Ocho mil años

Observatorio del Instituto de Astrofísica de Canarias

Observatorio astronómico del Instituto de Astrofísica de Canarias (Izaña, Tenerife)./R.B.

Desde que el hombre lo descubre ha estado atraído por él. Y mucho antes que eso ya los hombres se regían por los puntos luminosos que veían en el cielo, a parte del Sol y de la Luna. Pero siempre ese espacio ha sido el misterio y el motivo de la conquista de las naciones.  Estamos tan lejos de todo ello que no podemos ni imaginar lo que aún desconocemos de sus orígenes. La vida más allá de nuestro planeta está todavía en pañales ante los ojos del hombre. Presagiando esas conquistas de la humanidad el célebre escritor Julio Verne nos trazó una senda a seguir en su fantasía por aquel entonces de sus viajes. En la actualidad esa fantasía ha cobrado vida propia y la realidad a ves supera  a la ficción. En este mes de enero del recién nacido año 2015 se nos muestra el cometa Loveyoy  que con su cola verde surca los cielos junto a la constelación de Orión y a la Pléyades. Tendrán que pasar más de ocho mil años hasta que la cola del cometa vuela a hacer un guiño al ojo del hombre, porque todavía quedan muchos misterios y muchas galaxias por descubrir. Mientras tendremos que contentarnos con los que apreciamos desde los telescopios o tal si queremos ir mucho más allá sumergirnos en las fantásticas historias de todos los tiempos.

Sonares del nuevo siglo

En la mitología escuchar voces provenientes de las profundidades marinas o del interior de las montañas era pronóstico de malos augurios. Los sonares se utilizan actualmente para sondear espacios inaccesibles al hombre y hallar causas por las cuales se ha producido algún acontecimiento o también realizar tareas de salvamento. Pero el sonar de la vida nos trae el malestar y la incertidumbre. Actualmente el planeta se ve inmerso en todo tipo de señales por las que tarde o temprano vemos sus resultados. Misterios sin resolver que se escapan del tiempo, de la misma tecnología y de la ciencia. Ecos de una vorágine que a modo de tsunami emerge frente a nosotros abanderado por la sinrazón de un sinfín de ideologías, sectas y monopolios financieros. ¿Qué buscamos más allá de la humanidad? ¿Es que sabemos a ciencia cierta que hay un más allá que nos va a convenir a todos? El futuro  está por llegar. ¿Por qué buscamos esa utopía? La vida, la existencia, la propia naturaleza es la que al final sienta las bases por las que todos pasaremos. Seamos más ricos, más pobres o menos afortunados. La máquina que hace girar esa rueda la hemos creado los hombres, conscientes de ello, porque no somos capaces de cambiarnos sino de hacer cambiar siempre a los demás y eso pasa factura. ¡Cuánto camino por deshacer y cuánto tenemos que cambiar!