
Adverbio o morfema de negación en español y en otras lenguas románicas. Su comportamiento morfosintáctico es más complejo que el de los adverbios convencionales. Cuando nos reafirmamos en una decisión es porque estamos muy seguros. Estas dos letras están convulsionando a nuestro país, pero a su vez están haciéndole mucho menos vulnerable a quienes quieren manipularlo. Cuesta mucho cuando todos te miran y más aún cuando otros te advierten e incluso te amenazan y la mejor forma es no rendirse. Por mucho que nos arrinconen, si estamos convencidos de ello el chantaje saldrá por la puerta de atrás. Ya no estamos para moviditas ni para juegos de tronos. La verdad está por encima de todo. Hace unos días hablé del «Caballo de Troya» y no me refería a la serie, sino al verdadero. Dejemos que el tiempo dé la razón a quien verdaderamente la tiene y un poco más de humildad para saber cuando hay que marcharse y dejar paso a otros.





















La vida es un proceso de retos y de respuestas. Nuestra inteligencia adviene con la sensibilidad y la observación de dicho proceso. Escuchar es una de las actividades más difíciles que existen. Oímos pero no escuchamos nada de lo que acontece a nuestros alrededor. Se nos escapan sensaciones únicas porque existe en nuestras vidas un presente activo, no hay pasado y lo que se escapa se pierde. Y es ahí donde la creación nos enseña, en su final, la continuidad de la misma. Como el agua que brota de la piedra y luego vuelve a deshacerse sobre ella creando la profunda sintonía de la permanencia. La maravilla del hombre es lago oculto. Todos nuestros intereses son visibles. Por tal motivo debemos emplearnos en nuestra innata ignorancia, ya que mediante ella podremos hacer nacer la sabiduría en nuestras mentes. Desde dentro de nosotros mismos, tras los muros de esa ciudad que nos envuelve están nuestras fronteras personales. Separar con nuestras manos esa agua cristalina donde podemos contemplar ese sentido de permanencia y sosiego al comprender la verdadera naturaleza de nuestros deseos.
Foto: La Razón.