En esa búsqueda que nos proporciona un nuevo significado de la existencia. Despertamos cada día intentando hallar un sentido a la propia vida. Por esa senda del encuentro con uno mismo salpicada a veces de zozobras que nos hacen mirar de lado al destino. Somos como marionetas ausentes en un entorno cruzado de páginas en blanco y negro. La verdad está al doblar la esquina. Pero ¿qué esquina? Tal vez está delante de nosotros y no la apreciamos. Turbulencias en el bienestar y desánimo en las facciones. Los relojes de arena ya no nos sirven pues todo avanza demasiado rápido y el tren está a punto de salir. De esa estación sin nombre en la que un día dejaremos nuestro equipaje.
Luces y sombras
El futuro apunta más al blanco y negro que al color pero no por eso debemos de rasgarnos las vestiduras. Existen más luces que sombras en este entorno que nos ha tocado vivir. Lo lamentable es que esas luces que aún permanecen apagadas no dan el chispazo. Procuramos vivir en un lamento constante de una agonía que no nos está llevando a ninguna parte. Somos los componentes de una melodía pero todos sus sonidos se necesitan y no debemos permitir que algunos de esos sonidos solapen a los demás. Pronto entraremos en el mes de las «luminarias», de los proyectos en común, de las ilusiones de tantos, ya sean niños o abuelos. En la melodía del mundo no caben espacios en sombra porque la vida no lo es. Miles de manifestaciones nos provocan a diario un bullicio de sensaciones que las personas nos negamos a perder. Tengamos más o menos. Las políticas se escurren por las pareces de palacios y congresos y mientras, en la calle el calor inunda lo real, lo cotidiano, lo verdadero. Papeles mojados que quedan atrapados en alguna esquina del tiempo y al final terminan pisoteados por la lucha de la vida. Nadie es feliz del todo pero sí que todos podremos hacer felices a muchos y eso es lo que hay que conseguir. Encender esas lámparas y procurar que no se apaguen. La sinfonía de la vida nos tiene que tocar a todos, lo único procurar que nuestros políticos no nos «toquen más las narices».
Regenerarse o morir
El miedo pervierte la inteligencia. El miedo surge de un proceso de escapar a lo que es. Estamos asistiendo a una función terrorífica donde nada es lo que es y todo reivindica lo que que perece. Descomposición de un Estado que no emerge y que se hunde cada vez más. Tres cuestiones quisiera expresar; desear lo mejor, recelar lo peor y tomar lo que viniere. Aún sin estar convencida de ello. Hay que limpiar para luego colocar. Lo viejo no sirve, y con ello no digo que lo «antiguo» deba ser destruido. Existen cimientos firmes que nos dan seguridad solo que están cubiertos por la miseria de la corrupción, entre otras cosas. Renunciar jamás porque la historia no puede ser borrada y hay que tomar parte de la misma para crecer. Diseñar un paisaje con nuevo lienzo y nues nuevas paletas de color y con la mirada puesta en el futuro. Regenerarse o morir porque toda salida es una entrada a otra parte. ¡Merece la pena intentarlo!

El final del camino del río Guadalquivir al llegar alas marismas de Doñana
A modo de presentación
La mente es una corriente muy profunda en el centro y superficial en la periferia, igual que un río que tiene una fuerte corriente en medio y aguas cristalinas en sus orillas. Ser adultos significa poner límites, defender nuestra postura y afrontar la pérdida de quienes no nos dejan ser quienes somos. No es no y sólo hay una manera de decir que NO. Viviendo cada día se nace cada instante y eso es lo que «El Gigante Silencioso» desea verter sobre esta página que se abre bajo sus pies a modo de diario íntimo con el mismo pensamiento.
Desde el «Realismo de la esperanza» o «Destruyendo recuerdos y regalando presentes» al mensaje dirigido a nuestros políticos en «Líderes de la nada» que no siguen abduciendo sin darnos tiempo de respirar e imponiéndonos esas «Normas y formas» que solo a ellos benefician. La autoridad mal empleada o mal entendida destruye, pervierte y corrompe. Los sabios no ejercen la autoridad como quieren hacernos ver y quienes la tienen no son sabios. La autoridad es servicio y no mera imposición del más fuerte sobre el débil. Expandir nuestros pensamientos con la libertad de ese puñado de arena puede sentar las bases para que esta nueva etapa del Gigante Silencioso sea un punto de partida hacia nuestros sueños un nuestras autenticas aspiraciones.
La hora de batir alas y subir alto
El Gigante Silencioso abandona el nido de La Ranilla donde nació y creció para emprender un nuevo vuelo sin perder el rumbo que marcaron sus inicios. Una independencia para asegurar su identidad y avanzar con personalidad propia con el objetivo de ayudar a pensar a quienes tengan la amabilidad de asomarse a esta ventana, especialmente en estos tiempos apasionantes y convulsos que nos han tocado vivir.