
«Exponente de la potencia a la que hay que elevar una cantidad positiva para que resulte un mínimo determinado» Muchos números se están haciendo hoy nuestras fuerzas políticas para llegar todos a la Moncloa. Es la triste condición de querer ser «un valiente» cuando se llega a comprar el honor y se disfrazan las palabras. Nada real y verdadero puede surgir desde esa «galerna» enfurecida de querer seguir y seguir siendo. Los valientes de hoy solo existen ya en los cómics y la sinrazón del poder se sobreactúa horadando el compromiso adquirido y las promesas dichas en su día. Nadie puede tener la última palabra cuando los hechos son claros y las verdades están abiertas, pero los borrones y las altanerías son el bagaje de aquellos que, aún a sabiendas de que bien poco pueden hacer se obstinan en medrar el fututo de una nación. «A lingua das bolboretas» o mejor dicho «La Lengua de las mariposas» es un cuento entrañable donde un niño gallego descubre con su tacto la sensibilidad de las cosas y de la vida en toda su magificencia de manos de su maestro y reconoce que no es tan malo lo que otros le han dicho sobre él. El escuchar y el comprender nos hace sensibles porque todo no está en las leyes y los tratados, en las oposiciones y las cumbres mundiales. Pasear por la vida es el deporte más fiel y más poderoso que podemos hacer fuera de los gimnasios. Quizás la mejor baza para conquistar al hombre es saber estar con el hombre.

















Un blanco manto de nieve soslaya todos nuestros pesares cuando los ojos se asombran y el pulso se acelera. En lo más alto, allí donde los más atrevidos osan llegar nos encontramos con la magnificencia de esa natural belleza que nada tiene que envidiar a otros paisajes. Desde el Refugio del Teide deslizamos nuestra mirada en un arpegio de blancos cristales y rocas de lava. Nada nos hace sucumbir ante la brillante composición que ese día ha creado para nosotros.

