
Una ventana natural es como el lienzo del pintor que atrapa. Un sinfín de matices y de sensaciones que se tornan en polícromos destellos ante nuestros ojos. La mirada del águila acecha frente la magnitud de un paisaje encuadrado en la retina del que observa. Solo que ahora nos toca descifrar su misterioso mensaje. ¿Realmente será el ojo del águila que acecha o una cámara indiscreta que sucumbe la aventura y llega hasta el final del camino para plasmar el momento? Cada cual que lo interprete según le convenga. Yo ya he cumplido.





















Estamos en época de vacaciones y los pequeños cargan con sus mochilas repletas de ideas que han ido fraguando a lo largo del inviernos. Algunos escaparán a esos campamentos donde la naturaleza y el compañerismo se hermanan, otros lo harán con familiares y amigos. Un buen mapa y toda la ilusión del mundo nos pueden hacer vivir aventuras extraordinarias y aprender que existe algo más allá de la puerta de nuestra casa o del pupitre de la escuela. Cualquier tiempo para vivir es bueno siempre y cuando lo organicemos adecuadamente, de lo contrario podemos pasar momentos desagradables. Si no conocemos la zona a conquistar siempre tenemos que estar con un adulto preparado para cualquier contingencia. Pero a veces los chicos son mucho más prudentes que los mayores. Días de esparcimiento y diversión a la orilla del mar, en el monte o en el pueblo de los abuelos, donde tantas cosas tendremos que contar a nuestros compañeros y desde donde, sin darnos cuenta de ello, se irá modelando nuestra forma de ser.
