
Muchos suelen decir que la vida es como una caja de bombones, nunca sabes cual te va a tocar y es muy cierto. Dentro de ella se encuentran todas las cartas que deberán condicionar nuestro destino pero la mayoría de las veces no sabemos muy bien jugarlas. Esperamos siempre a que se nos aparezca ese «genio» para que nos ayude a decidir sin pararnos a pensar que somos nosotros los que tenemos que hacerlo solitos. Todo influye y todo condiciona pero la mente humana es capaz de delimitar uno y otro bando solo que somos un poco perezosos y muchas veces hasta contradictorios para hacernos valer mucho más de lo que en realidad somos. Pero somos únicos e irrepetibles y eso no nos convence por lo que siempre estamos tratando de hacer zancadillas al destino y éste nos muestra su lado más rígido y conductual. Hagámonos a la idea de una vez por todas de que el destino lo hacemos cada uno de nosotros, sin genios ni abalorios que nos confundan. Sin distraernos de lo que realmente somos y siendo siempre lo que lo demás reciben de nosotros. A lo mejor el «genio» decide echarnos una manita, creo que no estaría nada mal.



¿Será todavía el momento de hacer efectivo este artículo de la Constitución Española?















La avispada avestruz del Parque Natural de Cabárceno en Cantabria, no necesita de apoyos para sobresalir. A su aguda vista no se le escapa ni el más pintao, porque antes de que nos enteremos ya nos ha cogido la gorra o el abanico. Astuta e independiente gusta de fisgonear por toda su parcela y si conseguimos que pose para nosotros ya podemos darnos por satisfechos. Esa altura de miras es la que la hace ser singular a la vez que temerosa.