
Estamos anclados ante una realidad que apenas sabemos lo que tenemos, donde estamos o hacia donde vamos. Encontrar soluciones es difícil ya que apenas sabemos lo que en realidad queremos. Nos contentamos con ese ir y venir de nuestra programada existencia sin hacer un ápice de conclusión donde la ilusión se descompone al instante y la realidad nos va dejando poco a poco al descubierto ¿A qué árbol nos podríamos agarrar si de verdad necesitáramos hacerlo? Muchos desengaños y también muchas burlas grotescas que de los labios de muchos solamente ennegrecen un panorama oscuro y hostil que crece día a día. Todos al unísono nos atrevemos a condenar a aquel que no es de nuestro agrado pero que sin lugar a dudas encuentra ese pasillo para desafiarnos ¿Adivina cómo quedará la humanidad si todo aquello que se ha convertido en juguete preferido de algunos y harán lo posible por salirse con la suya? La adivinanzas o acertijos han estado en nuestras vidas desde tiempos inmemoriales para hacer trabajar nuestro cerebro y salpicar con poco de intuición todo aquello que, estando frente a nosotros, no somos capaces de descifrar al instante. Juego de niños, de abuelos, de amigos que desde siempre han unido la palabra a otra manera de descubrir lo que nuestra imaginación puede llegar a hacer. Adivinar es predecir lo futuro o descubrir lo oculto por medio de agujeros o sortilegios. Es adivinar la verdad por muy oculta que esté.