
Creerse niño es la forma más bella de sentirse humano. Sin trapos ni ataduras, sin reclamos ni recelos. Todo es cuestión de estar muy limpio por dentro y con la sonrisa puesta en tu cara. Nada es eterno y menos todavía la existencia, nuestra existencia. Creemos poseerlo todo y al final no nos servirá de nada. Llegó el momento de entonar una nana a esa puesta de sol que nos deslumbra. Bajo las nubes, con un frío mar vestido de gris sobre su cuna y con el abrazo caliente de la costa que le mece. Quizás algún licenciado diría que no es para tanto o que las ha visto mejores. Contradiciendo sus palabras sé que ésta es mía y que jamás habrá otra igual. Lo que sí que es cierto siempre parecerá maravillosa cada vez que la veamos. Porque en la infancia la mejor de las sonrisas es aquella que nos refleja la infinitud del cielo.










Diríase que se ha ido perdiendo la dignidad y el respeto hacia las personas. Más bien diría yo que nos estamos desordenando en un mundo desordenado en sí. Leemos y no damos crédito a lo que escuchamos pero tampoco se nos ve muy pronta voluntad para actuar. Como si se tratara de una comedia a cámara lenta donde los minutos cuentas y las no decisiones a tiempo producen desgarros insalvables. Todo hace presagiar que el hombre u «homo sapiens» no es tan «sapiens» como creíamos.
Definimos consenso como acuerdo entre dos o más personas sobre un tema o situación. Una falta de consenso expresa disenso. No implica un consentimiento por parte de todos sino una aceptación en la forma de dirigir la solución. Pero fabricar un consenso es un error ya que solo los hombres de élite se erigen como los responsables y no deberían de tomar ellos solos las decisiones que incumben a la población en general. Según Walter Lippeman, «una revolución está teniendo lugar infinitamente más importante que cualquier cambio económico. Bajo el impacto de la propaganda, no necesariamente en el siniestro significado de la palabra, las viejas constantes de nuestros pensamientos se han convertido en variables». Durante el siglo XX la expresión consenso llegó a convertirse en un lema del sistema político español. Satisfacer las necesidades de todos. Todo método de consenso es deseable cuando es improbable forzar el cumplimiento de la decisión. Una democracia deliberativa refleja esa toda de decisión sincera de cada persona que subyace a toda buena toma de decisión por consenso. Hasta los «ents», esos viejos y sabios árboles vivientes de la novela «El señor de los Anillos», empleaban días discutiendo para la toma de decisiones como era enfrentar a cualquier contienda. Toda decisión a tiempo es importante. Aunque sea equivocada, ya que pude ser mejor que una tomada a la larga. Alinear urgencia e importancia. Porque la meta de un buen consenso es la unidad y no la unanimidad.




