
Si mirásemos un poco hacia arriba nuestra vida parecería más interesante. Cuantas cosas nos perdemos por estar solamente mirando hacia el suelo o teniendo nuestros ojos clavados en la pantalla del móvil. Observar por esa ventana que se abre sobre nuestras cabezas descubrimos que cada día es único e irrepetible. Cautivos en esa complejidad de las cosas sencillas que nos hacen dudar de nuestras capacidades y nos pierden en la vorágine del «querer saber más». Y así pasa nuestra existencia. Ahí donde muchos sueñan todo lo que nosotros tenemos. Hemos de dejar de sentirnos amables, pacientes para con los demás y hacer lo que nos plazca para poder llegar a ser felices. Porque aunque lo tengamos todo no dejamos de pasar por alto esa riqueza natural y emocional que está ahí y hay que aprovecharla. Descubrir a través de esa ventana y dejar que el aire nos roce la cara de vez en cuando y los rayos del sol nos deslumbren. Comparar lo que tenemos nos hará crecer cada día valorando a quienes están con nosotros a diario. La «conciencia y el buenquedismo» se convierten en armas mortales en todo tipo de amistad ya que se alimentan del compromiso pero jamás estarán junto a nosotros cuando los necesitemos. Hay que mirar hacia arriba y expandir ese acercamiento y comprender todo aquello que tenemos y que a veces no valoramos. La autenticidad no conoce competencia pero hay que conquistarla. Tal vez ese sea el motivo de que no seamos verdaderamente felices.



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