Leer. Verbo transitivo

¿Por qué leer? La lectura es la interpretación del significado de algún tipo de información o idea en un soporte y trasmitida mediante algún tipo de código (visual o táctil). Entre los muchos beneficios que la lectura nos aporta tenemos la creatividad, las relaciones con los demás, la toma de decisiones etc. Es como llevar nuestro cerebro a un gimnasio. Debe gustarnos lo que leemos y sentirnos atrapados entre sus renglones procurando establecer una sintonía entre nosotros y el mensaje que subyace de las palabras. El día 23 de abril se festeja el Día del Libro, de la industria editorial y de la propiedad intelectual. promovido por la UNESCO el 15 de noviembre de 1995. Supuestamente se eligió esa fecha por la coincidencia de que los grandes de la literatura universal fallecieron dicho día. Hablamos de Miguel de Cervantes, Garcilaso de la Vega y William Shakespeare. Vuelvo a preguntar:¿Por qué leer? Sin lugar a dudas porque nos hace sentir felices.

Feliz día del libro

El legado de una sana conciencia

Jorge Mario Bergoglio, el Papa Francisco, daba por terminada su misión en la iglesia católica comprometiendo al mundo de continuar su labor. Como bien decía «el mundo se ha olvidado de llorar» porque «Los derechos humanos se violan no solo por el terrorismos, la opresión y los asesinatos, sino también por las estructuras económicas injustas que originan grandes desigualdades» Descanse en paz.

Destino

¿Qué es el destino? ¿Existe la certeza de que estamos en el camino idóneo? ¿Somos capaces de representar esas coordenadas que se nos muestran para hacernos vulnerables ante deseos caprichos y devastadores que al son de unos intentan doblegarnos? Ese destino incierto del que nada se sabe pero del que todo se intuye transforma la realidad en una partida de ajedrez mortal en la que ganar no es todo. Destruir es su misión. Al destino no le vemos, es invisible pero si que sentimos su respirar junto a nosotros. No volvamos la cara hacia lo que nos deslumbra, miremos solamente a través de su lenguaje. Todo tiene un comienzo y distraer nuestra atención es el camino más fácil. El destino lo escribimos cada vez que pensemos en nosotros mismos. Lo demás es humo. Somos los arquitectos de nuestro destino. Si no sabes hacia donde se dirige tu barco ningún viento te será favorable.

GAROÉ, el árbol del agua

Garoé, en la lengua amaziq significa río o laguna. También conocido como el árbol Santo o Sagrado. Se encuentra en la isla del Hierro y en el pequeño pueblo de San Andrés. Se dice que fue el salvador de los bimbaches, primer pueblo del Hierro que estaban condenados a morir de sed. A causa de un huracán en el siglo XVII el garoé original cayó derruido y en su lugar se plantó un Tilo. La magia de ese fenómeno natural de la lluvia horizontal hacen de la Ruta del Agua un lugar místico. Junto al Barranco de las Matas y a la montaña de la Pelota se halla el Garoé.

La alegría de ser imperfecto

Ser imperfecto es ser nosotros mismos. La imperfección es la huella que nos identifica de los demás haciéndonos auténticos. La perfección no existe. Ser imperfecto no es un problema, castigarse por ello sí. No se puede llegar a la imperfección sin al menos haber cometido un error, ya que un error es la oportunidad que se nos brinda de hacerlo de otra manera. Cuántos son los que caminan en busca de esa perfección y pierden sus días como el agua que se escurre entre nuestros dedos. Quizás lo que es imperfecto para unos para otros no lo es. Ahí encontramos la diferencia entre aquellos que no se conocen a sí mismos y los que miran a su alrededor para no cometer error. Arduo es el el futuro de los que creen gozar de esa perfección que cada día recorta la verdadera belleza de su yo más profundo. El vacío, ese espacio frente a mí que susurra y complace. Sonriendo asiente con su enorme belleza y sin cuestionar la perfección de lo que ve. Solamente se siente y hace que no renuncie a esas experiencias que me piden poco, que me piden una pérdida de amplitud porque mi espacio es suficiente para abrazar ese vacío, ese elogio a la no dualidad de las cosas ni de las personas. Somos únicos e imperfectos. El trato diario con el vacío es dejarse instruir por el mismo vacío.

Mover la silla

Cuando las posaderas y los estómagos agradecidos llevan una relación perfecta es muy difícil que abandonen esa silla que les hace los amos del mundo y los reyes de mambo. ¡Cuántos se apoderan de dicho mueble y ni a porrazos se les logra levantar¡ Pero la suerte es muy caprichosa y el destino puede llegar a hacerles pasar un mal trato. Eso sí, elucubraran y retorcerán todos los argumentos que les vinculan para hacernos creer que los equivocados somos nosotros. Y ahora con la guerra y sin soldados preparados, porque desde los soldaditos de plomo de la infancia no han tenido contacto estrecho con una verdadera invasión. Menos mal que la invasión es solo de emigrantes que un día dirán: qué hacemos aquí y crearán su propio país sin que nadie los detenga. Igual que abejas en panal de rica miel, como lo es el Congreso de los Diputados, y que a todos mantiene el dulce sabor de echar mano de lo que sea y si sobra algo también para ellos. Las mentiras caen desde el techo a la primera declaración de los asistentes que más tarde corroboran sus deslices con toda una serie de dimes y diretes que estropearán más el problema. Con las narices encendidas y la gargantas rasgadas de tanto griterío nadie se salva del espectáculo. Pero las sillas están ocupadas, igual que los pisos de quienes trabajaron toda su vida para hacerse ese refugio a la hora de jubilarse. No importan las personas, solo los logros. Y esto es mucho más grave que un guerra.

Avivando el miedo

No por eso deja de ser curioso el que todos estemos creando un ambiente de miedo por las influencias a las que nos vemos sometidos cada día. Miedo sensación desagradable frente a lo desconocido. Los torrentes de información alimentan las páginas de las noticias con el fin de ser el que más miedo nos cree. Esa arma de doble filo que muchos utilizan para hacernos creer que todo está bien o que sus afirmaciones son las verdades que estamos deseando escuchar. Y yo frente a tanta absurda obediencia de quienes contemplamos a un mundo que se parte y se deforma añado. ¿Qué vamos a hacer con tanto emigrante que llega a nuestras costas? ¿Seguiremos dándoles amparo teniéndolos de un lado a otro de nuestras ciudades como parásitos? Hasta el punto de que albergues y hoteles llenan sus habitaciones por falta de un espacio digno. Vamos a estar colgados de las decisiones de aquellos que en nada se implican pero quieren ser solidarios. Nada de esto cabe ya en esta sociedad ambigua y taciturna donde cada vez más nos hemos ido acostumbrando a no ver niñas ni mujeres emigrantes por las calles. ¿Dónde están esas embarazadas, esas niñas de corta edad que sí que viene en los cayucos? Todo se reduce al silencio, a la mala gestión, al paseíllo por Europa y al cerrar fronteras para no implicarse en nada. Ejércitos de marroquíes, de musulmanes y de cualquier culto que se cuelan en nuestro país con un puñado de sueños o con esa condición de vulnerabilidad frente a las mafias. Avivar el miedo para no perder. ¿Perder el qué? El poder. El enemigo de todas las culturas y de todas las civilizaciones. Mirando al norte perdemos de vista el sur, menos mal que todavía no hemos abierto la caja de pandora y nos descubra todo lo que ya se ha escrito, firmado y decidido por nuestros gobernantes. A partir de ahí «no hay retorno».

Vida y libertad

Hay que partir de la hoy indiscutida e indiscutible premisa de que se trata del derecho más originario y primario del hombre. El derecho a la vida es inherente a la persona humana. La dignidad de la persona se funde en su ser. Es un «quién» y no un «qué». Lo es siempre, desde el momento de su nacimiento hasta el momento de su muerte. Es un ser para la eternidad y su valor no depende esencialmente de lo que tiene sino de lo que es. El movimiento migratorio que sufre nuestro país y más especialmente en Canarias está poniendo al hombre como un ser molesto, invasor de nuestra tierra y de nuestro futuro aún a sabiendas de que en la historia de nuestro país los movimientos migratorios fueron el escape y el futuro de varias generaciones. Dos mares unidos en un punto en común se convierten hoy testigos mudos de muchas vidas que se pierden en sus aguas o que a duras penas logran abrazar un trozo de tierra segura. La libertad del hombre a moverse en busca de un futuro es ahora mismo el yugo que la sociedad impone mucho antes de zarpar en esas barcas que muy pocas veces llegan a su destino. Las mafias oportunistas que viven de la sangre del que huye se vanaglorian de sus hazañas creando caminos inciertos sin visión de un futuro mejor. No queremos mirar y sin embargo todo pasa frente a nuestros ojos para llegar a hacernos más cómplices de ese éxodo que cubre gran parte de nuestro planeta. El mar escribe historias aunque jamás lleguen a tierra. En su esperanza se funden si es posible las manos amigas que se les tiende aunque nunca lleguemos a ser lo suficientemente valientes para ponernos en un cayuco frágil y sucio y salir al océano en busca de una nueva vida y libertad.

Tierra Verde

Groenlandia, isla en la zona nororiental de América del Norte, entre el Océano Atlántico y el Océano Glaciar Ártico. Políticamente es constituyente del reino de Dinamarca. «La isla más grande del mundo» y en la actualidad está en boca de todos por temas geopolíticos. Hasta ayer poco escuchábamos de ella pero ahora estamos ante una admiración corrosiva de muchos que buscan enriquecimiento de sus entrañas. Por un lado buscamos frenar el cambio climático pero por otro lado nos va el afán de riqueza y destrucción. Cuando en el año 982 el marino y explorador vikingo noruego Erik el Rojo, 950-1003 debido a que había sido proscrito de Islandia por asesinato, navegando hacia el oeste descubrió una enorme isla a la que llamó Gronland y cuyo significado es «tierra verde». Los inuits es el nombre genérico de los grupos humanos que habitaban la isla. Los paraísos perdidos del planeta requieren un respeto y una conservación. Si todos buscamos saciar nuestra sed explotando los recursos de la naturaleza estamos cavando nuestra propia destrucción. Mirar con curiosidad lo que ésta nos muestra y no el reclamo de hacer lo que nos apetezca. Enfrentar a los pueblos intentando privarles del suelo que pisan es un delito. Muchas zonas verdes están transformándose en desiertos y demasiadas civilizaciones se ven obligadas a vivir huyendo. La tierra nos da para vivir y no para ser explotada. El poder intoxica tanto que termina afectando el juicio de los dirigentes. (Síndrome de Hubris)

Escucha

Escucha…haciendo partícipes a los demás de las palabras del mar. Del resurgir de las olas y del palpitar de la brisa. Vacío. Sonriendo, el vacío asiente con su enorme belleza. Vacío, espacio frente a mí. No renuncio a él y a sus experiencias. El trato diario del vacío es dejarse instruir por el vacío. Escucho ese silencio al que vuelvo, a ese lugar conocido de siempre y que por muchas primaveras que se fragüen frente a mis ojos siempre descubriré ese destello único de lo no descubierto. Esa compañía de algo envolvente donde todo se ha dicho. Al otro lado del mar se oirán mis palabras, por muy lejos que esté porque nuestra existencia está involucrada en este proceso. Es paciencia perfecta. No anticipa ni retarda, simplemente deja suceder.

¿Qué es lo que queda?

Muchos nos hemos hecho esa pregunta pero lo cierto es que apenas sabemos la respuesta. ¿Qué es lo que hemos perdido? Nos parece algo tan usual y sin embargo cada uno de los pálpitos de nuestra vida están vinculados a ello y tienen un lenguaje distinto. Carecemos de valor porque ya no nos asusta nada de lo que vemos. Ahora y más que nunca contemplamos la muerte y apenas nos sobrecoge. Hemos renunciado al «saber». El don que a nadie se nos prohíbe y sin embargo nos da pereza sumergirnos en él. Qué es lo que queda?. Esa marca imborrable y que jamás podremos borrar, el recuerdo. Esos compañeros de nuestra vida que lo dieron todo por nosotros y que ahora apenas recordamos de lo que aprendimos de ellos. Hay otros momentos que nos motivan porque la vida es un tren en marcha sin posibilidades de apearse. Demasiadas experiencias pero muy pocos recuerdos ya que estos se guardan y las experiencias son efímeras si nada sacamos de ellas. ¿Qué es lo que nos queda hoy? Rencillas, enfrentamientos y muy poca reflexión. Los recuerdos sobrevuelan sin detenerse porque no hay tiempo para ellos, son cosas de un pasado que ha estado entre nuestras manos y hemos terminado por hacer trizas de todos ellos. Lo que queda es; miedo, mucho miedo.

Marzo y los estorninos

Apenas el mes de febrero ha desaparecido en el camino de las estaciones, el mes de marzo rompe con todos los esquemas abriéndose paso a un nuevo renacer. Marzo, nombre latín de Marte, dios de la guerra y donde el aguamarina y la piedra de sangre resurgen en una conspiración natural a los ojos del hombre. Un hombre que apenas siente ya la poderosa llamada de ese renacer a la experiencia, al bullir de nuevas sensaciones y al verde esperanza que se marchita día a día contaminado por las geopolíticas devastadoras donde no cabe un ápice de cordura ni un deseo de encontrar paz. Marzo barrunta tiempos de difícil solución en un planeta cansado y sucio al que apenas dejamos respirar. En el cielo he visto las bandadas de estorninos que cruzan como cada año la atmósfera iniciando nuevos rutas de un hemisferio a otro para crear sus nidos y que cada vez les cuesta más encontrar el rincón adecuado. Con sus coreografías realizadas con la más bella sinfonía nos recuerdan la poderosa y vibrante esencia de la vida misma. Únicamente que ya no miramos al cielo ni percibimos de sus sonidos. Nos hemos sumergido en lo oscuro y la vida sin luz carece de sentido.

«Quienes no ven más allá, al no ver, tampoco sufren por ello»

Poetas de la diversión

La fiesta de las carnestolendas ha hecho su aparición a pesar de que el mundo en el que vivimos se tambalea cual barquito de papel frente a la incertidumbre que azota a la humanidad. Pero la diversión existirá mientras que el mundo sea mundo y los hombres traten por unos días de diversificar los problemas y de alimentar los sueños. Como poetas de la diversión se apoderan de calles y plazas construyendo versos, pasodobles o simplemente alguna que otra manifestación de descuerdo frente a los problemas. Nada hará cambiar al hombre mientras exista la poesía, la música o simplemente el pasacalle lleno de colores futuristas que alegren nuestras miradas. El carnaval se apodera de nuestras vidas y aunque parezca irrisorio todos tenemos un momento para expandir y hablar de aquello que sin una máscara no seríamos capaces de mostrar.

Líderes o jefes

Un líder es una persona que dirige un grupo. Que tiene la capacidad de influir, estimular e incentivar a sus integrantes para dar lo mejor de cada uno y lograr sus objetivos comunes. Dirige y exige al grupo desde un lugar de igualdad, de acompañamiento y de colaboración. El respeto y las actitudes junto a la autoestima de tos sus integrantes para el fortalecimiento de los mismos. En la actualidad la figura del líder se ha trasformado en jefe o especie de líder pero con autoridad y poder. El líder tiene un sentido positivo porque guía a base de valores. Dirigiendo desde un lugar de hermandad y empatía y jamás desde la superioridad. Cosa que ha ido socavando dichos valores y creando imperios absolutistas, egocéntricos y dictatoriales que procuran el enfrentamiento entre los mismos integrantes de dichos grupos. La escucha pasa a un segundo término para no tener que hacer partícipes a los demás de decisiones importantes. Como guía no existe lugar ni ejemplo haciendo de las órdenes preestablecidas una cuestión de imposición premeditada. Un liderazgo es una capacidad que requiere de aprendizaje y aquellos que creen estar preparados para todo se trasforman en el veneno de todo progreso. Adaptarse al entorno en cada época y en cada persona a las que se representa es sin lugar a dudas la mejor baza para su liderazgo. De líderes a dictadores solo existe un paso. No te conformes con lo que necesitas, lucha por lo que te mereces. Simón Bolívar, Chanel, Nelson Mandela o Bill Gates, pueden representar a una parte de ellos.

«Solo se aguanta una civilización si muchos aportan su colaboración al esfuerzo. Si todos prefieren gozar el fruto, la civilización se hunde. (Ortega y Gasset)

Febrero

Acabamos de empezar el mes más corto del año. Se llama así en honor a la «frebrua» en los Lupercales o festival de purificación en la antigua Roma. Mes protegido por Neptuno dios de las aguas con su tridente y con un pie apoyado en una gruta formada de cascadas. Caballos de Neptuno y naves con sus aparejos. Aves, corales y conchas. «En febrero los recuerdos encuentran su lugar».

Año del Dragón

Los chinos celebran su Año Nuevo y celebran con alegría la llegada de esa serpiente de madera cargada de buenos deseos y promesas. Atrás quedan páginas de la historia que entristecen al mundo y donde aún hoy permanecen vivas en nuestra retina. Cuando el Covid hizo su interrupción en los preparativos de aquel año nuevo que vendría marcado por la tragedia, el miedo y la incertidumbre del mundo frente a algo que desconocíamos, todo quedó parado en seco mientras las calles del emblemático país se vaciaron de vida y se llenaron de tristeza. No solamente sería China sino que paulatinamente iríamos cayendo como fichas de un dominó todas las naciones del planeta. Escalofriantes momentos que marcaron un antes y un después en la historia de la humanidad. Bajo la luz de la llegada del dragón China se reinventa como cada año pero el mundo es bien diferente. Las grandes potencias mundiales no se dan la mano ni tampoco se incluyen en la prosperidad de las naciones. El gigante chino despierta de su letargo más fuerte que nunca y la sumisión ya no forma parte de su idiosincrasia. Todavía no apreciamos el verdadero alcance de una inteligencia tan estremecedora como la que hoy utilizamos como un pasatiempo y sin embargo podría hacer desaparecer el mundo en el que habitamos.

Sentido y sensibilidad

Cuando las naciones pierden sus raíces el hombre que las habita se torna diabólico en contra de todas esas culturas que no entiende. ¿Y por qué no lo entiende? Pues porque su deseo de cercar todo aquello que hace suyo está tan superior a él que pierde la visión de toda razón y de todo compromiso. Estamos presenciando muchas de esas maneras de hacerse con el poder anulando el sentido y la sensibilidad de las culturas, las libertades y la herencia que nos ha hecho ser lo que hoy somos. Señas de identidad de los pueblos, de las naciones que ahora se devalúan otorgando su razón de ser ante las amenazas de quienes sin derecho alguno tratan de diseñar un mundo al que no pertenecen. Como errantes en un desierto que nunca les proporcionará la victoria por la cual luchan contra sus propias sombras.

Comerse el mundo

Todos hemos soñado alguna vez que nuestros sueños se hagan realidad pero saber aprovechar al máximo todas las oportunidades que se nos presentan en la vida es algo que a veces se nos escapa. Los hay y muy buenos, porque a pesar de que la vida les ha provisto de todo aquello que les hacía felices aún así se convierten en rastreadores natos frente a todo tipo de posibilidades. Hoy la historia del mundo se escribe con otras siglas, otros colores y otros sueños ya que el poder casi lo puede todo y la determinación es como la vara de apoyo para conseguirlo. Comerse el mundo es una forma coloquial de expresar determinación, ambición y confianza en si mismo. Unos se afianzan en sus ideas y juegan limpio en ese tablero del voto sin trampa ni cartón. Otros sin embargo se escudan en las derrotas personales bajo la manta de la mentira para lograr mediante el engaño aferrarse a sus ideas y doctrinas. El mundo es refugio de malhechores y de buenos gobernantes. De personas que buscan futuros y otras que los destrozan. ¿Cómo vamos a entender esa obcecación por comerse al mundo sin un proyecto de futuro equiparable al bienestar de todas las naciones ,al fin de todas las guerras y al robo indiscriminado de la riqueza del suelo para crecer sin escrúpulos ante la mirada de quienes se quedan sin nada. Hoy se escribe la historia de este mundo sin apenas haber hecho lo suficiente por ser humanos, por creer en el hombre y sus generaciones, pero sobre todo por comenzar un proyecto nuevo sin contar con los que van quedando atrás. Las bases de la civilización se entumecen porque sobra el ser humano. Hemos dejado en manos de la tecnología todo aquello que celosamente nos engaña anulando nuestra razón de ser. ¿Llegará algún momento en el cual el mundo doblegue al propio mundo? Sin dudarlo ya lo estamos padeciendo.

No ganó la libertad

En este planeta soterrado a las viejas costumbres, a las malas gestiones y al ansia de conquistar no podemos esperar otra cosa. Nos duele y mucho ya que las naciones no son justas con sus compromisos ni tampoco humanizadas con los derechos de sus habitantes. Cuando todo fluye de manera ostentosa sin un ápice de justicia y humanidad el río de la vida se desparrama como agua sin control. El siglo de los derechos humanos quedó aciago frente a las conductas destructivas de los gobiernos que una vez más elaboran sádicas leyes de colores de destrucción. Y todo vale en este siglo donde cada día se elaboran más y más normas y decretos con un solo fin, «destruir». La libertad pasó de largo y está pasando de largo por muchos lugares en los que la espesa memoria de aquellos que inventan para no pedir perdón crean barreras de acero entre los pueblos y su destino. El el avance y la producción se elaboren siempre a la medida de quienes se convierten en amos sin tener apenas la mayoría de edad. Esa libertad que hoy por hoy se arrodilla frente al chantaje y se desvincula de todo acontecer justo porque todavía el hombre no se despierta lo suficiente para conquistarla. ¿De qué tiene miedo el hombre? Tal vez nos hemos acostumbrado a que nadie nos respete. O por el contrario cada día más nos hacemos cómplices de esos cazadores de la libertad.