
Octubre es el décimo mes del año. Con 31 días, luna llena de la cosecha, aumento de las lluvias de estrellas y más estrellas asociadas a la estela del cometa Haley, que orbita cada 76 años. Día 22 de octubre de 1975 la sonda soviética Venera 9 aterriza en Venus. Conjunción de la Luna, Júpiter y Saturno que se alinean entre la Luna y Marte. Año 2010 un terremoto arrasa la isla de Sumatra y ese mismo día del año 1671 Giovani Cassini descubre a Japeto una luna del planeta Saturno. En el mes de octubre también hay días en sombra. Día 30 es de 1961 fué detonada la «Bomba del Zar» 1500 veces más potente que la de Hirosima. Pero también vivimos el mes que cambia de color donde es otoño. Donde sus árboles se desprenden de las hojas en una renovación de belleza, sentimiento e introspección. Y donde la caléndula se hace protagonista de sus campos, parques y terrazas en sontonía con la evolución del paisaje.
mimando desde las tierras volcánicas todo ese buen hacer de sus gentes que buscan sacar lo mejor de ellas. Pero el otoño es mucho más para mí. En una tierra de contraste y donde la sabia naturaleza nos propone y nos impone cada vez más retos por nuestra poco dedicación para conservar el paisaje. Desde esos ocasos frente al Atlántico y con el respaldo apoyado a las cumbres que hoy verifican un pasaje que suplica, ante la inacción de quienes dicen pero no hacen. Otoño es como el espejo en el que se revierten los propósitos y se afianzan nuevos logros que en curso de otro año quizás hemos valorado poco volviendo nuestra mirada hacia las cosas superfluas que no nos convienen. Empezar esta nueva estación debería hacernos cambiar de traje igual que lo hace el bosque para renovarnos en la medida que no hemos sido capaces.
