
La región de Murcia se esconde muchas veces de la mirada curiosa del viajero. Solamente pequeños trazos nos dan razón de ella y aún así permanece oculta como queriendo preservar todo su encanto. Entre sus pueblos más destacado encontramos Caravaca de la Cruz. En un enclave privilegiado entre Murcia y Granada. Por ella pasaron antiguamente íberos, romanos y musulmanes, dejando una bonita estampa de la ciudad construida entorno a su castillo del siglo XV por la encomienda de lo Templarios. Pero Caravaca es esencialmente «cuidad santa» desde el año 1998 en el que el Papa le concedió la Cruz del Año Jubilar (quinto en el mundo) para poder celebrar el jubileo perpetuo. Asimismo estamos hablando de un lugar para disfrute de la naturaleza. Foto: Josefina Fdez.











Cuando el Sur está tan cerca e intentamos atraparlo con la mano. En la vertiginosa ladera de las montañas ese «Sur» que se nos antoja lejano se despereza frente al mar. Un mar de finales de marzo que no sabe con qué quedarse, si con el invierno o con la primavera recién estrenada. En su dilema muerde las playas de arena negra que toman el sol de sus mañanas y se embravece con la caída de la tarde. Distinto aunque es el mismo mar que rodea la isla y que a su vez marca esa diferencia mínima que le caracteriza del Norte. Como una plegaria al sol riza sus olas con el peine de la brisa y la carretera serpenteante nos lleva muy lejos, hasta donde la mirada alcanza. En ese juego de luces, de cercanías, de espumas y de viento el objetivo de mi cámara inmortaliza el instante perfecto en el que mis ojos lo descubrieron .» Disfruta de las pequeñas cosas, un día te darás cuenta de que son grandes y te llenarás de orgullo».






