
Los Órganos, Parque de la Caldera, La Orotava, Tenerife
Infinito no es mirar al cielo, ni tampoco al horizonte con el espejo de mar frente a nosotros. Es algo más profundo e indescriptible; algo que no tiene fin. Aproximarse a ese infinito del vértigo de las montañas nos reduce a seres tan insignificantes que deberíamos estar sumamente agradecidos a esa presencia que no sorprende y hasta nos asusta. Por mucho que el hombre intente dominar jamás podrá hacerlo a la naturaleza, pues ésta al principio podrá inclinarse ante él, pero nunca se rendirá. Como una obra de arte la música de las montañas nos cautiva en ese órgano de piedra tallado por el viento. La niebla desea nublar nuestra visión, pero el arte implica estar completamente despierto a la realidad. Actuando con destreza en la totalidad de la vida; eso es la belleza y los instantes infinitos suelen durar muy pocos segundos. ¡Aprovéchalos!




Un blanco manto de nieve soslaya todos nuestros pesares cuando los ojos se asombran y el pulso se acelera. En lo más alto, allí donde los más atrevidos osan llegar nos encontramos con la magnificencia de esa natural belleza que nada tiene que envidiar a otros paisajes. Desde el Refugio del Teide deslizamos nuestra mirada en un arpegio de blancos cristales y rocas de lava. Nada nos hace sucumbir ante la brillante composición que ese día ha creado para nosotros.


Majestuoso. Así se nos mostraba «El Gigante silencioso» el pasado fin de semana. Atrayendo las miradas de cuantos subieron hasta allí y los que simplemente le observaron desde los diarios. Sol en las playas y nieve en las cumbres es la estampa que nos presenta hoy frente al mundo. Mirando hacia todos los rincones de la isla y visible desde el cielo es este Gigante que a nadie pasa inadvertido y al que muchos creen el ojo que Canarias tiene bajo las nubes. Foto de Rafael Barreto.









