
Frente a toda evidencia más nos vale callar. Y la evidencia está ahí ante nuestros ojos, como una linterna que nos da luz. A algunos les da por quemar bosques de manera asesina llevándose por delante un pedazo de esa evidente forma con la que la naturaleza nos complace. Estamos adscritos a unas leyes que ante todo deben ser cumplidas como parte de nuestro compromiso de vivir en el planeta. Quizás hay muchos que no lo entiendan pero que sí que deberían respetar lo que nos ha sido prestado durante nuestro tiempo de existencia. La belleza está reñida con unos pocos y ésta a su vez no escatima ofrendas para nuestros ojos. La sensibilidad fluye cuando no existen turbaciones ni tampoco resquemores. Cuando el cristal de la vida se nos presenta limpio y sin salpicaduras. Hoy la sensibilidad y los sentimientos están algo acorralados en las agendas del hombre pero están ahí, y de vez en cuando surgen evidencias con este bellísimo árbol que en su singular estructura recoge para nosotros la savia natural de las raíces del hombre.







La avispada avestruz del Parque Natural de Cabárceno en Cantabria, no necesita de apoyos para sobresalir. A su aguda vista no se le escapa ni el más pintao, porque antes de que nos enteremos ya nos ha cogido la gorra o el abanico. Astuta e independiente gusta de fisgonear por toda su parcela y si conseguimos que pose para nosotros ya podemos darnos por satisfechos. Esa altura de miras es la que la hace ser singular a la vez que temerosa.


















