
La mayoría de nosotros solo conocemos el espacio por el objeto. Pero existe un espacio sin objeto sin este centro desde el cual, como seres humanos, estamos mirando. Si es espacio solo existe porque hay un objeto, siempre será limitado y por no habrá libertad. Observe su propio espacio y vea cuan limitado es y me refiero al espacio interno que cada uno ha creado alrededor de su propia imagen. Frente al océano abrimos nuestro objetivo con la idea de atrapar ese instante que nos sacie de todo aquello que ansiamos acariciar con nuestras manos. Lo que de ahí bebamos será traducido a expansión, libertad, sueños y horizontes que algún día podrían tomar forma concreta. El sol de la tarde languidece pero todavía lleva la fuerza para detener ese instante mágico que le llevará al fondo de ese mar, y que todavía cuestiona nuestra mirada con la fuerza de su destello.

Los brazos retorcidos de los árboles secos enmarcan ese lienzo desde la más pequeña pincelada de color hasta la explosión de júbilo que cada día nos ofrece un nuevo atardecer. Morir es nacer y ahora ya no caben palabras ni lágrimas para evitar que ese ciclo inconmensurable de la vida siga produciéndose frente a nuestras costas. En la localidad de los Silos, en el norte de Tenerife y frente a la mirada juiciosa del Teide se engarzan los ocasos cual rizomas en la esencia de nuestras vidas, brotando de nuestras manos y haciéndonos estremecer con su sensual belleza. Imágenes cedidas por M.A.







Palabras y más palabras. Un intercambio de reproches que no llevan a nada. Y todo por un «sillón» La gente ¿a quién le importa la gente que cada tiene que hacer álgebra para poder hacer frente a sus gastos? No es legal que siempre que hay elecciones conocemos las caras, la infancia, las manías y los logros de cada uno de los representantes para acceder a ese sillón manido y anticuado de las viejas escuelas. Las doctrinas pasado fueron buenas en el pasado pero ya hemos crecido y los tiempos que corren no son los que eran y las necesidades que había antes no se parecen ni por el forro a las de ahora. A tientas y casi a cuatro patas hoy un niño sabe mucho más que los niños de los años 70, pero poner fronteras al desarrollo es un genocidio al progreso y una burla a la inteligencia. Hacer oídos sordos a charlatanes y presuntuosos será quizás la manera más limpia y eficaz de viajar al interior de nosotros mismos y saber, de corazón, lo que más nos conviene.








