
Abarca todo tipo de razonamiento que nos haga ver y sentir el verdadero interés por la vida humana. El lugar que ocupa el ser humano en el mundo es la luz que nos indica que la verdadera sabiduría está en reconocer la propia ignorancia. El hombre es por excelencia un ser único en todo el universo. Nadie puede suplantar a otro humano y aprender de los demás es siempre el verdadero reconocimiento que debemos para con los otros. Esta actitud es la que hace hincapié en el valor y en la dignidad de las personas. El hombre de hoy permanece en algunos momentos atado a esa posición de jerarquías donde el amo era el que tenía derecho a todo. El valor de cada ser jamás debe ni puede comprarse ni compararse a nada ni a nadie. El humanismo como movimiento ha sido expresado en la literatura, el arte y la filosofía a través de los tiempos y es hoy cuando más debemos contemplar tales pensamientos. «Para ser realmente grande uno tiene que estar con la gente y no por encima de ellos».

«La madurez del hombre es haber vuelto a encontrar la seriedad con la que jugaba cuando era niño»
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Esa estrecha conexión con los demás es lo que realmente hace que nazca la intimidad. Podemos conocer a muchas personas pero siempre serán «conocidos» nunca íntimos. Pero cuando se crea ese enlace especial con alguien es cuando podemos decir que compartimos nuestra intimidad. La intimidad y la privacidad son conceptos bien distintos. La primera puede ser concebida como seguridad. Hasta cierto punto podemos acceder a la vida de los demás pero existe un límite en el que somos extraños y debemos respetar esa linde de separación. Y no por eso dejamos de ser amigos o conocidos, solamente que debe de haber un espacio de respeto entre ambos. Por el contrario la privacidad puede manipularse para obtener un beneficio o un interés. La intimidad como derecho va mucho más allá de la frontera de una relación convencional. La poseen los animales que marcan su territorio para la defensa. Y también las plantas que nos muestran su más bello aspecto cuando se encuentran en un lugar solo para ellas. La intimidad es nuestro castillo al que solamente pueden entrar quienes nosotros queramos porque ahí se encuentra la verdadera esencia de una persona. Nuestro tiempo es solo nuestro y de nadie más.

















