Mi casa, mi castillo

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Gris. Urdaci, en su cama.

Una casa es sinónimo de familia. Todos los seres vivos necesitamos de su referente y su cobijo. Pero también podríamos hablar de linaje ya que todos pertenecemos a un núcleo. El derecho a una vivienda digna es el primer paso para que una sociedad lo tenga como preferente entre sus normas y derechos. Esa fortaleza tras la cual nuestra vida transcurre y nuestro privacidad nos envuelve. Puro y legítimo es nuestro haber. Andante y genuino nuestro baluarte. Privarnos de mantener dignamente esa parte de nuestra existencia no debería ser la causa de tantos fallos judiciales que, a la larga van mellando en la conciencia de las personas, afectadas o no y degradando esa misión a la que la justicia está obligada a cumplir. “Ser conscientes no es ser blandos con algunas diferencias”. Lo que no debe suceder es que con las alforjas llenas tratas de quitar el techo a quien no lo tiene otra cosa. ¡Reflexionen por favor!