
Estamos muy acostumbrados a lanzarnos al agua sin fijarnos si el momento de hacerlo es apropiado o no. Muchas son las banderas que ondulan en las playas de todo el litoral pero siempre tendemos a nuestra apuesta por ser más papistas que el Papa y hacernos a la mar sin comprobarlo. Las costas de nuestras islas se ven a diario por estos días del verano salpicadas de noticias trágicas que en buena medida se hubieran podido evitar. Estar de vacaciones e ir a la playa no quiere decir que siempre esa playa sea la apropiada para darse un chapuzón. El mar tiene sus movimientos y con ello sus mareas, pudiéndonos engañar considerablemente aunque nos creamos los más más valientes y los mejores preparados. Los vigilantes de la playa son gente preparada para dichos trabajos y los cuerpos «rambo» son los más vulnerables a los accidentes, ya que creen sabérselas todas. Dejémonos de tontas banalidades y observemos siempre a esa bandera que nos aconsejará cual es el mejor momento para disfrutar de la playa y del baño.


Estamos de moda. Creo que es la hora de que la sociedad asuma sus cambios. Todo evoluciona y el hombre también. Hasta ayer nos parecía que todo era una locura pero hoy los colores se ven desde otro prisma. Eso sí, no hace falta perder los modos para hacerse respetar por la sociedad. Busquemos un consenso entre la libertad y el respeto. No todos somos afines a lo mismo ni tampoco debemos imponernos a lo que no nos toca. La razón dice sí pero la educación debe decir lo que una sociedad representa. Los puentes se han desplegado y hoy más que nunca nos llama la atención como el abanico de colores de las personas vuelan sin cortapisas. Siempre habrán rezagados a aceptar el cambio que la sociedad demanda, pero todo toca y cuando llega es recomendable aceptar, respetar y sobre todo no poner barreras a la libertad, sea cual sea.

















