Razones

En la vida siempre hay un hilo conductor que nos parece que favorece a unos más que a otros. Sin embargo todo lleva su camino y por más que busquemos a veces las razones dichas razones no son posibles porque todo pulsar, todo sentir y todo asumir lleva implícito el configurar, el verificar y también el opinar. Hoy buscamos razones a la desesperada para no hundirnos en el lodazal que estamos creando bajo nuestros pies. Las risas burlescas de quienes la rabia no les deja medrar y los resultados siempre se muestran en un bajísimo nivel por no hacer bien las cosas. Se esta desinflando ese globo multicolor que intentan volar. Pero la razón por la que ese globo imaginario repleto de amorfas promesas y descaradas decisiones no puede elevarse por la poca e irresponsable manera de gobernar. El hilo conductor de esas razones burlescas y de su sombra no hacen más que consumirse frente a los hechos probados y las mentiras descubiertas. ¿Qué razones busca hoy el hombre para salir de este encierro dictatorial que nos afea y nos afecta a todos? Existen quienes viendo este nauseabundo escenario no son capaces de romper cuerdas ni de destruir falsedades. Quienes tienen la obligación de defendernos carecen de posibles para hacerlo. El silencio arruina sus vocaciones y ya nada tiene el valor que tenía. No hay esperanza para el joven ni futuro para los que emprendieron la vida creando un futuro de progreso. Se les estrangula y se les somete con la amenaza de subir impuestos, ¿a favor de quién si cada día somos más pobres? Lo importante es el derroche y sorprender cada día con un juego nuevo. Todos quieren ser «alguien» en este mundo de telarañas y no se buscan razones para que no se dé un paso adelante. Ojalá todo esto haya sido solo un sueño, pero presiento que tendremos un difícil despertar.

Latidos

Hoy nos despertamos con tu sonar a través del profundo valle de la corona forestal. Pero ayer también no hiciste escuchar tu latido eterno. Tu sentir entre las lavas y el aviso de estar más vivo que nunca. Teide, nombre que te hace internacional y valiente. Seductor y calmante cuando en el ocaso revistes de paz la mirada de quienes hasta ti se desplazan en los días de soledad y confusión. En esa lucha constante del ir y venir de la vida. De una soledad impuesta a una soledad deseada donde donde la paz y la renovación se unen haciéndonos más conscientes y más verdaderos. Tu lenguaje es mucho más que eso. Es el pulso sosegado y cálido de un «gigante «protector.

Desde Canarias

Desde Canarias a Tarifa viajaron las semillas de olivos y de acebuches hasta Noruega para quedar guardadas en el «Arca de Noé» vegetal y donde se encuentra el banco de más importante para la garantía de alimentación en la humanidad. En la localidad Noruega de Svalbard se encuentra este búnker que guarda la continuidad de todas semillas del mundo. No se trata de su plantación sino de asegurar el reservorio genético que las conservará durante años. En esa montaña helada y a -31ºC la Bóveda Global de semillas perpetuará en el tiempo el mantenimiento alimentario del mundo.

¡Que vivan los novios!

San Valentín viene a visitarnos un año más y cada vez lo encontramos más insustancial e irrelevante. El amor por el cual este divertido Santo apareció en nuestras vidas se ha ido desvirtuando para dejar paso al negocio de muchos que han visto en este día un motivo para la obligación de regalar aunque apenas creamos en ello. Bonito sí, pero a la vez ya nada tiene que ver con el verdadero «amor» porque éste no necesita de recuerdos ni aniversarios. Únicamente de continuidad, respeto y admiración. Cosas como así que ya no están en nuestra agenda diaria, ni en nuestras redes sociales porque la monotonía es contraproducente y manipulable. Ser más reales, más conscientes y valorar los pequeños detalles del día a día no necesitan de fechas ni de compromisos. Y » para siempre» suena perfecto contigo a mi lado»

Cuando la imaginación rompe las normas.

«La belleza es el resplandor de la verdad y como el arte es belleza, sin verdad no hay arte» ( Antonio Gaudí)

Se cumplen 100 años de la muerte de Antonio Gaudí. Máximo representante del modernismo catalán. Su personal estilo de crear le hacen un fiel observador de la naturaleza volcando en su obra ese sentimiento de crear belleza donde ya existe. Su obra maestra, la Sagrada Familia está a punto de ser coronada, una obra más de su extraordinario legado. Según palabras del mismo Gaudí «La arquitectura es la ordenación de la luz». Sobran las palabras.

La despensa

La despensa era como la caja fuerte de nuestra casa. Allí guardábamos lo más preciado, los alimentos. A pesar del tiempo, del lugar y de las exigencias de cada uno la despensa siempre nos habrá sacado de algún apuro e imprevisto. A parte de claro está ese rincón de la casa que nos proporciona seguridad.

Que siga la música

Que siga la música y no dejemos de bailar. Todo se cura con una fiesta a pesar de las lamentaciones diarias de esta crisis social y su debilitamiento. Desintegración institucional y demasiados puntos a tener en cuenta en esta escalada del deterioro de los valores éticos de nuestra sociedad. La música sigue y barniza muchas de las cuestiones que a diario florecen y desgarran la humanidad del ser humano. Apariencias preparadas y empaquetadas donde las mentiras diseñan promesas y carpetazos a las verdades que hoy por hoy solamente son tachadas de «bulos» por no decir verdades. A medida que esta tela de araña se va haciendo más y mas grande parece que la música es el único eslabón de este documental de horror que muestra el lienzo depravado de nuestra sociedad. Y la música sigue mostrándonos el lado más cálido del hombre. Las fiestas se viven al margen de la actualidad pero también se pespuntan entre las generaciones que hoy por hoy solo desean vivir el momento. Mientras los desfiles y los pasacalles comienzan a colorear las calles en este tiempo de carnaval la historia de los pueblos seguirá inmersa en informes, grabaciones y delitos por juzgar. Ritmo y armonía al unísono de un futuro tan incierto como un tiempo de carnaval.

Un instante encantador

Que sólo se queda el hombre cuando intentamos sumergirnos en esos reductos tecnológicos que más que abrazar separan. Separan nuestra manera de ser de la que hemos tenido siempre. Separan a las personas que ya no sienten la compañía de un rato de charla por un mensaje frío desde el otro lado de una calle. Una calle poblada de muchas personas como nosotros. El diálogo, la pregunta directa o simplemente un gesto de alegría o asombro que podría arrancar hasta una sonrisa en la persona que tenemos delante. Ese momento, ese instante tan especial que se ha diluido de toda relación humana. Por desgracia muchos animales llegan a relacionarse más que nosotros. Hoy mientras la calles se visten de color y música por las carnestolendas quizás se produzca algún contacto más natural entre los partícipes pero como flores de un día quedarán solo en el recuerdo. Ese instante tan especial es que podemos procurar que sea algo que nos incite al comienzo del cambio. Al valor de la palabra y al contacto cálido entre las personas.

«TIEP», estar en contacto

«Camina como si estuvieses besando la tierra con los pies» . Es bueno hacerse esta reflexión de vez en cuando. ¿Cuántas veces hemos ido por el mundo sin apenas percibir que todo el peso de la naturaleza está bajo nosotros. La Madre Tierra es la mayor muestra de ejemplaridad que nos ha regalando la vida. Esa cualidad de ser ejemplo para todos. Manifiesta su conducta sabia y elocuente frente al comportamiento de las personas. Influye en nosotros como el docente que influye positivamente en sus alumnos sacando de ellos lo mejor. Esa virtud natural de crear los cimientos que toda persona necesita transformando los malos hábitos en lecciones de prosperidad. Porque como dicen «la naturaleza es sabia«. Y qué poco sabemos . Solamente nos asusta cuando convulsiona contra nuestros malos hábitos y nuestro poco respeto hacia ella. El cambio climático se abandera hoy como algo de lo que muchos se enriquecen mientras que otros no son capaces de sentir la propia tierra bajo los pies. El libro de la naturaleza está abierto día y noche y la tierra procura hacer bueno lo que ya está destrozado. Una tarea difícil porque el hombre no admite lecciones. El saber no se compra, solamente se aprende. Desde lo más remoto e inaccesible hasta aquello que jamás nos hemos parado a contemplar. Como bien dijo Sócrates; «No puedo enseñar nada. Sólo puedo hacerles pensar» Y de eso estamos a años luz de la verdad y el compromiso.

Hace tiempo leí algo que me inspiró a pensar en la ejemplaridad de la Madre Tierra. «Un día me fui al bosque porque quería vivir deliberadamente, enfrentarme a los hechos esenciales de la vida y aprender lo que ésta tenía que enseñarme para no descubrir, al morir, que no había vivido» . Henry David Thoureau.

Caperucita Roja

¿Cuántos de nosotros disfrutamos en su momento con la tierna historia de Caperucita Roja? El escritor Charles Perrault nos versionó dicha historia que incluyó en un volumen de cuentos dedicados a niños- Pero su narración fue muy desgarradora y fuerte. Más tarde apareció otra versión escrita por los hermanos Grimm en la que se dulcificó dicho contenido dando una ejemplar enseñanza frente a los peligros que podemos encontrarnos en nuestras decisiones, en nuestras aventuras. Dichas narraciones me hacen hoy recordar lo cerca que nos encontramos de dichos escritores a pesar de los años transcurridos. ¿Existe Caperucita Roja en nuestra sociedad? A modo de comentario yo diría que sí, solamente que de otra manera. Las redes sociales vuelven a ser como la cestita que portaba Caperucita Roja y llevaba a su abuela que estaba enferma. Todo lo que un joven o un niño desearía tener. Disfrazada de promesas y de sueños realizables se abren frente a nuestras pantallas creando un mundo maravilloso para aquellos que buscan llenar su existencia, conseguir su sueño y viajar a mundos pocos conocidos. ¡Ahí está el lobo!. En esos mundos conocidos al que se accede sin que tus padres lo sepan. Sin que tu experiencia de la vida te sirva de coraza y tu frágil situación frente a lo desconocido te haga caer. Muchos de los que fueron víctimas de estas «Caperucitas» se sienten arrepentidas. Otros por desgracia no llegan a tanto porque se perdieron en el camino a la casa de su abuelita. Muchos de los que dicen que no creen en los cuantos se convierten en los mayores analfabetos. ¿Por qué no dejar que la experiencia de la vida nos enseñe lo que es realmente la mayor experiencia sin pantallas ni redes sociales?

El movimiento del mar.

La libertad es como el movimiento del mar. Consiste en hacer todo lo que no perjudique a los demás. Vivimos entre los sórdidos canales de políticas dictatoriales donde el liderazgo está agazapado por el miedo y la confusión y donde las democracias se disfrazan para engañar como arma arrojadiza la que nadie tira pero todos empuñan. Libertad que tienen los hombres de obrar de una manera o de no obrar por lo que será responsables de sus actos. En los sistemas democráticos es el derecho del valor superior a la libre determinación de las personas. Aquellos que juegan a ser emperadores solapando sus impulsos de enriquecimiento y haciéndose con el dominio de las personas mediante el miedo y el engaño. «El mar es perfecto, no importa la estación del año que sea»

Lo vivido

Hoy miramos atrás lo vivido y nos convencemos una vez más de que en la mayoría de las veces hemos estado perdiendo el tiempo. Un tiempo que comenzamos ahora precisamente hace un año y que a estas horas da sus últimos coletazos. Pero no por ello hemos de mirar lo vivido como algo que ya no sirve. Esa enseñanza que apenas tuvimos el afán de aprender está ahí mientras seamos conscientes de que lo pasado nos ha condicionado para lo que somos hoy.

Otros se quejan de que el tiempo no da tregua para nada y hoy corre mucho más deprisa. Esa sensación de desespero por llegar antes que nadie es como la barrera que hemos de pasar y no volver a hacernos propósitos inimaginables que jamás lograremos. Las imitaciones nos hacen vulnerables porque nadie puede llegar a ser como tú. Con tus sueños y también con tus pesadillas. Con tus logros y también con tus caídas. Con tus esperanzas y con tus deseos, todos ellos forman un mosaico único que nos define y, a su vez, nos conecta con los demás.

Compramos el lujo por la falta de ser venerado, envidiado y no somos capaces de llenar lo que realmente somos. «Seres capaces y con esencia propia». Esta búsqueda incesante de validación externa nos aleja de lo esencial: el amor propio y la autocompasión. Buscamos donde no hay, aún a sabiendas de que tenemos en nuestras manos la mayor de las enciclopedias, «la vida», pero no nos dejamos aconsejar de quienes procuran el bien en nosotros y se alegran de nuestros logros.

El 2026 ya limpia sus zapatos para presentarse al mundo. Con cada nuevo año, hay una nueva oportunidad de renacer, de reorganizar nuestros propósitos y de comprometernos a una existencia más auténtica. Sin embargo, desde hace tiempo el barro de la ingratitud, la codicia y el enfrentamiento de las naciones viene enturbiando los meses de su estancia en nuestra vida. En medio de este caos, es fundamental encontrar momentos de paz y reflexión. Dejar que el futuro se estrene dignamente, sin las cadenas del resentimiento ni la carga de rencores pasados.

Démosle un voto de confianza para demostrarnos a nosotros mismos que seremos capaces de no amontonar basura ni tampoco luchas innecesarias por el poder. La lucha por el poder a menudo es una distracción de lo que realmente importa, que son las conexiones humanas y la posibilidad de construir un mundo mejor. Poseemos un don maravilloso que se denomina «palabra» y no lo sabemos casi utilizar. Nuestras palabras tienen el poder de sanar, de unir y de transformar. Nos hemos vuelto mudos y solitarios en una humanidad repleta de seres vivos ansiosos de compañía y de amor.

Este año nuevo, hagamos un esfuerzo consciente por fomentar el diálogo, la comprensión y la empatía. No dejemos que la soledad nos envuelva, sino que utilicemos nuestras voces para crear comunidad y ofrecer apoyo. Feliz Año 2026 del gigantesilencioso. Que sea un año de reaprendizaje, de amor desinteresado y de una búsqueda genuina por lo que realmente nos llena.

Nueva Era

Estamos bordeando los últimos días del año y todavía no nos damos cuenta de lo rápido que ha paso este tiempo. Nuestro tiempo. Un tiempo y del que apenas hemos disfrutado porque siempre hemos estado en varios momentos a la vez ya vivimos en el ahora mismo. Hemos creado esta fractura global que está haciendo tanto daño y que apenas nos sentimos culpables de ello. Como máquinas de hacer números y de crear memorias adversas nos contagiamos los unos de los otros sin pararnos a pensar que esa Nueva Era que ya se gesta desde hace tiempo se va abriendo como ese futuro incierto sin dar opción al rescate, al entendimiento, al contacto y sobre todo al que apenas pertenecemos ya. Se avecinan nuevos retos y muchas más revoluciones porque el hombre no es, no ha sido capaz nunca de creerse a si mismo. Queremos siempre ser más sobre a lo que nos enfrentamos y sin lugar a dudas de dicho enfrentamiento caemos en esa red que nos atrapa y nos condiciona. Una nueva Era debería ser el comienzo y no la continuidad de un comportamiento irracional y convulsivo que nos hace creernos infalibles e invencibles. Una nueva Era seria la concebida por el hombre y no por las máquinas, porque el hombre es mucho más que su entorno, es estar en contacto consigo mismo. Ser su propio Yo.

Invierno

El invierno trajo la nieve para hacer que aquel gigante silencioso cubriese sus espaldas ante los ojos que le miran, que le respetan y también que le temen. Pero ante su figura majestuosa se esparce la calidez de la isla y el misterio de sus entrañas.

Aún así las pisadas del hombre aventurero intentan imitarle sin resultado satisfactorio porque a un volcán no se le provoca, solamente se le respeta. A pesar de que parece dormido vive y su corazón late bajo tierra. Esa tierra repleta de canales y de agua. De vertientes punzantes con sus aristas ennegrecidas de lava de tantos años y que aún siguen ahí. A aquellos que vienen a la conquista de un gigante no les queda más que darse la vuelta y contemplar su majestuosa figura estampada contra el cielo azul del invierno. No olvidarán nunca su estampa inigualable y si lo hacen es que nunca lograron atravesar la barrera de la maravilla. Sintamos respeto por esos lugares que un día nuestros ojos descubrieron y que sin darnos cuenta llegaron a marcar nuestra vida. Feliz invierno. Feliz Navidad.

Felicidades

Espero que todavía llegue a tiempo para enviar esta carta. He estado muchos días intentando recopilar todo aquello que me está desilusionando al ver lo lejos que estamos de ti. Las fiestas me aturden porque solamente están estructuradas para saciar inquietudes, crear comodines de compañía y hacerse con el regalo de marca que más llame la atención. Pero al pasear por las calles solamente veo en las caras de las personas ansiedad, soledad y derrota. La derrota que tantos jóvenes ven pasar frente a sus ventanas porque la sociedad los ha ido excluyendo de un futuro. Los amigos no se reúnen ni las familias tampoco, únicamente para lo establecido por esta sociedad. Amarrar las costumbres a los tiempos que corren. ¡Vaya camelo! Y todo por no salirse de los cánones y no quedar mal ante aquellos que ni nos importan y mucho menos ellos a nosotros. Frente a las luminarias exageradas que hoy imperan haciendo la guerra entre los pueblos están los que aún buscan ese resquicio de lo que fue porque no son capaces de comprender lo que es ahora mismo. En este va y ven de mensajes y sin hacer uso de la palabra hablada, de la mano estrechada o del abrazo inesperado no nos queda otra que seguir la conga establecida para no desmarcarnos. Antes, hace ya bastantes años esta carta tendría otra presentación. Pero como todavía tengo algo de tiempo quisiera aprovechar este espacio para pedirte a ti «ilusión» que si no tienes demasiados encargos dediques un poco de tu tiempo a aquellos que aún creemos en los sueños, en la esperanza de vida de las naciones, Del poder que todavía queda dentro de algunos para que den un volantazo y cambie el destino de muchos. Que no hagan sangrar a los que menos tienen y propicie nuevas ilusiones para los jóvenes de ahora porque a este mundo se le acaba el tiempo. Felices Fiestas a todos»

Cigarras y hormigas

La peor enfermedad que puede sufrir un ser humano es la envidia. Creemos que podemos hacer todo lo que nos plazca pero cuando observamos que existen otros mejores no podemos soportarlo. Dicen que a pesar de que el desierto es el lugar donde la vida no puede existir, donde las flores no se abren a la vida, donde el agua está tan lejana que ni un simple riachuelo es capaz de atravesar una de sus dunas, el poder de lo inenarrable se encuentra por encima de todo. En el desierto la vida existe, solamente que no somos capaces de verla. El hombre ha querido aplastar a aquellos que sí la han visto. Aquellos que son envidiados por todos con la simple definición de «no ser como los demás». Y ¿porqué no son como los demás?, porque se encuentran abrazados por la fuerza de saber quienes son, donde están y para quien caminan. Sin estos valores todos los demás carecen de sentido y la humanidad hoy está atrapada en ello. Por muchos años que pasen, por muchas guerras y genocidios se inventen jamás podrán borrar lo que es imborrable. Sustituir lo que es insustituible y conquistar lo que es inconquistable. Por encima de todo está la verdad de las naciones. Por muy insignificante que esta sea, pues muchas son las veces que por ser distintos son odiados. Por saber más que nosotros intentamos callarles y por estar mucho más adelantados procuramos borrarlos de la faz de la tierra. ¡Pobre el hombre que se cree superior a todo aquello que es imposible de dominar! Igual que las hormigas van paso a paso creando su hábitat los que dicen llamarse civilizados no encuentran sino piedras en el camino, a pesar de estar envueltos en riquezas y poder. Lo singular es innato por mucho que lo intentemos borrar.

Mentiras y obsesión

Cuando el mentir se convierte en obsesión el camino se estrecha. Las luces se apagan y el destino se convierte en el mayor de los enemigos. Mediante la mentira se intenta alcanzar lo que sea y a costa de lo que sea. Se está dispuesto a todo porque la obsesión se ha apoderado de nuestra mente y pretendemos salir airosos de esa cloaca. Pero la verdad acecha. La verdad escucha y sobre todo asiente de que nuestra equivocación se está aferrando a nuestro poder. ¿Cuántas mentiras hacen falta para que un hombre se crea todo aquello por lo cual miente? La verdad no necesita ser defendida porque es una sola sobre todo lo demás. Mientras que las mentiras necesitan de maquillajes para no ser percibidas. Estamos saturados de mentiras porque no somos capaces de llegar donde queremos solos. De conseguir proyectos y de crear leyes que se ajusten a la libertad, a los derechos. Necesitamos mentir para que se nos crea pero no creemos que un día esa mentira será la cadena que nos hará caer al suelo. Una mentira no retrasa los hechos solo retrasa las consecuencias. Quien vive de mentiras vive en su propio laberinto sin salida. «En una época de engaño universal, decir la verdad se convierte en un acto revolucionario» George Orwuell. ¿Hacia dónde caminamos que estamos tan ciegos de ver la verdad?

Mirando al mar

Estaba la gaviota aquella tarde de noviembre. Miraba al mar y me hizo entender que el mundo no se acaba ahí. Que el horizonte solamente nos limita hasta donde nosotros queramos, porque el horizonte es infinito. Tras de él se esconde esa realidad que no entendemos hoy, ahora, pero mañana se nos hará visible siempre y cuando nuestra ilusión no sucumba ante las piedras del camino. Y permanecía ensimismada en aquella tarde de un sol brillante a la vez que frío. Un poniente que escribe sobre las arenas de la playa los recuerdos de una apacible tarde de otoño.

Un pozo lleno de historia

Silencio y paisaje. Plenitud e historia que permanece adosada a sus paredes. El monasterio Jerónimo de Murtra te sorprende a la vez que te intriga. Este antiguo cenobio de la orden Jerónima de estilo gótico de principios del siglo XV permanece anclado en el tiempo. Fundado por San Pedro de Ribas, en la comarca catalana del Garraf fue lugar de encuentro de los Reyes Católicos con Cristóbal Colón en su primer viaje a América. Sólo hace falta despejar las hojas del tiempo para encontrar en España lugares de tal interés que apenas somos capaces de memorizar. Viajar y descubrir es la más bella de las lecciones que el ser humano puede aprender.

Cerrar la puerta

Todos nos hemos enfrentado alguna vez a una situación de tener que romper una etapa de nuestra vida para salir adelante. La decisión no es fácil y existen muchos motivos por los que en algún momento de nuestra vida se nos presente. Cuando detrás de esa puerta quedan almacenados los malos acontecimientos que han dibujado nuestra vida, la recompensa es muy alentadora y agradable. Muchos no son capaces de hacer frente a ese instante con lo cual dilatan la decisión durante mucho tiempo. Se hacen daño a ellos mismos y a cuantos nos rodean. Sólo se trata de voluntad y si la vida, por la circunstancias que sea nos indica que hay que ser fuertes, no lo dudemos. Muchas veces el grueso de esa puerta nos impide ver cuantas posibilidades tenemos de sobrellevar pesares, de reiniciar nuestros proyectos de vida o algo tan simple como crecer.