
La rehabilitación de los frescos de la parroquia de San Nicolás de Bari en el casco antiguo de la ciudad de Valencia España, ha significado ya un reclamo de historiadores, artistas y amantes del arte en todo su esplendor. Desconocida para muchos y ausente para curiosos que visitan la ciudad del Turia es un atractivo a las más altas esferas internacionales. Más 2000 metros cuadrados de pinturas en un trabajo realizado por la Universidad Politécnica de Valencia, Pilar Roig y el arquitecto Carlos Campos. Con 40.000 horas de trabajo, un centenar de profesionales, 6000 hojas de papel japonés para la fijación de pinturas, 10.000 litros de agua destilada y 500 pinceles hacen de este obra la más importante realizada hasta la fecha a nivel internacional.

El origen de esta iglesia se remonta al siglo XIII y formaba parte de las denominadas primeras 10 parroquias cristianas de la ciudad de Valencia. «Un inmenso mural que no solo destaca por su belleza sino también por su carácter narrativo» según críticos y profesionales.
La vida es un proceso de retos y de respuestas. Nuestra inteligencia adviene con la sensibilidad y la observación de dicho proceso. Escuchar es una de las actividades más difíciles que existen. Oímos pero no escuchamos nada de lo que acontece a nuestros alrededor. Se nos escapan sensaciones únicas porque existe en nuestras vidas un presente activo, no hay pasado y lo que se escapa se pierde. Y es ahí donde la creación nos enseña, en su final, la continuidad de la misma. Como el agua que brota de la piedra y luego vuelve a deshacerse sobre ella creando la profunda sintonía de la permanencia. La maravilla del hombre es lago oculto. Todos nuestros intereses son visibles. Por tal motivo debemos emplearnos en nuestra innata ignorancia, ya que mediante ella podremos hacer nacer la sabiduría en nuestras mentes. Desde dentro de nosotros mismos, tras los muros de esa ciudad que nos envuelve están nuestras fronteras personales. Separar con nuestras manos esa agua cristalina donde podemos contemplar ese sentido de permanencia y sosiego al comprender la verdadera naturaleza de nuestros deseos.
Foto: La Razón.

















