
Destiladera que me sorprendiste aquella mañana de agosto. Con tu fresca piedra horadada por el tiempo y por la sintonía que el agua ha ido dibujando sobre tu áspera piel. Gotas de lluvia atrapadas en el cuenco de esa frescura innata que solo tú conoces y que solo en ti encuentro.

Esa destiladera canaria o pila de piedra arenisca y porosa de forma semiesférica que hace de filtro para el agua de la lluvia. Siguiendo los recursos culturales y técnicas ancestrales conservadas en pleno siglo XXI en el Magreb norteafricano, las sociedades rurales canarias utilizaron las mismas técnicas hasta el tercer cuarto del siglo XX para filtrar el agua de la lluvia.
No me cuestioné ni un instante extender mis manos hasta ti dejando que el agua fresca envolviese ese deseo de encontrarme con tu esencia más pura. En aquel día caluroso de agosto en el que me sorprendías con tu legendaria y reconfortante frescura.



















Estamos en época de vacaciones y los pequeños cargan con sus mochilas repletas de ideas que han ido fraguando a lo largo del inviernos. Algunos escaparán a esos campamentos donde la naturaleza y el compañerismo se hermanan, otros lo harán con familiares y amigos. Un buen mapa y toda la ilusión del mundo nos pueden hacer vivir aventuras extraordinarias y aprender que existe algo más allá de la puerta de nuestra casa o del pupitre de la escuela. Cualquier tiempo para vivir es bueno siempre y cuando lo organicemos adecuadamente, de lo contrario podemos pasar momentos desagradables. Si no conocemos la zona a conquistar siempre tenemos que estar con un adulto preparado para cualquier contingencia. Pero a veces los chicos son mucho más prudentes que los mayores. Días de esparcimiento y diversión a la orilla del mar, en el monte o en el pueblo de los abuelos, donde tantas cosas tendremos que contar a nuestros compañeros y desde donde, sin darnos cuenta de ello, se irá modelando nuestra forma de ser.

