
Todos llevamos puesta una máscara. La imagen que los demás ven en nosotros es bien distinta a la que somos en realidad. Pero a veces tales mañas nos suelen gastar alguna que otra mala pasada y nos revelamos contra ello. La ilusión, esa especie de burbuja que a todos nos atrapa en algún momento y nos señala la realidad y el dominio de las apariencias. Porque en ella viven sutilmente ocultos nuestros miedos. Solo contamos con el momento presente y siempre estamos intentando entender y conspirar en la enjundia de las propias vivencia. Podremos engañas a todos pero jamás a nosotros mismos. Descubrir significa atravesar la seducción de las apariencias. Abrimos nuestras alas para descubrir y ser libres y detrás de la máscara debemos intentar dejar solo lo que veíamos a través de ella y no lo que realmente hemos descubierto.







Cada persona se traza unos objetivos en la vida según quiera ser feliz o no. Recorrer el mundo y descubrir nuevos paraísos es una aventura que muy pocos consiguen llevar a cabo. Hace falta decisión y mucho arrojo para saber sondear y estructurar ese viaje y encontrar asimismo los lugares donde fondear el barco. Hace unos día vivimos en el Puerto de Santa Cruz de Tenerife un encuentro de barcos veleros de todo el mundo. Preciosos diseños de última generación que nos acompañaron durante un paseo por la dársena pesquera del muelle. Pero de entre todo hubo uno que me llamó poderosamente la atención. Esta casa sobre el mar, donde las macetas de flores decoraban sus pasillos y donde la tenue luz de la tarde enmarcaba un bonito velero de los que muy pocos pueden hacer orgullo de ello.














