
Algo estamos haciendo mal porque los esfuerzos que se han desplegado hasta el momento han tenido bastante poco efecto. Las mareas humanas sobre la solidaridad inundan nuestros diarios pero bien poco se saca en claro de todo esto. Crear campañas divulgativas esta muy de moda pero mientas el hombre no tome conciencia del problema no se avanzará nada. Muchas son las cosas que se cuelan y muchos por patrocinadores que hacen de estas campañas mediática un negocio redondo. «Preocúpate más por tu conciencia que por tu reputación; tu conciencia es lo que eres, tu reputación es lo que otros piensan de ti» Una cara famosa se apunta a una reivindicación y ya todo el mundo la sigue por ser famosa, no porque realmente creamos que su participación traerá resultados extraordinarios. Todos somos famosos e importantes a la hora de ser conscientes y procurar hacer, no solo manifestarnos, crear bullicio y hacer consecuentemente nuestras acciones. La información es cruel y en parte así debe serlo porque hay que hacer tomar conciencia de lo que sucede. Nos hemos vuelto como la sal de frutas, en el momento y todos a una nos subimos a lo más altos para hacernos oír. Cuando pasan los días muy pocos se acuerdan del porqué ni de por quien. Creo que estamos malgastando esfuerzos y menospreciando ideas que no se han tomado en cuanta y que a la larga serían mucho más efectivas. Eso sí , más acción y menos ficción, que de ésta solo se alimentan los sueños.



![P1030092a[1]Pinzones azules del Teide.JPG](https://elgigantesilencioso.com/wp-content/uploads/2017/12/p1030092a1pinzones-azules-del-teide.jpg?w=2582&h=1819)




El verdor de la campiña. Allí donde las líneas paralelas parecen no encontrarse jamás, salvo alguna inesperada ermita en medio del camino. Lejos de todo ruido mundano y agitación social donde a veces no hallan reposo los momentos de calma y se suscitan ideas contradictorias por el agobio de vivir en tiempos turbulentos. Nada parece tener un contenido exacto cuando nos aproximamos al comienzo de este camino que nos llevará hasta donde tú o yo queramos. Hacia donde cada uno de nosotros creamos tener un objetivo concreto. Lejos de creencias o de religiones, solo un trazado de lía recta que el mismo monte nos despliega para comenzar a andar. Los árboles como soldados en fila y también en formación correcta bordean los lados del camino para determinar los límites y también la conciencia a la hora de pasarnos de un lado a otro o de infringir esa rectitud adversa que tantas veces nos ha ocasionado un cambio de conducta o encontrar la enseñanza y el modo de llevar a cabo nuestros proyectos. Hay que pisar fuerte y no desanimar. Los lados del camino están ahí para dirigirnos y también para darnos ese toque de atención que necesitamos cuando las cosas se ponen turbias. En la cárcel de la vida la libertad no es una prohibición sino un reto que hay que establecerse para poder siempre encontrar esa ventana que nos abra al mundo con sus amplias avenidas y donde todos tenemos nuestra carretera marcada.











