NANA PARA UNA TARDE DE DICIEMBRE

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Creerse niño es la forma más bella de sentirse humano. Sin  trapos ni ataduras, sin reclamos ni recelos. Todo es cuestión de estar muy limpio por dentro y con la sonrisa puesta en tu cara. Nada es eterno y menos todavía la existencia, nuestra existencia. Creemos poseerlo todo y al final no nos servirá de nada. Llegó el momento de entonar una nana a esa puesta de sol que nos deslumbra. Bajo las nubes, con un frío  mar vestido de gris sobre su cuna y con el abrazo caliente de la costa que le mece. Quizás algún licenciado diría que no es para tanto o que las ha visto mejores. Contradiciendo sus palabras sé que ésta es mía y que jamás habrá otra igual. Lo que sí que es cierto siempre  parecerá maravillosa cada vez que la veamos. Porque  en la infancia la mejor de las sonrisas es aquella que nos refleja la infinitud del cielo.

LEJANOS HORIZONTES

 

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No tan lejanos se encuentran los días del verano. Hoy desde la natural decadencia de las tardes los resquicios de luz vuelven hasta nosotros. En la sinuosa pasarela que abraza el peñón de la Playa de Almáciga nos adentramos hacia un mar azul que nos conduce hacia esos lejanos horizontes, al confín de los mares. Miramos y nos recreamos de tanta sal, de tanto sol, de tanta grandeza indescifrable. Un lienzo que se nos descubre allá, don el Macizo de Anaga se hace mar y montaña, hombres y redes, pastores y jornaleros. Nada es más posible que esa verdad de encontrarse en los confines del mundo y en casa también.

UN TIEMPO EN EL CORAZÓN

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El tiempo, esa magnitud física con la que medimos la duración o separación de los acontecimientos de nuestra vida. Como un fiscal o como un juez el tiempo trata siempre de poner las cosas en su sitio, por muy equivocados que estemos y muy desorientados que nos encontremos. Es la herramienta con la cual nos hacemos, crecemos, creamos y morimos. Si no hubiera tiempo no habría vida, ya que ésta es el ingrediente para que éste sea, ocurra o suceda. Atados al hilo de una cometa nuestro tiempo transcurre en la brevedad de las horas, los minutos y los segundos. Es irreversible el trazado de nuestro tiempo y lo que hoy vivimos, mañana ya será historia, la historia de nuestra vida, permaneciendo así  sin volver la mirada atrás. Otro tiempo acontecerá frente a nosotros, ese futuro que tal vez mañana ya se nos queda obsoleto pero que desde las alturas el hilo de la cometa de nuestra existencia arrastrará de nosotros configurando el tejido más perfecto; un tiempo en nuestro corazón.

ANOCHE

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AYER decíamos adiós al mes de noviembre. Un mes en gris donde el sol hizo su presencia a escondidas. Al declinar la tarde vi como la bahía de Santa Cruz se quedó en calma y una pícara luna de invierno ajustaba su vestido sobre el calmado mar. Anoche pasé a la última hoja del almanaque y me recreé  viendo unos de los emblemáticos patios que conforman el Palacio sevillano de «Casa de Pilatos» dentro del barrio de Santa Cruz. Días de estío que descansan en el cesto de mis recuerdos.  Décimo mes del calendario romano y el doceavo de un año que concluye entre sobresaltos, esperanzas y zozobras.  Y fue esa misma luna la que llamó mi atención al atardecer, esa,  la de cara casi redonda la que me animo a mirar ese lienzo inmensurable al que todos podemos acceder y que no tantos saben apreciar. Desde allí, desde ese mirador, me di cuenta de la pequeñez del mundo, de las ideas, de los valores preestablecidos y de las causas injustificadas de tantas cosas que parecen importantes y que en realidad no tienen más relevancia que las cosas pasajeras. Y eso fue anoche, cuando aquella luna de un casi diciembre se asomaba sobre la bahía en calma de Santa Cruz.

JAUJA

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Soñar es bueno y más aún diría yo necesario, solo que hay que ser conscientes de cuando y de como soñamos. Porque esa imaginaria forma de ver no se produce solo cuando dormimos. A veces estamos muy despiertos y en un lapsus podemos cometer un destrozo. La sociedad ha crecido, ha madurado y muchos de esos mensajes alentadores ya no cuelan. «Jauja» es ese lugar o situación imaginarios donde reina la prosperidad y la abundancia. Estamos a unas horas de entrar en el mes de diciembre. Un mes decisivo para nuestro futuro más inmediato y todavía hay quienes piensan   que lo que prometieron se ha conseguido. Mientras existan colas para acceder a un trabajo, mientras haya en  los comedores y albergues sociales  el cartel de no hay más plazas, si encontramos a paisanos  haciendo la maleta para buscar un futuro mejor, ese reino de Jauja se desvirtúa del paisaje nacional y de todo intento por seguir luchando. Los acontecimientos se ciñen a una realidad palpable en la que muchas palabras sobran y demasiados hechos hacen falta para elevar la conciencia y la confianza en unas políticas lentas, vacuas y carentes de peso. ¿Por qué ahora todos regalan argumentos, soluciones, imágenes encantadoras? El momento uno es el que dará paso al momento dos en una legislatura razonable, noble  y transparente donde los días se cuenten como hechos  y los resultados como futuro esperanzador. El atleta entrena todos a diario  para obtener una victoria y no se revienta en vísperas de una competición. Todo tiene un tiempo para realizarse y por muchos puntos que se adelante de forma acelerada dejarán al jersey lleno de agujeros notables. Limpiar la podredumbre que habita en nuestro entorno es la primera medida de higiene para un proyecto saludable. ¿De qué nos sirve barrer un poco si al final terminamos todos ensuciados de lo mismo? Jauja existe señores, solo que no la hemos encontrado. A pesar de los ordenadores y de los drones. A pesar de inventarla en todos nuestros mensajes no aparece por ningún sitio. Tal vez sea porque no somos lo suficientemente niños para pensar en verdades ser  y conscientes de  esas verdades que están frente a nosotros.

NADA COMÚN

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NADA común se me antoja al contemplar esa mirada curiosa. Me recelas y me encariñas con tus antojos, con tus insinuaciones. Más allá de todo contratiempo, de toda tristeza, te encuentro a ti que sabes muy bien lo que pasa. Sin saberlo, sin hacer ruido siempre  aciertas donde debes colocarte. Pavarotti canta desde su jaula mientras que tu deambulas feliz junto a mis pies. ¡Qué lejos están esos seres que presumen de poseer la verdad mientras su rostros se acartonan almacenando odio y soledad! La naturaleza de las cosas es eso, «natural»  y como es de esa manera lo postizo siempre sobra. Mochilas cargadas de trapos y de recuerdos que te hacen ir cada vez más despacio y  tú sigues creyéndote el  único, el universal. No hay nada mejor que tu compañía, mi gata, mi Princesa Negra, que llegaste un día a ese lugar que era tuyo porque  jamás te habías ido de aquí. Las razón no la encontramos en ninguna parte, pero sé que existe, igual que todas las cosas limpias y transparentes donde los desagravios y las humillaciones no pueden tener cabida. Ya nada común se me antoja al verte, al tenerte junto a mí cada mañana valorando la cálida sencillez de tu incondicional cariño.

LIBERTAD

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«El hombre nace libre pero en todas partes está encadenado» Rousseau. Esa capacidad de la conciencia para obrar, pensar, ser según nuestra propia voluntad es lo que nos hace libres. Pero podemos ser libres de muchas cosas o no serlo de ninguna. Muchas de las libertades de este mundo, más concretamente de éste siglo están siendo mancilladas por muchas de las connotaciones sociales, culturales, políticas. Esa libre determinación que toda persona tiene desde el mismo instante en que viene al mundo, junto con la individualidad o autonomía, se ven reflejadas en las consecuencias que  imperan sobre el mundo actual. Hemos pasado etapas de falta de libertad por culpa del hombre contra el hombre, pero aún hoy existen ramificaciones de las mismas que nos hacen creer que no hemos avanzado demasiado. Mirar a ese horizonte sin fronteras, sin condiciones, sin escrúpulos y sin rencores es como hacerse a la mar en un velero dejando que el viento le dirija. Quizás estemos intentado crear un sueño atemporal en estos momentos, pero si los veleros existen, el mar nos abre el camino, la brisa nos cuestiona hacia donde debemos viajar, tenemos el problema a medio solucionar. Creamos en nosotros mismos porque así será el timón que sujete  a un orden las velas de nuestra libertad.

PREÁMBULO

 

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Aparece el «Gigante» como un niño juguetón entre los pinos de la corona forestal del Parque Nacional del Teide. A lo lejos quedan días de un otoño que se desvanece como el sol en el ocaso, pero todavía el cielo se confunde con esa inmensidad inocente de las mañanas de sol. No hay lugar para esconderse porque desde su cima actúa como un calidoscopio frente al mundo y a través de las galaxias. ¡Qué insignificantes somos ante tanta grandeza! Paseos en el monte que nos inician hacia esos senderos a punto de descubrir que ya nos describen horizontes nuevos. Frente a un invierno que prepara su maleta para sorprendernos, las tardes se cierran en sobres de sueños y las mañanas revientan en júbilo cuando vivimos los últimos días de Noviembre que se cansa sobre las nubes y recuesta sus pesados brazos junto a las hogueras. El vino bulle ya en las bodegas a punto del descorche y las castañas se tuestan en hornos improvisados frente a plazas y calles. Las bufandas salen abrazadas a nuestros cuellos y las risas emergen como la luna preparando la llegada de otro invierno.

Alfombras de esperazanza

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La vida tiene que ser una alfombra verde esperanza./HANAH VALENTÍN

Verde. Vida. Tal vez esas palabras las encontremos manoseadas y muy pronunciadas en el vocabulario pero detrás de ellas se encuentra ese «Todo» al que en muchas ocasiones no damos la importancia que realmente tiene. Los acontecimientos que se cruzan en las autopistas de nuestra vida actual nos hacer buscar ese motivo por el cual encontrar las alfombras de esperanza que tanto necesitamos. Hoy ya nada ocurre porque sí, salvo lo trascendental, porque el ser humano no  puede ni jamás podrá establecer, reinventar o suscribir  el terror como una hazaña. Frente a las convulsas mentes corrompidas de aquellos que se erigen como reyes y que no conocen ni tan siquiera el porqué de sus acciones. Pobres monstruos de la idolatría donde lo banal de su existencia queda reducido a un amasijo de trozos humanos. Que queda  en nosotros, el desprecio porque lo demás se escapa de todo razonamiento. Dejar a la fiera con su fiereza y no provocarla jamás. En los laberintos de nuestra mente subyace la esencia racional de las cosas, de nuestros actos, de nuestros sueños. Tal vez sea por eso por lo que no hay razón ni plegaria para intentar callar el rugido de esa amenaza con su misma pócima. Lejos deben estar  las acciones que con la violencia intenten aplacar al violento. Lo demás es mesura y capacidad para no dejar que condicione   nuestra vida lo que aquellos pretenden que influya para cambiarnos. Verde. Vida, colores que ya cubren un sentido; buscar que esas alfombras de esperanza se desplieguen por el mundo con igual intensidad.

OBRAS SON AMORES…..

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La naturaleza es nuestra razón de vida.

Obras son amores y no buenas razones, hablar mucho y hacer poco es algo habitual. Nos vanagloriamos de saber hacerlo todo y no es cierto. Siempre acaba por aparecer un minúsculo contratiempo que nos hace caer con todo el equipo. Pero si nos centrásemos más en ese equilibrio de las proporciones entre las distintas partes de un todo, su resultado siempre connotaría belleza. Armonía, palabra derivada del griego que significa «acuerdo» tendríamos un lienzo de posibilidades de errar lo menos posible. Encontrar el punto idóneo entre lo que hacemos y lo que realmente es. ¡Cuántas veces hemos querido emular grandes victoria y al final nos hemos visto derrotados en la primera! Hacer balance de nuestras posibilidades nos allana el camino hacia ese punto al que queremos llegar. Unas veces nos costará más, pero ahí también radica el placer del esfuerzo. No todos somos capaces de sopesar ambas partes de la balanza. Nos empeñamos en cosas inalcanzables y a la larga terminamos por aburrirnos en el intento. Seamos más flexibles, más sinceros con nosotros mismos. Creemos una industria en armonía con la vida, el entorno, la naturaleza. Un ecosistema basado en la armonía entre comunidades y entre colores.

Puentes hacia la mar

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Arco Iris sobre el puerto de Santa Cruz de Tenerife./HANAH VALENTÍN

La tarde trazó un capricho puente hacia el mar. Mientras los grandes cruceros reposan plácidamente en la dársena el arcoíris trenzó sus colores conformando un puente hacia el mar. Envolviendo la tarde ese blando suspiro de la añoranza de día lejanos y viajes de ensueño comencé a establecer un diálogo con mi propia presencia en aquel rincón de mi isla que, por circunstancias ajenas a este relato me llevaron hasta allí. ¡Qué lejos y a la vez que cerca estamos de aquello que ya pasó! El recuerdo es como la almohada de los sueños donde descansan las sensaciones, los estímulos, las experiencias y desde las cuales trazamos nuestros propios puentes hacia la inmensidad del mundo, de los mares, de las nubes. Desde ahí todo es inmenso frente a nuestros ojos pero si nos sumergimos en la esencia de todo lo que nos sucede a cada instante podemos darnos cuenta de que ese todo magnifico e impresionante podría caber en el cuenco de nuestras manos. Solo es cuestión de ver y de soñar.

Nada que objetar

DSC01024Diríase que se ha ido perdiendo la dignidad y el respeto hacia las personas. Más bien diría yo que nos estamos desordenando en un mundo desordenado en sí. Leemos y no damos crédito a lo que escuchamos pero tampoco se nos ve muy pronta voluntad para actuar. Como si se tratara de una comedia a cámara lenta donde los minutos cuentas y   las no decisiones a tiempo producen desgarros insalvables. Todo hace presagiar que el hombre u «homo sapiens» no es tan «sapiens» como creíamos.

La cascada de turbulencias a la que está sometida la vieja Europa le está haciendo perder su color a pasos gigantes y mientras solo seamos meros espectadores de la obra teatral que se representa, el patio de butacas, palcos y anfiteatros irán quedándose vacíos. Dejamos paso a otras culturas, a otros pensamientos, a otras secuencias de un mundo en el que todos estamos inmersos pero que solo a unos les ha tocado la peor parte. Sigue leyendo →

Consenso

DSC_0073Definimos consenso como acuerdo entre dos o más personas sobre un tema o situación. Una falta de consenso expresa disenso. No implica un consentimiento por parte de todos sino una aceptación en la forma de dirigir la solución. Pero fabricar un consenso es un error ya que solo los hombres de élite se erigen como los responsables y no deberían de tomar ellos solos las decisiones que incumben  a la población en general. Según Walter Lippeman, «una revolución está teniendo lugar infinitamente más importante que cualquier cambio económico. Bajo el impacto de la propaganda, no necesariamente en el siniestro significado de la palabra, las viejas constantes de nuestros pensamientos se han convertido en variables». Durante el siglo XX la expresión consenso llegó a convertirse en un lema del sistema político español. Satisfacer las necesidades de todos. Todo método de consenso es deseable cuando es improbable forzar el cumplimiento de la decisión. Una democracia deliberativa refleja esa toda de decisión sincera de cada persona que subyace a toda buena toma de decisión por consenso. Hasta los «ents», esos viejos y sabios árboles vivientes de la novela «El señor de los Anillos», empleaban días discutiendo para la toma de decisiones como era enfrentar a cualquier contienda. Toda decisión a tiempo es importante. Aunque sea equivocada, ya que pude ser mejor que una tomada a la larga. Alinear urgencia e importancia. Porque la meta de un buen consenso es la unidad y no la unanimidad.

Espejos

DSC00747El agua de las fuentes emana en esa constante  fluidez que  se asemeja a los espejos. Cristalina a la vez que voraz arrastra las imágenes que en ella se reflejan. Desde su borde yo me pregunto ¿cómo hemos cambiado a lo largo de todos estos años? Que lejos ha quedado el abanico de ilusiones escrita con la rúbrica de una estrella. Un panorama que nos evoca ciclos pasados e incertidumbres impuestas por la cerrazón de los sentidos. Ya nada sabe igual y el color del poder y de la ambición se apodera hasta de aquello más íntimo que puede poseer el ser humano, los sentimientos. Cuando la capa negra de la ofuscación nos envuelve tratamos de mostrarnos diferente a como somos pero no lo conseguimos. La efervescencia de nuestras reacciones más cotidianas puede llegar a fragmentar un todo y a diluir esas imágenes trazadas en la superficie del espejo de la fuente. Pasar toda una vida intentando hacer lo que debería y no haciendo lo que se debe aprendemos a valorar lo que tenemos y no lo que perdimos.

Horizonte

DSC00606No podemos vivir para nosotros mismos. Miles de fibras nos conectan con otros semejantes y en esas fibras, como hilas ruinas son a menudo las que abren las ventanas para ver el cielo. los compasivos, nuestras acciones generan causas y regresan a nosotros como efectos. Las ruinas son a menudo las que abren las ventanas para ver el cielo ya que la vida sin sentido es como una muerte prematura. Cada día descubrir lados oscuros en nuestra convivencia con los demás pero no por eso debemos de dejar de asomarnos a contemplar el paisaje que se extiende frente a nosotros. Siempre encontraremos una pincela de luz en medio de la desolación. Atravesar fronteras es hacerse a sí mismo cada día y por mucho que se interponga en nuestra búsqueda al fina hallamos lo que buscamos. Hacer oídos sordos y mirar hacia otro lado no nos dará más fortaleza, solamente que irá pudriendo nuestro interior donde al final no seremos reconocidos ni por nosotros mismos. Horizontes abiertos a todos porque cada uno de nosotros tenemos por derecho el nuestro y nadie ni nada nos lo puede arrebatar. El aislamiento no hará que se nos destruya, todo lo contrario. Donde exista una ventana a la luz siempre se gozará de esa compañía que emerge de la conexión con otros y nuestro afán de llegar donde ese horizonte nos indique. No hay necesidad de templos, no hay necesidad de filosofías complicadas. Nuestro propio cerebro es nuestro templo.

Noche de blanco satén

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Brilla la luna.

El blanco invierno se ruboriza en las montañas. Aún es temprano para deslizar su cabellera sobre los cauces de los ríos y los tejados de pizarra de las casas. Entrar en el bucle de escarcha de las nubes o sincronizar las sintonías de la lluvia al caer. Todo bajo la mirada atenta de la luna en medio de ese lienzo de satén sobre el cual duermen las estrellas. Noches blancas y mañanas aún soleadas en  de  un otoño que se escurre por las grietas de los troncos de los árboles y sucumbe ante la mirada ocre de unos campos casi aletargados. A lo lejos se escucha el cascabeleo de algún rebaño y en los bordes de los caminos se desmayan las florecillas con la escarcha de los amaneceres. Todo es creación. Y la luna se complace en mostrarse con su mejor textura para fijar esos instantes en el tiempo que irán marcando los ciclos de nuestra vida.

La hora de los valientes

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                                                                                                                                                                          HANAH VALENTÍN

Ahora es el momento  de pensar en lo que tienes. Piensa en lo que puedes hacer con lo que hay. En la barca del mundo siempre debe haber un capitán que la lleve a buen puerto. No hacer oídos sordos intentando mantener su postura sabiendo que necesita del apoyo de todos para que la embarcación no se hunda. Es el momento de las decisiones pensadas y no re-pensadas porque si dilatamos demasiado el instante este se desvirtúa. No hay nada peor para un capitán que dejarse llevar por la soberbia ya que aquellos que pueden ayudarle solo intentarán hacerse con el mando de un timón que  nos les lleva  a ninguna parte. Si tratamos a los hombres solamente por lo que son los hacemos peores. Tratándoles como si fuesen lo que deberían ser, podemos hacer de ellos lo que pueden llegar a ser. Todos somos hijos de nuestro pasado pero no esclavos de nuestro porvenir y ese pasado nos influye de manera importante, pero no nos determina. Se humilde pues la peor cosa de este mundo está hecha del mismo material que tú. Y confía en los demás aunque te parezcan distintos por su forma de pensar,  pues las estrellas están hechas también del mismo material que tú. Ahora hay una humanidad que tiene derecho a vivir del despilfarro y otra de tercera clase que tiene el deber de morirse de hambre y  vivir huyendo de la barbarie de la guerra. No busques aliados en esta batalla sino fuerzas en ti mismo. Si los hombres de hoy no podemos conseguir que la historia tenga sentido, pueden al menos actuar de tal forma que la propia historia individual de cada uno la tenga.

La esquina de la verdad

Acoso» es el   deseo obsesivo de infligir daño a otra persona o de  perseguirla con insistencia para controlarla o, simplemente, para venderle un producto, entre otras cosas. Tortura metódica y sistemática en la que el agresor sume a la víctima, a menudo con el silencio, a la indiferencia y con  la complicidad con otros compañeros. Tratan de cebarse en los más vulnerables.

«Un sistema escolar que no tenga a los padres como el cimiento básico es igual a una cubeta con un agujero en el fondo» , siempre sucederán casos similares que terminan muchas veces en un desenlace irreversible.

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La lucha del hombre contra el hombre es la lucha de la memoria contra el olvido. No luchemos contra lo que es justo para conseguir el elogio de los demás porque siempre terminaremos en la mísera existencia de los cobardes. Cuando nos enteramos de un nuevo acoso nos refugiamos en ese principio de negación en el que se pretende eludir la responsabilidad institucional haciendo recaer toda la culpa en el entorno familiar de la víctima. La balanza debe estar equilibrada por ambas partes ya que no solo son los padres por no haberse percatado a tiempo del problema,  sino que la misma administración no ve causa suficiente para tomar medidas cautelares antes de que se desencadenen los acontecimientos. Más vigilancia y observación a los alumnos. No se puede salir a golpe de pito de las escuelas cuando el horario ha terminado. Debe existir una complicidad con los alumnos y no solamente intentar cumplir con un programa educativo ya que la formación humana está incluida en ella. La vocación  como instructor de seres humanos irradia miles de conexiones para que esta funcione correctamente; si alguna falla el motor se ahoga. Pero el pilar fundamental está en la familia que tiene la responsabilidad de combatirlo. Involucrar el respeto hacia los demás es una tarea prioritaria en la formación de los hijos. Enseñar empatía para que sepan ponerse en el lugar de los demás. Mantener una proximidad hacia ellos y procurarles una confianza en ellos a la hora de abrir sus emociones,  sentimientos y miedos.

N de narices

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Olfateando el suelo.

Ya nos cuesta creer todos esos conceptos y palabras reinventadas y manoseadas para convencernos de una realidad que ya no existe. Nada se escapa al ojo del hombre y menos aún cuando las necesidades acucian y las ilusiones se deshacen. Lejos de la realidad no hay nada porque el futuro es hoy y la realidad que intentan vendernos es otra muy diferente. De que nos sirven las tiritas para remendar el tremendo agujero. Narices y muchas otras cosas habrían de adquirirse si lo que realmente deseamos es hacer las cosas bien para todos.  Bajar del entresuelo a la dura calle es difícil cuando se ha conseguido un nivel de comodidad envidioso. Meter la cabeza bajo el agua o bajo el ala no solucionan los hechos mal construidos sino que los agranda mucho más. No es el momento de convencer sino de esperar que dirán de nosotros. Las palabras cuentan, los papeles describen, las faltas salen a la luz mientras los líderes se secan y la utopías se pudren. No busquemos más donde todo está rascado. Donde no existen razones para creerse lo que ya no es. Dicen que el tiempo lo cura todo, esperemos que sea así. El cambio continúa y las nuevas ideas fluyen. Las cabras deben vivir en libertad y felices, cometiendo sus propios errores y aprendiendo de ellos. Pero hay que tener narices para todo esto y decir «no puedo más» y no desgastar esa línea de continuidad que hace emerger a una nación por el simple hecho de proclamarnos «quijotes».