
Nada hace presagiar que la humanidad haya cambiado un ápice. Seguimos siendo los mismos recolectores de grandes fortunas a expensas de nuestros súbditos. Porque aunque hayamos cambiado el término «súbditos» los ciudadanos tenemos la labor de servir a quienes manipulan y controlan nuestros patrimonios. El feudalismo sigue existiendo en esta sociedad absurda y quebradiza donde ya nada puede ser disfrutado por quienes han dejando sus vidas para crearse esa estabilidad digna que todos merecen. Las señales de alarma nacen cada día a toque de los recaudadores de impuestos que se inmiscuyen en esa intimidad personal y patrimonial haciéndonos cautivos de sus manejos. El señor feudal se mantiene intacto en su castillo y todo aquel que tenga la suerte de ganar un duro de más le será arrebatado. La historia se repite. El pueblo trabaja para el amo y trabajamos nuestros feudos sin apenas derecho a nada. ¿Ha cambiado la humanidad?. Pienso que nada o muy poco. Solo nos queda que aparezca un Robín Hood que tenga las ideas bien claras y las intenciones sumamente limpias para dar un barrido a todo este lodazal en el que estamos inmersos. Huele a viejo en España porque no se airean las ideas y se mantienen en los trateros llenos de telarañas. A través de ellas vemos oscurecerse las posibilidades de una recuperación. Se nos escapan de las manos múltiples proyectos y cerebros prodigiosos. Hoy estamos en el mismo cruce de hace casi una década y nada cambia. Mientras esperamos ¿a qué? el tiempo pasa y no regresa. Quizás no estemos lo suficientemente preparados o tal vez tengamos miedo de las represalias. ¿Es eso la democracia? No me convence.
Quizás estemos acostumbrados a deambular por este mundo sin percatarnos de que son muchos los ojos que nos observan. Desde el más bello rincón del parque hasta el microchip más sofisticado se mueve al unísono que nosotros robándonos la intimidad. Estamos ya cansados de escuchar que las paredes del mundo son de cristal y los oídos como verdaderos altavoces que se quedan con nuestras palabras. Pero también hay que vivir y no estar siempre en esa agonía del acecho que nos lleva a situaciones desequilibrantes en nuestro organismo. La naturalidad es la mayor arma y si no intentamos buscar donde no existe llegaremos a esa estabilidad que nos hace la vida mejor. Los medios de comunicación acechan y quizás muchas de las cosas que hoy sepamos se las debemos a ellos, pero no quita que de vez en cuando seamos nosotros los que dictaminemos las reglas. En el medio del lago el pájaro acecha a quienes entramos en él, solamente existe una complicidad entre nosotros; el respeto y la admiración por las cosas bien hechas.





















