Apacible nostalgia: India y Nepal

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A medida que pasa el tiempo recordar es volver a vivir. A sentir aquellos fragmentos de mi vida que se han quedado a flor de piel y bordados para siempre en mi memoria. Hay un antes y un después cuando viajas a esos paraísos lejanos que entre montañas de mostaza y de canela te cautivan para siempre. Nada se oculta bajo la mirada del viajero que ama el viaje. Ese destino concebido desde hace mucho tiempo y que hoy se ve las caras contigo. Un sueño que milímetro a milímetro se ha ido tejiendo entre días de preparación y de futuras esperanzas. Recordar y volver a vivir mis días en la India y el Nepal me provocan esa apacible nostalgia que el tiempo no pueden borrar. Alejarse de un lugar en el espacio no quiere decir que dejemos atrás lo vivido. El eslabón continúan siempre que lo deseemos ya que en el recuerdo todo es posible, aunque no estemos ahí.

Cientos de flores, Katmandú

Plaza Durbar

Plaza Durbar, Katmandú, antes del seísmo./HANAH VALENTÍN

El colegio más antiguo

El colegio más antiguo de la ciudad devastada por el terremoto./HANAH VALENTÍN

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Una joya arquitectónica, el palacio de Kumari./HANAH VALENTÍN

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Amanecer en Katmandú, ya no será como antes./HANAH VALENTÍN

Crepúsculo vespertino.

Crepúsculo vespertino. /HANAH VALENTÍN

El 8 de enero del 2012 llegamos a Katmandú a la caída de la tarde y un sol rojizo nos regaló el contorno de esa permanencia inmutable en el tiempo, la cordillera del Himalaya. Nepal es la capital y la mayor de sus ciudades situado en un valle a orillas del río Vishumati. Recibe su nombre de una estructura en la plaza Durbar llamada Kaasthanandep. Los Kirats fueron los primeros gobernantes conocidos del valle y los restos construidos por ellos se encuentran en la localidad de Patan. “Cientos de flores” es el himno nepalí con el que quiero recordar este momento. Katmandú es un cruce de caminos muchos caminos de antiguas civilizaciones de Asia. Siendo tres veces inferior a España su majestuosidad se percibe en cada rincón; cultura, tradición, paisaje, religiosidad. A los pies del Himalaya “Nieve morada”  que conforma la cordillera más alta del mundo con el Everest como guía. Katmandú que respiras olor a incienso y a flores. Que sientes el sonar de un tiempo y lo trasladas junto a nosotros haciéndonos partícipes de tu historia. Deambular por “la ciudad de los mil tejados dorados” Patán, o contemplar tus atardeceres cuando la niebla baja desde las montañas. Desde aquí  nos abren nuevas expansiones a la hora de viajar a nuestro interior; eso es Nepal. Hoy las naturaleza nos ha querido arrebatar su misterio y también su luz, pero el recuerdo y las impresiones que de allí nos trajimos serán siempre un motivo para conservarlo en nuestro corazón.