La noche de Reyes trajo algo muy especial a la isla de Fuerteventura. El nacimiento de dos «gelfos» (camellos canarios) en la granja Dromamilk Camel. Todo un acontecimiento porque se trata de una especie en peligro de extinción. El nombre de «Amanecer» fue elegido por su simbolismo. El inicio de un nuevo día y la esperanza de un mundo mejor. Por otro lado el nombre de «Tacho» es como reconocimiento por su labor y referente en investigación veterinaria del profesor y catedrático Anastasio Argüello de la ULPGC. Especie única y en peligro de extinción. Raza autóctona de las islas canarias. Durante siglos desempeñó un papel fundamental en la economía de las islas, el trasporte y la agricultura. Buen comienzo para la vida que debemos proteger y a nuestro entorno. Todo un reto para las generaciones futuras.
Hemos comenzado un nuevo año y ahora toca hacer balance de lo que nos vamos a ir encontrando en nuestro camino. El mapa de nuestro tiempo se ha visto sacudido por tantas cosas que apenas podemos crear líneas rectas en nuestros diarios ni futuros proyectos que aún se ven muy distantes de nuestras intenciones. El sendero de la viña ha creado una ruta para llegar a una futura estación, la tranquilidad, el progreso y todo aquello que hemos ido formateando en nuestra imaginación. Entre dos aguas nos encontramos y apenas sabemos si el río es muy profundo o sin embargo apenas nos llega el agua a la cintura. Ese será el interrogante que habremos de vivenciar. ¿Depende del hombre? o ¿tan vez dependa del tan manido cambio climático que acecha? El hombre es quien da las ordenes y aunque estas sean equívocas todos han de dar su visto bueno. De eso se trata el poder y también de eso se trata la no libertad. Locos desterrados de mundos cibernéticos que ahora se instalan en los países más poderosos del mundo y rebeldes que enmascaran sus creencias basándose en las enseñanzas de dioses o dictadores hambrientos de maldad e injusticia. Abriremos la primera pagina de este diario con una gran interrogación. La respuesta la encontraremos únicamente en nuestra actitud frente a los acontecimientos. El hombre fue creado para pensar y como tal debe creer en él mismo y no en lo que otros desean que crea.
Feliz cumpleaños. Sí. Porque todos cumplimos hoy un año más en nuestro planeta Tierra. Unos a una hora y otros a otra, pero cumplimos. Hacer balance se ha convertido en algo muy normal, lo que no es normal es que apenas intentamos proponernos todo aquello que sin dudarlo sabemos no haremos. Y así desde que el mundo es mundo porque detestamos cambiar. Nos acostumbramos a unas reglas preestablecidas que lo único que hacen es absorber nuestro yo personal y auténtico. Estamos sucios porque sin quererlo nos hacemos cómplices de quienes nos manipulan bajando la cabeza y eso no es bueno. El hombre tiene que ser consciente de lo que es y no dejar que nadie fije sus pasos ni trace su futuro. Tiene el poder de decidir y de plantarse y aún así cuesta conseguirlo. ¿Dónde está la inteligencia humana? Hoy en día la inteligencia artificial nos va pisando los talones de una manera desorbitada y también hay que reconocer que es buena, pero nunca llegará a donde el hombre no desea que llegue. Decisión y respeto sin confundir fronteras ni destrozar la esencia misma de la persona como tal. Hoy terminamos un año lleno de barro, corrupción y falsedad en el que todos hemos puesto un granito de arena con nuestra manera de comportarnos. Los que llegan de otros países nos piden asilo y los que se entronizan sobre nuestras vidas no nos hacen posible que remontemos a las calamidades. Estamos sucios y lo sabemos pero es mejor mirar para otro lado. Siempre habrá una oferta mejor a la que agarrarnos. Espejismos que no nos llevan a ningún lado ya que todas las esquinas de este futuro que se nos brinda son redondas y no podemos agarrarnos a ellas.
Este es uno de los rincones perfectos que nos podemos encontrar en las ciudades durante los meses de noviembre y diciembre. Olor, brasas y guantes de lana. Ilusión. magia y mucha luz. Luz que nos proporcionan las miles de bombillas que adornan calles y casas. Tras los cristales empañados de vapor distinguimos a numerosos personajes que, tras haber comprado un cucurucho de castañas calentitas rematan la merienda con un chocolate caliente. ¡Ay que poco cuesta ser felices con tan poco! Lo demás nos viene por añadidura. Competencia, maratón por hacerse con lo mejor y sobre todo inventarnos esas vidas que todos desearíamos tener pero por desgracia no las tenemos. ¿Y qué pasa entonces?, que seguimos anclados en la mediocridad de las normas establecidas por unos cuantos y que solamente se crean para beneficio propio. Lo sencillo que es encontrarnos con esos rincones perfectos donde tú eres tú y los demás son los demás. Sin importar que nos miren o no mientras saboreamos esas castañas tostadas que se nos brindan en las frías tardes de noviembre y donde solamente una bufanda de lana esperanzada, unos guantes de color y el olor a fiesta nos hacen sentirnos inmensamente felices. Escuchemos la canción de ese tiempo que sigue vivo en cada uno de nosotros.
Llegaron las nieves a la isla de Tenerife y con ellas el Teide posa como cada año. singularidad y belleza enmarcada por el cielo azul de diciembre. Sobran las palabras.
Si encontramos una razón para llegar hasta la puerta de los cuentos ya será todo un éxito, porque en los GPS se olvidaron de incluirlos. Ello nos llevaría demasiados días hasta encontrar el verdadero camino. Pero existe un método infalible al que nadie se puede resistir. Sacar un billete en la estación de los sueños. Sin lugar a dudas dichos método de trasporte nos llevarán al lugar indicado. Son tantos los lugares del mundo que albergan ciudades encantadas que nos sorprenderíamos de verdad. Yo he estado en una de ellas y me ha hecho sentir la magia de los cuentos, a pesar de que muchos las han convertido en ese negocio fácil del consumo. Pero no me he asustado con ello y creo que la predisposición de cada uno que viaje a ese mundo encantado será la brújula que no le permite perderse.
El tiempo lo mide todo. Aunque apenas apreciamos ya su capacidad porque se ha perdido el respeto al tiempo. Al de las personas, al de los acontecimientos y a todo aquello que nos marque unas pautas ajenas a nuestras decisiones. No hay valor hacia las cosas y hacia todo aquello que el tiempo nos ha dado porque no somos capaces de buscar su significado y su meta. Tampoco se respeta el tiempo de las personas, aunque sean ellas las que en primera medida nos proporcionan el espíritu del tiempo. Nos negamos a que el tiempo lleve las riendas de nuestra vida y deseamos estar siempre maravillosos pero en esa maravilla que se denomina existencia están instaladas las doctrinas del tiempo. Según la astrología existen millones de caminos en las galaxias donde se escriben nuestros tiempos. Nuestra hora de nacimiento, lugar, ascendentes y formas diversas de catalogar en lo que nos vamos convirtiendo tras nuestra irrupción en el mundo. Nadie es igual pero todo nos parecemos porque la vida es una y los canales de trasmisión siempre se cruzan. Dejemos de recordarle al tiempo cual es su papel. Él mejor que nadie lo sabe y ni la ciencia es capaz de contradecirle. Podrá engañarle con artificios lucrativos para muchos, pero nunca sustituirle porque el tiempo está compuesto de algo inalcanzable para el hombre, su libertad para actuar.
Mientras la tarde cae en su calma complaciente de un mes de noviembre juguetón y despistado, el aroma a mediterráneo se escurre por nuestra piel trayendo aromas imborrables. Tarde calma a orillas de la Costa Brava que reúne todos las pinceladas de un sol de muchos lienzos y de muy pocas palabras, porque la belleza ya lo dice todo. Fiel reflejo de un viaje y también de un retorno a la sabia paciencia de los recuerdos enmarcados. Frente a ese mar podría estar horas y horas sin detener esa incesante búsqueda de lo que un día fue y ahora nos muestra su legado. ¿Qué sería del mundo si todas esas tardes calmas confluyeran en el deseo mismo de un volver a vivir? Pienso que tal vez muchos los problemas que hoy nos amenazan se verían mitigados al observar tanta belleza en el espejo de ese mar que espera, condiciona y hasta nos incita a regresar.
¿Está la sociedad preparada para rebelarse frente al cazador? A mi entender estamos bastante alejados de ello porque a día de hoy todavía nos dejamos engañar. Existen muchas clases de cacerías. Aquellas en las que el hombre debe hacerlo para vivir y las que son los hombres los que intentan cazar a los mismos hombres. Todo se exculpa a la hora de hacer caja. Los que intentan hacernos creer que hay que reducir las plantaciones agrícolas, las ganaderas y todo aquello que presumiblemente están dañando al medio ambiente. Por otra parte está la plutocracia que es cuando el poder público está en manos de los más ricos. También tenemos la cleptocracia, muy común en todos los gobiernos, ya que los líderes políticos se enriquecen a costa de los recursos públicos socavando el desarrollo económico y social de un país. Es lamentable tener que contemplar como la mentira crece y la inmoralidad se extiende a pasos de gigante. El tablero del ajedrez está más activo que nunca y las chisteras de los magos sacan ideas nuevas y coloridas para hacernos extasiar. Nada es cierto y sin embargo seguimos creyendo. Mientras los animales pastan ya están la leyes cortando su libertad. Vigilar para cazar es la sintonía que nos hace vulnerables cada día. ¿Cómo el ser humano ha perdido la capacidad de reacción de esta manera? Por desgracia si no somos capaces de querernos a nosotros mismos, quién lo hará.
Insatisfacción. Schopenhauer decía: «El ser humano va de la frustración de no satisfacer su deseo al aburrimiento al haberlo cumplido» . Todo un mundo de contrastes y de expresiones que definen al genio que se rebela contra la natural belleza de las cosas. Genio o loco. No sabemos bien como definirlo porque Dalí era ambas cosas y de las dos sustentaba la libertad que fluía de su mundo imaginario que no era otra cosa que el espejo de sus frustraciones. Nada más lejos de la locura y nada más cerca de esa realidad con la que mostró siempre la esencia innata de su personalidad.
¿Qué es un olivo? El olivo es un árbol centenario de gran belleza y originario de las zonas más cercanas al Mediterráneo. Puede llegar a medir hasta 12 metros, color verde oscuro y tronco grueso. Este mágico árbol encierra muchas historias. Existe la creencia de que representa la inmortalidad. Desde la antigua Atenas ya se conocía pero su aparición data de más de 4000 años A.C. También simboliza la paz y la armonía. Hoy en día es un icono en organizaciones mundiales. Podemos atribuirle grandes beneficios. Sanación: por sus propiedades medicinales únicas. Inmortalidad: árbol longevo, 2000 o más años de vida. Fertilidad: el aceite de oliva posee grandes propiedades durante la fertilidad y el embarazo. Victoria: símbolo que se entrega a ganadores (coronas con hojas de olivo) Paz: símbolo de la paz mundial.
El poeta Miguel Hernández en sus poemas nos daba el mensaje principal de la vida. La fortaleza, la perseverancia es lo que impulsa a seguir adelante a pesar de las adversidades. Muchos pueblos, muchas naciones son víctimas de ese cansancio natural que los fenómenos climáticos propician a la devastación, con las consecuencias que conllevan. Migraciones por el mundo en busca de un futuro que no descansan hasta encontrase con él. El olivo es un símbolo de todo ello por su coraje frente a las malas rachas y las crisis mundiales. Desde esos campos saben mirar al sol día a día con esperanza ofreciéndonos su sombra y su alimento.
El hidrógeno verde es un gas efecto invernadero que podría reemplazar al diésel. No se trata de una idea nueva ya que la NASA lo ha utilizado en sus lanzamientos por su poco peso, su abundancia y carente de efectos contaminantes. El hidrógeno y el hidrógeno verde no son lo mismo. La mayor parte del hidrógeno viene de gases naturales, hidrocarburos líquidos, carbón y combustibles fósiles. Este proceso se le conoce con hidrógeno gris. Pero su contaminación es extrema. La versión verde abraza la utilización de agua. Asimismo necesita de diversos para llevar a cabo el proceso. El hidrógeno verde gana importancia y se cree que jugará un papel importante en la transición ecológica. «Sin azul no hay verde. Sin agua no hay vida» «No eres lo que tienes, eres lo que das».
¿Cuánta vulgaridad moral estamos presenciando a diario en el mundo? Las naciones, los países se han ido deteriorando desde el principio de los tiempos pero ahora más que nunca el amoral devenir de la humanidad está entrando en cánones nunca vistos. Todo se resuelve desde un sillón y a pesar de no saber ni sentarse se aferran a él como a un barco hundiéndose. Ya de nada se avergüenzan ni tampoco se sienten aludidos a dar explicaciones de las malas prácticas que les adornan. Todo está en conseguir, pero en conseguir a costa de lo que sea. La vulgaridad moral de aquellos que presumen estar de parte de los principios y derechos de las personas son los que nunca han conocido principios ni tampoco derechos porque están tan escasos de ellos que se tornan agresivos con la ley, despiadados con los demás y despreciables con sus valoraciones. No hay que mover demasiado el «fango» para ser inquilino del mismo ya que se han ido hundiendo en el mismo lodo que fueron publicitando meses atrás. La moral está dañada por la vulgar estrategia de quienes desean seguir paseando sus ideas nocivas por el mundo porque aún viven en la ignorancia de creer que pasarán a la historia como héroes.
La justicia no es igual para todos y por mucho que nos mientan les delatan sus declaraciones. Los ciudadanos no se miden hoy en día con el mismo metro porque aunque parezca mentira siempre hay otro nivel que no se moja con las desgracias ni reconoce sus fallos. ¿Dónde está la igualdad? Cuando un país está consternado por la falta de empatía, por la valoración que las instituciones y ofrecen por buenos los residuos que otros no quieren. ¿Hay alguien que no se sienta reconocido, valorado, escuchado cuando una catástrofe natural le ha arrebatado todo? Creo que la respuesta es obvia con los momentos que vive la Comunidad Valenciana. Existen como han existido siempre «ciudadanos de segunda» y hoy más que nunca los tenemos junto a nosotros. ¿Quiénes son los diseñadores de estos conceptos? Aquellos que nunca van a perder nada. Los que siempre tendrán respuesta para las preguntas comprometidas, haciendo encajes de bolillos con promesas vanas y mentiras solapadas. Cuando se escurre el bulto para no dar la cara frente a una desgracia. Eso sí, procurando que todo esté bajo control para hacer más daño todavía. No es el momento de poner tiritas ni bajar la cabeza porque si nos descuidamos la perderemos también. No es la hora de aguantar ni de enervar más los sentimientos de quienes lo están sufriendo. Es el punto de partida para crear un «basta ya» rotundo y sin esquinas, porque siempre se suele esconder en alguna de ellas la resabiada venganza de los que llevan demasiado maquillaje. Con cerebro todo se consigue ya que en las cabezas de aquellos que nunca «van a perder nada y se las saben todas» su caducidad les ha puesto en la cinta de salida. La resiliencia que existe hoy en nuestro país es inmensa para desaprovechar este momento. La prontitud es clave y la decisión también lo es. ¡Cuánto vamos a perder todavía si actuamos con la pasividad de los gobiernos que han hecho que se pierdan vidas humanas! No hay ciudadanos de segunda, pero sí que hay políticos de tercera.
Recibir la bonanza de la brisa a nuestro favor es una suerte, solo que hay brisas que desembocan en tempestades. Equilibrar nuestros esfuerzos sería un buen comienzo pero no todos están por la labor de renunciar a sus proyecciones o a sus futuro inmediatos. Los que puedan desplegar sus velas al viento estarán dichosos mientras que otros tendrán que conformarse con avanzar paso a paso entre los quebrantos del destino y la falta de humanidad de otros. La maldad se escribe hoy con letras mayúsculas en muchos sectores de nuestra sociedad. Se intercambian futuros por votos y se intenta hundir a todo aquel que no piense igual. La maldad proyecta sensaciones que hoy todavía no podemos descifrar pero el tiempo tiene todo el tiempo del mundo para dar a conocer esa gran verdad cocinada con el egoísmo y aderezada con el simulacro. Nada de esto parece ya prudente y sin embrago todavía caemos en esos «engañabobos» que nos están haciendo daño en los zapatos y mella en nuestros corazones. Estados Unidos comienza desde ahora un nuevo proyecto frente al mundo y selecciona lo que realmente le interesa. Sus mástiles están abiertos al viento y sus decisiones anidarán como siempre grandes victorias y también nefastas decisiones. El pueblo a elegido y así será. De lo reprochable ya tendremos tiempo para valorarlo pero sin lugar a dudas ha sido una respuesta ecuánime. No estamos en condiciones de valorar nada porque tenemos que empezar a cuestionarnos a nosotros mismos. La maldad no es buena consejera. La maldad destruye. Pensemos un poquito.
Cuando ya tenemos las calabazas preparadas el mercado se impone a nuestra voluntad del «hacer lo mismo» porque desgraciadamente son costumbres importadas donde damos valor a lo de fuera y no a lo nuestro. La sociedad se consume en una carrera de obstáculos por superar todo aquello de lo que no somos capaces de asumir. Halloween se ha convertido en el área de salida para todo el mundo. Con el pistoletazo de «truco o trato» y al unísono de mercados y mercadillos se abre la veda de las adquisiciones innecesarias y el consumo desmesurado. Comenzamos a bailar en la cola de esa «conga» que nos une por unos días al resto y donde todo se crea a toque de dinero y divertimento. Modas y modos de crear sociedad en mundos vacíos y taciturnos que no nos aportan sino locura momentánea, derroche y fiestas desenfrenadas que casi nuca acaban bien. Pero hay que celebrarlo. Sin apenas ser conscientes de ello y con muy poco conocimiento de su significado. Cada cultura tiene su tradición y nos hemos acostumbrado a tomar prestado lo del otro porque siempre hemos mirado fuera y hemos valorado muy poco lo nuestro. La fiesta de las grandes marcas y del consumo desbocado. Para las Navidades quedará poco en la hucha, pero no importa porque siendo optimistas lograremos inventarnos un camino para no dejar pasar ninguna oportunidad. Modas que se extinguen y modos de vivirlas dejando la cabeza a un lado del camino. Menos mal que las calabazas tiene luz propia para indicarnos el sendero.
Observando al niño, al adolescente y a quienes se sienten traicionados por los regímenes políticos sin apenas entender el por qué de tanta ansia de destrucción, es el caldo de cultico de unas generaciones que crecen en el odio y la venganza. ¿Cuántas veces vemos esas miradas perdidas de aquellos que no tomando parte de un conflicto ya se educan en el mismo conflicto sin quererlo. Las granjas de venganza son la antesala de la producción de más odio y venganza. Matar, destruir es el código que marca el avance de una humanidad desnortada y carente de futuro donde la violencia en toda su magnitud se hace la dueña de ese imperio llamado poder y en el cual nadie está exento de culpa y donde todos somos partícipes de la misma barbarie. La mente humana ya no conoce cánones de disciplina y en un mundo donde todo vale se acrecientan las conductas xenófobas, el maltrato y la violación de derechos en cuanto a raza, sexo y todo acto que impere por la fuerza y en contra de la voluntad de las personas. En mundos paralelos en los que muchas veces nos ha costado reconocer tanta maldad se nos hace imposible imaginar que solo el hombre es capaz de comportamientos tan deleznables. Y así como las máquinas y las tecnologías avanzan el hombre disminuye en su capacidad de ser por encima de todo. De hacer para que la humanidad prospere y de respetar a su otro yo sin causarle daño físico o mental. La persona no nace con odio en su sangre pero se tiñe de ella cuando procura llevar a cabo una contienda que solo le lleva a terrenos pantanosos. Nacerán miles de granjas de venganza hasta que la humanidad no reconozca que por medio de la violencia tiene perdida la partida de la vida. Hay que hacérselo mirar. ¿No creen?
Es un buen lugar siempre que nuestro trabajo sea legal y nuestro esfuerzo sea el oportuno. Ya se acabaron las edades en las que al grito del «amo» había que salir corriendo a rendirle pleitesía. Hoy es bien distinto y aunque tachen a muchos de rebeldes, más rebeldes deberían de salir a la calle a decir verdades y a demostrar que el lacayo fue desterrado de nuestra sociedad hace muchos años. Ser el primero, tanto de la fila como de cualquier ente público o privado es una razón de orgullo siempre y cuando no se trate de revanchas, hedonismos o niveles sociales. Hay que ser bien tonto para creerse lo que uno no es y echarle la culpa de sus fracasos al que se enfrenta sin miedo. Muchas son las verdades que esconden los que dicen creerse invencibles pero jamás intentan demostrar el camino que han utilizado para llegar a donde han llegado. El «y tú más» se ha convertido en el comodín frágil y sucio de no saber qué hacer ni qué decir. El primero de la fila sabe lo que hace y lo que compone, pero existen otros número 1 que solo saben descomponer la ley, la democracia y la evolución de un país. Están tan desnudos que apenas sienten el suelo donde pisan. Se han quedado convertidos en sombras de su propio sueño devastador.
Todo llega en su momento. Todo viene cuando estamos maduros. Todo llega cuando lo merecemos. La existencia está involucrada en este proceso y aunque no nos demos cuenta ansiamos que todo suceda al instante y eso no es así. Las nieves, los huracanes, las sequías y también las noches y los días. «Sin barro no crece el loto» y sin sol los girasoles no sacan sus caras y miran al cielo. Si no me crees mira. El otoño ha llegado y las altas montañas sacan sus blancas capas. Las hojas inundan las calles con sus variopintos colores dejando que nuestras pisadas suenen al son de sus melancólicas presencias. Es el viaje que comienza en ningún lugar y no tiene destino. Cada año diferente porque la vida no se repite, evoluciona con un nuevo rostro pero sin dejar de ser vida.
Nada hace presagiar que el hombre llegará algún día a entenderse con el hombre. Nadie es capaz de renunciar a nada y nada es posible mientras releguemos el diálogo a la razón. La palabra es el arma más maravillosa con la que el ser humano puede alcanzar sus proyectos, sus metas su intercambio con los demás. Nadie sabe escuchar pero sí que todos quieren meter la cuchara para llevarse a sus terrenos esos desafíos que destruyen, esa violencia que amarga y ese comportamiento que a veces nos parece inenarrable. Se habla mucho o tal vez demasiado de un problema que afecta a miles de personas en el mundo. La salud mental ha tomado su escaño frente a la observancia pública y a penas somos capaces de encontrar esa razón por la cual se ha colado en nuestras vidas. La mente y los problemas relacionados con la mente humana son el fruto de nuestro comportamiento con los demás. Intentamos echarle la culpa a esa falta de atención, a ese distanciamiento entre jóvenes y niños en los colegios y sobre todo en la escasa comunicación existente desde nuestra casa hasta nuestro entorno diario. El temor se ha instalado en la vida del ser humano y ya apenas es capaza de reaccionar por sí solo. Necesita un apoyo, una luz que el guíe porque la soledad le hace víctima de su propia existencia. Entender-se es saber por qué actuamos así y todos las cuestiones que nos hacen ser así frente a los demás. Mientras la palabra siga erradicada de la relación entre las personas, las naciones y los valores jamás seremos capaces de dotar al mundo, a la sociedad y a nuestro futuro de la estabilidad que merecemos. Dañamos nuestra salud porque el entendimiento de la razón nos va haciendo cómplices de esas malas prácticas que florecen a diario sesgando sueños, destrozando futuros y entronizando a la maldad como arma arrojadiza de quienes dicen ser los elegidos para luego caer en el olvido. Lo triste es que el daño ya está hecho.