
Maese Villajero, la veterana compañía madrileña que con sus 32 cuentos distintos y originales nos ha vuelo a visitar. En un Santa Cruz que celebra las Fiestas de Mayo se viste de gala con esta atracción. Desde hace sesenta y dos años llega hasta el Parque García Sanabria para enamorar a niños y adultos que todavía conservamos esa ilusión desde que veníamos con nuestros padres . Los cuentos que aquí se narran son propios de Maestro Villajero y están registrados legalmente conservándose tal y como fueron concebidos. Sus muñecos llevan recorriendo la geografía española desde hace más de cincuenta años. Juan Antonio Díaz Gómez de la Serna, de nombre artístico «Maese Villajero» en el año 1945 daba vida a Gorgorito, que por aquel tiempo se llamaba Juanin. Una labor conjunta de todos los miembros de la familia que ponen la voces a sus distintos personajes, como «La bruja Carioca», mi favorita. Una hora de diversión garantizada y una vez más nos da la razón de que el niño de antes es igual que el de hoy. Ratos de ensueño y diversión que me han proporcionado horas felices como a tantos otros. Una compañía que nacía como un sencillo teatro de títeres y que ahora en 2018 sigue arrastrando la sonrisa en cientos de parques de toda España. ¡Hasta siempre Gorgorito!




















Quizás estemos acostumbrados a deambular por este mundo sin percatarnos de que son muchos los ojos que nos observan. Desde el más bello rincón del parque hasta el microchip más sofisticado se mueve al unísono que nosotros robándonos la intimidad. Estamos ya cansados de escuchar que las paredes del mundo son de cristal y los oídos como verdaderos altavoces que se quedan con nuestras palabras. Pero también hay que vivir y no estar siempre en esa agonía del acecho que nos lleva a situaciones desequilibrantes en nuestro organismo. La naturalidad es la mayor arma y si no intentamos buscar donde no existe llegaremos a esa estabilidad que nos hace la vida mejor. Los medios de comunicación acechan y quizás muchas de las cosas que hoy sepamos se las debemos a ellos, pero no quita que de vez en cuando seamos nosotros los que dictaminemos las reglas. En el medio del lago el pájaro acecha a quienes entramos en él, solamente existe una complicidad entre nosotros; el respeto y la admiración por las cosas bien hechas.