«Solo en la terminal de Kalati, Budapest dormían anoche más refugiados de los que caben en todo España», así lo describía el diario El Mundo.
Entre los vivos y los muertos. Mejor nos centramos en la definición que hace la astronomía de la palabra «limbo», que lo reseña éste como un círculo brillante que se ve a veces alrededor de un astro. Nos sobrecogemos al contemplar como no estamos deteriorando como raza humana. Todos, si. Ninguno se escapa a esta desestructuración masiva en un cuadro que hemos ido componiendo con nuestras barbaries. El efecto boomerang siempre aparece en los episodios de la historia y a penas le hacemos caso. Estamos frente a un mar de conflicto humano que será muy difícil ordenar. Allá, en ese lugar donde la ausencia del sonido puede comunicarnos tanto con una imagen.
En esa pausa musical que aflora de nuestro sentir más íntimo nacen las estrellas que guían a los sueños y esperanzas de los hombres que huyen de la guerra, del hambre, de la xenofobia y que guardan sus desdichas perseverando en aquellos a los que el destino no les depara ya nada. Desear que aquello se cumpla en esos instantes sin tiempo donde hoy la sociedad actual necesita un nuevo orden y para llegar a ese orden debe comprender muy bien el desorden. ¿Cómo es posible que florezca cualquier cosa en la oscuridad del temor?














tean por los pasillos de la información rosa en todas los ámbitos. La lógica deja paso a lo absurdo, a lo curioso, a lo atrevido y anecdotario. Como si de un espectáculo se tratara la sociedad emerge desde el papel cuché hasta las conjeturas y fantasías de los lectores. Quizás la incoherencia tome ahora el mando por un par de meses de las vidas privadas y no tan privadas de cuantos deciden ser protagonistas. Renovarse o morir. Transformarse o conservar las apariencias. Solo depende de un escalón sin importancia alguna pero que en ello se nos puede ir toda la reputación y la dignidad. Nada mas absurdo que ser lo que no eres. Señoras y señores la frivolidad de los días y de las noches del estío está plagada de reseñas y noticias de no larga vida. Todo se esfumará como el humo del hielo o la copa en una terraza de verano. Cámaras, engaños sofisticados y toda una serie de novelones del color de las cerezas. Precaución en todo, no vaya a ser que el sol descubra mucho más de lo que queremos ocultar, que los maquillajes se deshagan de forma repentina y la realidad se erija como bandera en la playa. Ladys and Gentleman la comida está servida y los prostres también. Menos mal que en España tenemos el «tinto de verano» para poder pasar los malos tragos.

