
«La historia es nuestra y la hacen los pueblos» La propia historia y su contexto serán las señas de identidad que han valorar las raíces de un pueblo. Este concepto se opone claramente a la globalización en el que se promete una integración total de las naciones, lo que terminaría imponiendo los rasgos de un grupo a la totalidad de la población mundial. «Hay momentos en los que un pueblo sintetiza en la acción los pasajes más significativos de su historia» La asimilación cultural es la manera como se señala el proceso por el que una comunidad o pueblo conforma sus costumbre y su idiosincrasia. La identidad cultural es el conjunto de valores, orgullos, tradiciones, símbolos y creencias que sirven como elemento de referencia dentro de un grupo social. Identidad proviene de la palabra latina «identitas» que refiere el grupo de rasgos característicos que diferencia a los individuos. El hombre que vive y se desarrolla dentro de una cultural determinada busca incesantemente su identidad, producida en gran medida por el vertiginoso desarrollo científico y tecnológico que implica cambios importantes en su forma de ser y de pensar.

La identidad cultural se ha convertido en un tema prioritario porque de ella depende la existencia de los pueblos y las diferentes formas humanas como entidades diferentes. «Un pueblo sólo puede ser guido por costumbres, no por saber»














Diríase que se ha ido perdiendo la dignidad y el respeto hacia las personas. Más bien diría yo que nos estamos desordenando en un mundo desordenado en sí. Leemos y no damos crédito a lo que escuchamos pero tampoco se nos ve muy pronta voluntad para actuar. Como si se tratara de una comedia a cámara lenta donde los minutos cuentas y las no decisiones a tiempo producen desgarros insalvables. Todo hace presagiar que el hombre u «homo sapiens» no es tan «sapiens» como creíamos.
Definimos consenso como acuerdo entre dos o más personas sobre un tema o situación. Una falta de consenso expresa disenso. No implica un consentimiento por parte de todos sino una aceptación en la forma de dirigir la solución. Pero fabricar un consenso es un error ya que solo los hombres de élite se erigen como los responsables y no deberían de tomar ellos solos las decisiones que incumben a la población en general. Según Walter Lippeman, «una revolución está teniendo lugar infinitamente más importante que cualquier cambio económico. Bajo el impacto de la propaganda, no necesariamente en el siniestro significado de la palabra, las viejas constantes de nuestros pensamientos se han convertido en variables». Durante el siglo XX la expresión consenso llegó a convertirse en un lema del sistema político español. Satisfacer las necesidades de todos. Todo método de consenso es deseable cuando es improbable forzar el cumplimiento de la decisión. Una democracia deliberativa refleja esa toda de decisión sincera de cada persona que subyace a toda buena toma de decisión por consenso. Hasta los «ents», esos viejos y sabios árboles vivientes de la novela «El señor de los Anillos», empleaban días discutiendo para la toma de decisiones como era enfrentar a cualquier contienda. Toda decisión a tiempo es importante. Aunque sea equivocada, ya que pude ser mejor que una tomada a la larga. Alinear urgencia e importancia. Porque la meta de un buen consenso es la unidad y no la unanimidad.
Nos encontramos inmersos en una laberinto de debates en los que se está poniendo en juego la idiosincrasia de una legua. La legua española es una lengua romance proveniente del latín vulgar. Pertenece al grupo ibérico siendo originaria de Castilla. Se trata de la segunda lengua hablada en el mundo detrás del chino madarín. Nos estamos enfrascando en una contienda de luchas entre las diferentes comunidades haciendo del uso del castellano una segunda lengua en nuestro sistema de enseñanza. Improvisar a la hora de establecer prioridades sobre distorsiona la estructura cultural de una nación que ya no reivindica sus raíces culturales, sino que trata de descomponer los cimientos de la historia de un país y sus gentes. Somos distintos. Cada nación, cada país es distinto y en cada uno de ellos se apoyan los pilares de las civilizaciones. El todo vale ahora es una gran desgracia a la hora de valorar una educación basada en anglicismos puramente dichos y que en la mayoría de los casos no se corresponden con la traducción exacta a nuestro idioma. Un compuesto en estado de ebullición que no nos conduce muy lejos pero que si daña enormemente en nuestra identidad. La legua de Shakesperare tiene su importancia, pero la lengua de Cervantes también y nosotros estamos inmersos en ella por nuestra condición de españoles. Tal vez algunos prefieran sumergirse en los vocablos del gran escritor inglés, pero en nuestro país ya existen numerosas leguas que se están apoderando de la legua madre el «espagnol» y que a la larga fragmenta la unidad cultural de una nación. No somos iguales y c aunque queramos. Una obra como la que nos dejó nuestro mayor escritor de todos los tiempos nos lo recuerda. Miguel de Cervantes, (1547-1616) decía: » La libertad, Sancho, es uno de los más preciados dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierran la tierra y el mar; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida» Diecinueve países de América, España y Guinea ecuatorial, la mitad de los Estados Unidos, Filipinas y el Sáhara Occidental hablan el español hoy en día. Terminamos con otras citas en castellano de don Miguel de Cervantes; «Confía en el tiempo que suele dar dulces salidas a muchas amargas dificultades. Donde una puerta se cierra otra se abre. No ames lo que eres si no lo puedes llegar a ser» Quizás nunca pensó que en estos momentos de nuestra historia el hombre volviera a pensaren ellas. De ahí su grandeza.