos considerarnos mucho más de lo que en realidad somos. ¿Cuántos de los que dicen llamarse sabios nos intentan vender ese adjetivo y que tan alejados de la realidad se encuentran? Estar la altura no es creerse sino estar convencidode ello y de un término a otro va un trecho considerable. Como los árboles que por muy pequeños que sean siempre tendrán esa altura que nos conforte y que nos guíe. El hombre por naturaleza desea siempre sobresalir de esa esfera en la cual vive y muchas veces se pierde en el intento por lograrlo. Es dificil llegar pero no es imposible porque las reglas las ponenos nosotros y los propósitos también. Entonces ¿qué es lo que falla? Cuestionarse hasta dónde quizás nos envuelva en una espiral de la que no sepamos salir, aunque tal vez la solución sea encontrar nuestra verdadera razón de saber hasta donde estamos dispuestos a llegar sin hacer trampas. Estar seguro y más que todo eso tener confianza en nosotros mismos puede ser el apoyo que fundamenta nuestra verdadera posición de saber estar a la altura de las circunstancias.

Talasofilia y el sentído de la inmensidad

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A veces nos parece tener opción a acaparar aquello que no tiene límites y sin embargo no somos capaces de recrearnos en su abundancia y en su diálogo. La talasofilia y la tasalomanía son conceptos que nos invaden de manera positiva y que tienen como protagonista el mar. Pero en ese apartado personal en el cual cada uno de nosotros podemos recrearnos y favorecernos en la contemplación del mismo hay que distingir que son tres los sonidos de la naturaleza. El sonido de la lluvia, el sonido del viento en primavera y el sonido del mar abierto en una playa, según escribiría Henry Baston. La inmensidad aparece en todos esos sonidos que nos convierten aunque no nos demos cuenta de ello en sus más fieles observadores. Escuchamos al viento pero también lo sentimos en nuestro rostro. Al ver a la lluvia deslizarse por los cristales o cubrir el asfalto bajo nuestros pies nos deja apreciar su húmeda presencia y al mirar al mar chocando contra las piedras nuestros pulmones se inundan de su aroma a la vez que nos hace partícipe de su magico sonido. Escuchar y sentir dos maneras de disfrutar de esa inmensidad a la que todos estamos invitados con respeto y admiración.

Transparencia

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La transparecia es la cualidad que poseen algunos objetos y las personas a través de las cuales se deja ver el interior de las mismas. La transparencia es una palabra que se está escuchando demasiado últimamente ya que son muchos los conceptos y decisiones que se intentan encubrir. La transparecia personal se compone de tres aspectos fundamentales como son ; la imagen, la presencia y la estética. Esa manera de mostrar a los demás lo que hay intrínseco en cada uno de nosotros muchas veces proporciona malas conclusioness, fraudes e incluso rotura de las relaciones. Estamos abiertos a todas la redes sociales y sin embargo escondemos lo más importante, nuestra verdadera manera de ser. Queremos seducir a los que nos siguen mediante todo aquello que ellos mismos desean o anhelan obtener de nosotros y nos vamos convirtiendo en marioneta sin esencia donde lo único que impera es nuestra ganancia. Ya sean éstas, monetarias, de fama o simplemente de crear estereotipos para fomentar la competitividad y tal vez para lograr ese máximo de hacerse imperecederos. Pero la transparecia es sin lugar a dudas la manera en que nos mostramos a los demás procurando en todo momento no perjudicar con nuestras pácticas a quienes se sienten atraídos por nuestra manera de hacer y de ver el mundo. Dentro de los valores éticos que son los más importantes que tenemos las personas para que se nos entiendan nuestras intenciones y también nuestros objetivos.

La llamada

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Vivimos inmersos en tantas cosas que apenas nos damos cuenta de la fugacidad de la vida. Esa delicia eterna denominada energía ha ido moldeando su estancia sobre la rama del árbol hasta su fin. Esa llamada a la continuación de volver a crear desde ahí una nueva vida que nos proporciona la más sabia lección de la vida misma «volver a ser». En otro formato y seguro que en otro color pero siempre con la esencia de haber sido el cauce de un proceso, el despertar de un sueño, la razón de que la naturaleza está siempre en movimiento. Se nos llena la boca de proyectos, de reivindicaciones y sin embargo no llegamos a entender lo que realmente es importante. Nuestra manera de ser es crucial y mientras estemos demostrando que todo se basa en grandes cumbres climáticas, donde todos viajan en coche o en aviones privados, no se entiende una forma de proceder más caótica. El dinero mueve montañas y el hombre está asido a él por naturaleza. No nos engañemos e intemos mirar al río y sumergir nuestra mano en sus aguas. Cojamos un puñado de tierra fresca y dejemos que nos ensucie con su color marrón. Procuremos utilizar menos los contaminantes y hagámonos un largo trecho al día contemplando todas esas cosas que existen y sin embargo no hemos quedado ciegos frente a ellas. La llamada de esa hoja seca sobre la piedra bien podría ser el punto y seguido de una larga transformación.

Acariciando enero

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Por mucho que el hombre intente superar a la propia naturaleza no demasiadas veces podrá conseguirlo. Cuando se está seguro y nuestra convicción de ello así nos lo muestre podremos convertirnos como los almendros en flor que cada año abren sus mejores lienzos para nosotros. A pesar del crudo invierno en el que pocas veces la naturaleza se nos muestra tan incondicional, deberíamos doblegarnos a ella porque en realidad en poco podemos superarla. Hoy los almendros están deslumbrantes frente a nuestros ojos y los tallos de cada uno de ellos se nos muestran fuertes por la seguridad que irradían y la sutileza con la que se nos hacen únicos cada año. Y así es como debemos observar la vida, con fuerza y con arraigo. Con seguridad y con porte a pesar de las circunstancias. Todo lo demás es como un barniz y que con el tiempo dejará ver nuestras propias raíces. Acariciando sentí la esencia pura de lo que subyace y que muy pocas veces nos percatamos de ello. Envueltos en la bruma de la tarde los almendros de Santiago del Teide en Tenerife cumplieron con la tradición de hacerse ver cuando el hombra más necesita que le escuchen.

Su arma secreta, el silencio.

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No dices nada y apenas te mueves. Únicamente algún soplo de brisa hace que me fije en tí. El silencio como entidad. El silencio es el nombre que damos, no a algo que aparece sino a algo que no aparece. Silencio, metáfora de lo inefable o inexpresable. También está el silencio como amenaza y el silencio como paz. Los silencios como hechos. El silencio como acto de poder. Hacemos un abanico con todas esas posibilidades que nos brinda el significado del silencio y el silencio del significado. Aprendemos desde él cuando sabemos escucharle y entonces se convierte en esa arma secreta que todo lo puede sin hacer ruido y sin apenas hacernos mirar hacia él. Sobre las piedras del camino te he visto hoy junto a mis pies. Un soplo de brisa movió tu cara y entonces me percaté de tu presencia en esa estampa maravillosa de la vida en toda su perfección.

El árbol de la vida

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El árbol de la vida representa el ciclo vital. La vida del cosmos, su densidad, crecimiento, proliferación, generación y regeneración. Sus raíces profundas significan el nacimiento, el inicio de la existencia de todos los seres vivos. Su tronco el símbolo de la vida que crece hacia el cielo. Sus ramas que se bifurcan en todas las direcciones y caminos que tomamos a lo largo de nuestra existencia. Pero ¿qué significa espiritualmente?. La raíz sin lugar a dudas el nacimiento pero su alargado tronco refleja la vida que hemos llevado a cabo. Se dice que el árbol de la vida está representado por el boabab. Desde hace bastantes años esta especie va perdiéndose poco a poco de la faz de la tierra, pero sin lugar a dudas su extraña belleza nos muestra muchos de estos aspectos, singularidad y respeto. Dos condiciones que marcan el arte de crecer frente al mundo, a las adversidades. Autoestima y autorespeto, complementos fundamentes sin los que jamás seremos capaces de llegar donde nos lo proponemos. Hay que sincerarse y ser determinantes con lo queremos lograr en la vida. Igual que esos árboles que fundamentan en su esencia el trascurrir de la existencia proporcionándonos la felicidad de ser uno mismo.

En busca del Gran Azul

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Apenas los almendros comenzaban a florecer en los senderos del Teide Lolo preparaba su último viaje en busca del Gran Azul para encontrarse con ese lugar maravilloso que había estado observando desde el patio de su casa. Sabía que tenía que marchar y esperó a que su querido amigo Pedro le tomara entre sus manos una vez más y le dejara ir más allá de la distancia pero no más lejos de su corazón. Iba a estar siempre con él igual que lo había hecho todos estos años cuando más lo necesitaba, dándole su compañía y ese piar fuerte que a todos llamaba la atención. Arropado por su inmenso cariño se entregó a su nuevo despertar ofreciédole el mayor de sus regalos, su último aliento. Y viajó con sus alas de colores sobre las montañas de Tenerife en busca del mar y encontró al cielo sobre sobre su cabeza que le envolvió con ternura. Cuando observemos el paisaje siempre veremos a Lolo en nuestro recuerdo. Estará ahí, en cada flor de almendro y también en cada gota de lluvia porque el despertar a esa nueva vida ya es suyo para siempre. ¡Felíz viaje compañero!

Victoria

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Y llegamos al un nuevo año. Entre tropiezo y angustia. Con incertidumbre e ilusión. Poniendo gran parte de nosotros en este proyecto que llamamos vida y por el muchos son capaces de darlo todo y otros por el contrario levantar barricadas de intolerancia, envidia y negatividad.El mar, el cielo y todo aquello que nos sorprende a diario cuando somos capaces de asimilar la verdadera razón de estar bien contigo mismo es lo que nos va a hacer más felices y aventureros. Si, aventureros porque la aventura es el elixir de la vida para mantener esa ilusión de saciarnos y descubrir. Victoria, es la palabra que deberíamos tener bien presente en cada despertar ya que las derrotas no son gratificantes pero el bastón que nos ayudará a levantarnos para continuar descubriendo, descubriéndonos y dibujando ese proyecto de vida que jamás nos puede fallar.

Deseos

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¿Qué es el deseo?. Hacer partícipes a los demás de nuestros proyectos. Encontrar esa manera de crecer y valorar todo aquello que hemos logrado y aumentar la ilusión de quienes todavía se encuentran anclados por las circunstancias. Todos regalamos deseos y a veces no somos capaces de añadir a ese lazo azul que contiene los parabienes que queremos entregar sin hacernos una reflexión: confianza en nosotros y en los demás para que esos deseos no vayan solamente con la misiva de la superación sino con la potencial carga de ese bienestar social, armónico y desinteresado que tanta falta hace hoy en el mundo.

Punto de partida

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La fugacidad de la vida viene mostrándonos cada día lo poco que hacemos con ella y lo mucho que le exigimos. Pero la vida es mucho más que todo eso. Es el principio de todo camino en el que nos hallemos inmersos. Cada paso y cada ilusión son nuestros bastones para sugetarnos frente a los retos y las dudas. Como el arco que propicia la tensión idónea para que la flecha vaya directamente donde nos proponemos. Punto de partida que desde ahora ya vemos a lo y que tenemos que colocarnos en él para iniciar el camino. 2022 llega con pasos de gigante y todavía nos encontramos en la estrecha sombra de esa duda que ni por un momento debemos cuestionarnos a la hora de avanzar ese paso al frente y ser capaces de conquistar una senda nueva con unos proyectos nuevos. Nada es imposible si realmente creemos en nosotros mismos.

Impermanencia

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«La muerte es un enorme misterio pero de ella podemos decir dos cosas: es absolutamente cierto que moriremos y es incierto cómo y cuando moriremos.» Rimpoché. La impermanencia es un cambio al que todos tenemos entrada y la transitoriedad no da las pautas a seguir para alcanzar en cada tramo de la misma la mayor creación de nuestra vida. La naturaleza en si misma no tiene permanencia ni ser sino que se está convirtiendo y pereciendo segun su relación con el tiempo. Siempre» es un tiempo demasiado largo y para nacer primero hay que morir.