
La base de la realidad no es la materia sino la conciencia. No somos los espectadores pasivos de un mundo de objetos sino los co-creadores de un universo de relaciones. Nada existe sin nuestra participación y aquellos que nos anteceden en edad pueden llegar a convertirse en nuestros mejores aprendices. Nadie es más listo que nadie, todos tenemos algo que aprender y por supuesto que enseñar. Los aprendices de sabios somos tú y yo en cada momento y en cada tiempo. El momento presente es el campo en el cual transcurre el juego de la vida. No puede jugarse en ningún otro lugar. La verdadera generosidad hacia el futuro consiste en entregarlo todo al presente. Solo la propia y personal experiencia hace al hombre sabio. Lo más inteligente es conseguir la mejor versión de uno mismo. En la vida no hay clases para principiantes todos entramos en esa avenida de la comprensión, la observación, el sentir y de ahí iremos tomando los apuntes que nos propician un transcurrir por ella completo y satisfactorio. Porque antes de compartir una idea hay que tenerla y descubrirla para nutrirnos de ella.








Cada persona se traza unos objetivos en la vida según quiera ser feliz o no. Recorrer el mundo y descubrir nuevos paraísos es una aventura que muy pocos consiguen llevar a cabo. Hace falta decisión y mucho arrojo para saber sondear y estructurar ese viaje y encontrar asimismo los lugares donde fondear el barco. Hace unos día vivimos en el Puerto de Santa Cruz de Tenerife un encuentro de barcos veleros de todo el mundo. Preciosos diseños de última generación que nos acompañaron durante un paseo por la dársena pesquera del muelle. Pero de entre todo hubo uno que me llamó poderosamente la atención. Esta casa sobre el mar, donde las macetas de flores decoraban sus pasillos y donde la tenue luz de la tarde enmarcaba un bonito velero de los que muy pocos pueden hacer orgullo de ello.













